A poco más de un mes del inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, las repercusiones económicas comienzan a manifestarse con fuerza en América Latina. El alza sostenida en el precio del petróleo amenaza con elevar el costo de la vida a mediano plazo, obligando a naciones como Brasil a implementar medidas de contingencia. Pese a la gravedad de la situación, expertos advierten una notable ausencia de voces regionales influyentes y una parálisis en organismos como la OEA y la CELAC.

Analistas internacionales señalan que la fragmentación ideológica y el enfoque estrictamente interno de los mandatarios impiden generar un consenso frente a la crisis. Mientras países como México, Colombia y Brasil han manifestado un rechazo diplomático a la guerra, Argentina se ha alineado explícitamente con la postura de la Casa Blanca. Esta falta de cohesión refleja, según especialistas, un temor latente a posibles represalias por parte de la administración de Donald Trump y una carencia de figuras capaces de ejercer un liderazgo transnacional.

El panorama económico presenta matices, pues si bien el conflicto perjudica la estabilidad de la mayoría de las economías locales, favorece momentáneamente a los países exportadores de crudo como Venezuela, Ecuador y México. No obstante, la sostenibilidad de los subsidios estatales para frenar la inflación es limitada. Se proyecta que, de prolongarse la escalada bélica, los gobiernos de la región podrían verse arrastrados a compromisos con la política exterior estadounidense, profundizando la subordinación económica y política de la zona.