Entre un carabinero herido a bala y barricadas en la Alameda, Chile recibió a su nuevo Presidente, quien llega con una larga lista de promesas que los chilenos esperan ver cumplidas prontamente. José Antonio Kast viene a cerrar un ciclo presidencial que demostró la resiliencia del país, sus instituciones y ciudadanos.
Es cierto que hay que mirar hacia adelante y dejar atrás eso que nos causó tanto problema, pero no debemos dejar en el olvido los cuatro años de gobierno que se van. Porque detrás del fallido viaje a Temucuicui de la exministra Siches, los indultos a los presos de la revuelta, la mesa transversal de seguridad que se cae a último minuto, los dos ensayos constitucionales, la corrupción de las fundaciones, el pick de violencia y la escondida firma de documentos que autorizaban el cable chino, existen instituciones que resistieron malas prácticas, errores y desconocimiento técnico.
No hay que olvidar tampoco los debates legislativos que terminaban con integrantes del entonces oficialismo afirmando que se criminalizaba la pobreza o se validaba la autotutela para referirse al proyecto de ley sobre usurpaciones y a la Ley Nain-Retamal.
Los sesgos ideológicos fueron evidentes y no son nuevos en la historia de Chile, pero no fueron suficientes para quebrar a un país pequeño al fin del mundo que sigue siendo un ejemplo de democracia ¡Hasta el general Baquedano regresó a su lugar en Plaza Italia!
Hoy, los indicadores de seguridad mejoran, se respetan las instituciones y los procesos republicanos, pero nada de eso se lo podríamos atribuir a las autoridades salientes, porque el hecho de que se evidencie y registre menos violencia, que se hayan desarticulado células importantes del Tren de Aragua e intervenido tomas emblemáticas tiene que ver con un trabajo profesional de la institucionalidad chilena, de esa que va más allá del gobierno de turno y las diferencias políticas.
Nada de esto hay que olvidar.
Quienes dejaron La Moneda esta semana, el 2019 estaban en las calles marchando por alguna de las causas sociales que usaban para esconder el verdadero objetivo del estallido social y hoy, vuelven a esas mismas calles. Desde otros lugares seguirán empujando sus agendas.
Chile resistió a todo eso, mostró en pleno su resiliencia pero, el cambio de mando no significa que esas agendas desaparecen, sólo llegan nuevos inquilinos a La Moneda. Inquilinos que además de los desafíos evidentes no pueden olvidar estos otros retos porque, quienes salieron no lo olvidan.
Chile resistió, pero no hay que confiarse en eso pues, como dice el dicho popular, “tanto va el cántaro al agua que termina por romperse”. (El Líbero)
Pilar Lizana
