Son un espacio de anonimato que entrega un escudo protector y la valentía que a muchos les falta, y, que se ha transformado en un megáfono para llamar a manifestaciones a propósito de la primera Cuenta Pública del Presidente. Como si recordáramos la historia de Fuenteovejuna, en nombre del pueblo, llaman a “derrocar” al mandatario y a “quemar” La Moneda.

Hablan en nombre de un todo que no conocemos, nadie se hace cargo ni asume responsabilidades. No existe rendición de cuentas y esto pareciera no llamar la atención.

Una democracia saludable requiere de personas que se hagan cargo de sus críticas, que a través de ellas se transformen en un aporte que le dé robustez a esa democracia. Si no hay consecuencias, al final, se puede decir cualquier cosa y, ahí está el riesgo mayor.

Se debilita profundamente nuestra democracia y la conversación política, se fracciona la sociedad y se pierde el foco. Los panfletos llaman a una protesta “contra la reforma de los ricos”, pero ¿ese es el fondo o simplemente el medio para un objetivo político que está dispuesto a usar la violencia?

Con alusiones a octubre de 2019 alientan las movilizaciones para el 1 de junio, cubriéndolas con un manto de éxito que sirva para envalentonar a muchos. Pero, no son los llamados ni los violentos comentarios que circulan por las redes sociales, es justamente el anonimato y el hablar sin medir consecuencias.

Probablemente, muchos de los que hoy comentan en las redes sociales no lo harían si su identidad fuera conocida ni menos si sus palabras pudiesen tener alguna consecuencia. Pero, no se trata de limitar la tecnología porque, esas mismas redes sociales les permiten a muchos chilenos realizar sus emprendimientos y sacar a sus familias adelante, se trata de incorporar a la política un ámbito distinto y, a ese ámbito incorporarle la necesidad de rendir cuentas.

Quitar ese velo del anonimato a las cuentas obliga la participación ciudadana y, de a poco, va generando ciudadanos empoderados e involucrados en la construcción del Estado y el fortalecimiento de la democracia. Entonces, sólo con eso, esa protesta a llamar a “derrocar” a un Presidente se transforma en una manifestación pacífica para mostrar un punto de vista. Manifestación que es plenamente legítima en una democracia saludable, que rechaza la violencia política y que construye Estado.

Los violentos llamados a manifestarse a dos meses de asumido un gobierno no se trata de democracia ni construir Estado. Se trata de destruir. Eso es lo que debiese estar a la vista al momento de analizar las redes sociales y plataformas digitales tan utilizadas por orgánicas radicales que operan en la Macrozona Sur. El fondo del tratamiento que debiesen tener estas plataformas debe ser fortalecer la democracia y protegerla de acciones ilícitas que rompan el tejido social que la sostiene.

En un momento donde la seguridad se toma la agenda, fortalecer la democracia resulta fundamental, porque es la única manera de ubicar a nuestra identidad nacional al centro y proteger a todo eso que hace de Chile grande. (El Líbero)

Pilar Lizana