Chile se ubicó como el país más innovador de Latinoamérica y el Caribe en el Índice Mundial de Innovación 2026, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), al alcanzar el puesto 51 entre 139 economías evaluadas. El país obtuvo una puntuación general de 33,8 sobre un máximo de 100 puntos, superando a Brasil, México, Uruguay y Costa Rica, aunque el informe identificó dificultades para transformar sus capacidades científicas y tecnológicas en resultados productivos y comerciales.

El estudio, que analiza el desempeño de las economías en materia de innovación, fue encabezado por Suiza, con 66,7 puntos, seguida por Suecia, con 63,2, y Estados Unidos, con 62,3. Estos tres países ocuparon las primeras posiciones de una clasificación que considera tanto las condiciones necesarias para desarrollar innovación como los resultados concretos que generan las actividades científicas, tecnológicas y creativas.

En el ámbito latinoamericano, Chile mantuvo la primera posición regional, seguido por Brasil, que alcanzó el lugar 53 del listado mundial. Más atrás se situaron México, en el puesto 65; Uruguay, en el 66, y Costa Rica, en el 70.

El Índice Mundial de Innovación contempla dos grandes dimensiones de evaluación. La primera corresponde a los denominados insumos de innovación, que incluyen la calidad de las instituciones, el capital humano, la investigación, la infraestructura, la sofisticación de los mercados y el desarrollo empresarial.

La segunda dimensión mide los resultados de innovación, considerando la producción de conocimiento y tecnología, las patentes, las publicaciones científicas y las expresiones de creatividad vinculadas con marcas comerciales, diseños industriales, bienes y servicios creativos, además de la actividad desarrollada en plataformas digitales.

De acuerdo con el informe de la OMPI, Chile presenta condiciones relativamente favorables para promover la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Sin embargo, esas capacidades no se traducen en resultados de innovación en la misma proporción, situación que el organismo identifica como un desequilibrio estructural entre los recursos disponibles y su aprovechamiento económico.

Entre las principales dificultades señaladas aparecen las limitaciones para convertir el conocimiento generado en universidades y centros de investigación en tecnologías aplicadas, exportaciones de mayor complejidad, marcas comerciales y aumentos sostenidos de productividad.

El organismo relaciona estas diferencias con la necesidad de fortalecer los vínculos entre las instituciones dedicadas a la investigación, las empresas, los mecanismos de financiamiento y los mercados internacionales. Estas conexiones forman parte de los factores evaluados para determinar la capacidad de una economía de transformar sus conocimientos científicos en productos y servicios comercializables.

Pese a esas brechas, el estudio identificó avances en determinadas áreas del sistema chileno de innovación, especialmente en la producción científica y en el desarrollo de emprendimientos tecnológicos vinculados con investigaciones de alta complejidad.

En particular, Chile figuró entre las economías que aumentaron su producción científica y registraron un crecimiento sostenido en el número de empresas emergentes de ciencia profunda, conocidas internacionalmente como deep tech startups.

Según los antecedentes del informe, la cantidad de este tipo de emprendimientos aumentó cerca de un 40% entre 2020 y 2025, período durante el cual se observó una mayor actividad empresarial asociada al desarrollo de tecnologías basadas en conocimientos científicos especializados.

El resultado del Índice Mundial de Innovación 2026 sitúa así a Chile en el primer lugar latinoamericano de la clasificación general, con avances en investigación y emprendimiento científico, pero también con diferencias entre sus condiciones para impulsar la innovación y los resultados tecnológicos, comerciales y productivos obtenidos. (NP-ChatGPT-Emol)