Bajar la edad de responsabilidad penal es una mala idea, en tanto las cárceles chilenas sigan siendo escuelas del delito, ahora muchas de ellas con fuerte presencia del crimen organizado, y los criminales menores de edad vuelvan a la calle a los 20, 30 o 40 años endurecidos por la prisión y sin nada que perder. Es decir, más peligrosos que nunca.
Necesitamos instituciones especializadas no en castigar a adultos responsables por sus actos, sino en reeducar a menores sujetos a tutela. En simple, centros de reeducación cuyos ejes sean el trabajo, el aprendizaje y la disciplina, y que presten servicios útiles a la sociedad.
Avanzar en esta línea, así como en tomar control de nuestras cárceles y de la vida de sus reos, demanda que el público y los políticos se convenzan de que necesitamos invertir en un sistema penitenciario eficaz y poderoso. No sirve de mucho detener a los delincuentes si no podemos anular su peligrosidad. Un sistema de reclusión débil o mediocre trabaja para los criminales y no en su contra. (El Mercurio Cartas)
Pablo Ortúzar Madrid
Investigador IES
