La capa de ozono continúa mostrando señales claras de recuperación como resultado de las medidas internacionales adoptadas durante las últimas cuatro décadas para reducir las sustancias responsables de su deterioro. Sin embargo, los científicos advierten que el proceso es lento y que todavía deberán transcurrir varias décadas antes de alcanzar los niveles observados antes de que el problema adquiriera dimensiones globales.
Naciones Unidas destacó estos avances con motivo del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, que se conmemora cada 16 de septiembre. Este año la fecha coincide, además, con el décimo aniversario de la Enmienda de Kigali, adoptada en 2016 como complemento del Protocolo de Montreal y orientada a disminuir progresivamente el uso de hidrofluorocarbonos (HFC).
La cooperación internacional para proteger la capa de ozono comenzó a consolidarse con el Convenio de Viena de 1985. Dos años más tarde, el Protocolo de Montreal estableció compromisos para eliminar gradualmente la producción y utilización de sustancias que agotan el ozono, especialmente los clorofluorocarbonos (CFC), empleados ampliamente durante décadas en refrigeradores, sistemas de aire acondicionado, aerosoles, espumas y distintos procesos industriales.
La Enmienda de Kigali amplió posteriormente los esfuerzos hacia los HFC. Estos compuestos fueron utilizados como sustitutos de sustancias perjudiciales para el ozono y no provocan directamente su destrucción, pero algunos poseen un elevado potencial de calentamiento global. Su reducción vincula de manera directa la política internacional de protección del ozono con los esfuerzos para limitar el cambio climático.
Las primeras advertencias científicas surgieron durante la década de 1970, cuando el mexicano Mario Molina y el estadounidense Frank Sherwood Rowland demostraron que los CFC liberados a la atmósfera podían terminar destruyendo moléculas de ozono en la estratosfera. Sus investigaciones fueron decisivas para impulsar medidas internacionales y les valieron el Premio Nobel de Química de 1995, compartido con el neerlandés Paul Crutzen por sus investigaciones sobre la química atmosférica y el ozono.
La alarma aumentó en 1985, cuando los científicos Joe Farman, Brian Gardiner y Jonathan Shanklin, del British Antarctic Survey, publicaron evidencias de una fuerte disminución del ozono sobre la Antártica. El fenómeno pasó a ser conocido como el agujero de la capa de ozono y se desarrolla estacionalmente, principalmente durante la primavera austral.
Las evaluaciones científicas más recientes apuntan a que las restricciones internacionales están dando resultados. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que la capa protectora mantiene una trayectoria de recuperación y que el agujero antártico observado durante 2024 fue menor que en años recientes, aunque su extensión puede variar considerablemente de un año a otro debido a las condiciones meteorológicas y atmosféricas.
El investigador Alberto Redondas Marrero, del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña de la Agencia Estatal de Meteorología de España, sostuvo que existen evidencias claras de la efectividad del Protocolo de Montreal. De acuerdo con antecedentes preliminares de la evaluación científica correspondiente a 2026, se observa una recuperación del ozono en la alta estratosfera entre 2000 y 2024 en prácticamente todas las latitudes.
La recuperación, sin embargo, avanza con mucha mayor lentitud que el deterioro registrado durante el siglo pasado. Una de las principales razones es la prolongada permanencia de los CFC en la atmósfera, ya que algunos de estos compuestos pueden mantenerse durante décadas antes de desaparecer.
Las proyecciones internacionales indican que, si se mantienen las políticas actualmente vigentes, el ozono podría regresar aproximadamente a los valores de 1980 hacia 2040 en gran parte del planeta. En las regiones polares el proceso será más prolongado: sobre el Ártico se proyecta una recuperación alrededor de 2045, mientras que en la Antártica podría extenderse hasta aproximadamente 2066.
El éxito del Protocolo de Montreal es considerado uno de los principales ejemplos de cooperación ambiental internacional. Además de favorecer la recuperación de la capa que protege a los seres vivos de niveles perjudiciales de radiación ultravioleta, la eliminación de numerosas sustancias que agotan el ozono también ha contribuido a evitar un calentamiento adicional del planeta. La Enmienda de Kigali busca profundizar ese beneficio mediante la reducción gradual de los HFC utilizados principalmente en refrigeración y climatización. (NP-ChatGPT-Emol-Agencias)
