La relación entre Michelle Bachelet y Gabriel Boric, que se inició con un distante almuerzo en Tierra del Fuego en 2015, alcanzó su punto cúlmine esta semana con el anuncio formal de la postulación de la exmandataria a la Secretaría General de las Naciones Unidas. El Jefe de Estado, acompañado por los embajadores de Brasil y México, presentó la inscripción como un reconocimiento a la trayectoria global de la doctora, transformando esta jugada diplomática en su última gran apuesta política antes de dejar La Moneda. El gesto no solo busca posicionar a una figura chilena en el cargo más alto de la diplomacia mundial, sino que también actúa como un homenaje a quien fuera su principal consejera durante los últimos cuatro años.
El vínculo entre ambos líderes representa una excepción en la histórica tensión entre la ex Concertación y la generación del Frente Amplio. Según cercanos a la exgobernante, Bachelet comprendió tempranamente que el futuro del progresismo dependía de integrar a los nuevos liderazgos estudiantiles, pese a los ácidos comentarios que Boric y su entorno lanzaron contra ella en el pasado. Con el tiempo, el actual Mandatario ha intentado resarcir la dureza de sus juicios juveniles, reconociendo en Bachelet a una figura pionera en derechos sociales y protección ambiental, llegando a confesar que mantienen una comunicación semanal para abordar los desafíos del país.
Durante el actual mandato, la excomisionada de la ONU ha desempeñado un rol reservado pero influyente, instando al oficialismo a transitar desde el principismo hacia un mayor pragmatismo político. Aunque ha sido crítica con la falta de experiencia en la gestión de algunas crisis, Bachelet no ha dudado en poner su capital político a disposición del Gobierno, apoyando hitos como el plebiscito constitucional de 2022 o intentando unificar las listas oficialistas para elecciones posteriores. Esta colaboración se ha traducido en la incorporación de cuadros de confianza bacheletista en puestos clave del Ejecutivo, consolidando un puente entre la vieja y la nueva izquierda.
El anuncio de la candidatura internacional generó un rechazo inmediato en sectores de la oposición y dejó un estrecho margen de acción para el presidente electo, José Antonio Kast. No obstante, para Boric, la postulación de Bachelet refuerza la unidad de un oficialismo que ha navegado por constantes tensiones internas. Al ordenar a la Cancillería buscar nuevos apoyos internacionales, el Mandatario busca asegurar que el legado de su mentora se proyecte más allá de las fronteras nacionales, devolviendo el gesto de apertura que la expresidenta tuvo con él cuando recién asomaba en la escena política nacional. (NP-Gemini-La Tercera)

