El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió hasta 5,11%, su nivel más alto desde 2007, en medio de las preocupaciones por la inflación, el creciente endeudamiento público y las perspectivas de tasas de interés elevadas en Estados Unidos. El movimiento puede repercutir fuera de ese país y encarecer el financiamiento de gobiernos, empresas y hogares, incluido Chile.
La señal de los mercados contrastó con el optimista diagnóstico entregado esta semana por el Presidente Donald Trump ante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, donde afirmó que la economía estadounidense era “la envidia del mundo” y aseguró que al país le estaba yendo mejor que nunca.
Un día después de su intervención, la tasa del bono a 10 años aumentó 15 puntos básicos y llegó a 5,11%. Aunque un movimiento diario no determina por sí solo la situación general de una economía, la evolución de los rendimientos refleja las expectativas de los inversionistas respecto de factores como inflación, tasas de interés, crecimiento y sostenibilidad de las cuentas fiscales.
Juan Ortiz, economista del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP), identifica entre los principales problemas el deterioro fiscal estadounidense, caracterizado por déficits persistentes y un rápido crecimiento de la deuda pública, al que durante 2026 se ha sumado una mayor presión inflacionaria asociada, entre otros factores, al encarecimiento de la energía.
La inflación estadounidense registró una variación mensual de 0,4% en agosto y alcanzó 3,4% en doce meses, según las cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) citadas. La gasolina explicó más de un tercio del incremento mensual de los precios.
Con la inflación todavía por encima de la meta de 2%, la Reserva Federal elevó el 16 de septiembre su tasa de fondos federales hasta un rango de entre 3,75% y 4%. La decisión, adoptada de manera unánime, correspondió al primer aumento de tasas desde julio de 2023.
La determinación de la Fed se produjo además después de las reiteradas presiones públicas de Trump para reducir las tasas. Ortiz considera que esas intervenciones introducen un componente institucional adicional al escenario económico, debido a la importancia que tiene la autonomía del banco central estadounidense para las expectativas de los mercados.
Las tasas de interés y los precios de los bonos se mueven en direcciones opuestas. Cuando aumenta el rendimiento exigido por los inversionistas, disminuye el precio de los instrumentos que ya se encuentran en circulación, explica Carlos Smith, economista del Centro de Investigación en Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo (CIES-UDD).
Uno de los principales factores detrás del fenómeno es la situación fiscal estadounidense. Cuando un gobierno gasta más de lo que recauda debe financiar esa diferencia, entre otros mecanismos, mediante la emisión de deuda. Una mayor oferta de bonos puede presionar sus precios a la baja y, consecuentemente, elevar sus rendimientos.
La deuda pública total de Estados Unidos llegó a aproximadamente US$40,05 billones en agosto de 2026, superando por primera vez ese umbral, de acuerdo con los registros del Departamento del Tesoro citados por Emol.
A ello se suma el déficit fiscal. La Oficina de Presupuesto del Congreso estadounidense (CBO) proyecta para 2026 un déficit de alrededor de US$1,9 billones, equivalente al 5,8% del Producto Interno Bruto. La cifra supera el promedio de 3,8% del PIB registrado durante los últimos 50 años, según los antecedentes citados.
Sergio Lehmann, economista jefe de BCI, explica que un mayor déficit y una deuda pública creciente obligan al gobierno a aumentar sus necesidades de financiamiento. Bajo esas condiciones, los inversionistas pueden exigir mayores retornos para adquirir nuevos instrumentos, elevando las tasas que debe pagar el Tesoro.
El problema puede retroalimentarse: mayores necesidades de financiamiento incrementan la emisión de deuda, mientras tasas más elevadas aumentan el gasto fiscal destinado al pago de intereses, añadiendo nuevas presiones sobre las cuentas públicas.
El comportamiento del bono estadounidense a 10 años tiene repercusiones globales debido a que los títulos del Tesoro son utilizados como una referencia fundamental para la valoración de otros activos financieros. Cuando aumenta su rentabilidad, otros emisores considerados de mayor riesgo suelen necesitar ofrecer retornos superiores para atraer capital.
Este fenómeno puede trasladarse a Chile mediante diferentes canales. Uno de ellos son las tasas de interés de largo plazo y, en particular, el financiamiento hipotecario. Smith señala que los créditos a 20 o 30 años mantienen una relación con la evolución de las tasas internacionales de largo plazo, aunque su costo final también depende de factores internos.
Un segundo efecto potencial recae sobre las cuentas fiscales chilenas. Si aumentan las tasas internacionales, las nuevas emisiones o el refinanciamiento de deuda pueden resultar más costosos para el Estado. Smith advierte que este factor cobra relevancia considerando un nivel de deuda pública chilena cercano al 43% del PIB.
El tercer canal es el tipo de cambio. Un mayor rendimiento de los instrumentos estadounidenses puede aumentar el atractivo relativo de los activos denominados en dólares y favorecer flujos de capital hacia Estados Unidos.
Ortiz explica que ese movimiento puede ejercer presión depreciativa sobre otras monedas. Para Chile, un peso más débil eleva el costo en moneda nacional de las importaciones y puede trasladarse parcialmente a los precios de productos adquiridos en el exterior, incluidos combustibles, tecnología y otros bienes.
El impacto final sobre la economía chilena dependerá de cuánto tiempo permanezcan elevadas las tasas estadounidenses, de la evolución de la inflación y las cuentas fiscales de ese país y de factores locales como la política monetaria, el riesgo soberano y las expectativas económicas. El rendimiento de 5,11% constituye así una referencia relevante para los mercados, pero no determina por sí solo el comportamiento futuro de las tasas, el dólar o el crédito en Chile. (NP-ChatGPT-Emol-Reserva Federal, Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), Departamento del Tesoro y Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO).
