Bienvenida la crisis: Más allá de derechas e izquierdas

Bienvenida la crisis: Más allá de derechas e izquierdas

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La salida de Rojo Edwards del Partido Republicano (PR) o las críticas de Iván Moreira a la Unión Demócrata Independiente (UDI) son hechos que se suman a lo que podríamos llamar la “crisis de la derecha” —pese al triunfo indiscutido de aquel sector en las últimas elecciones.

Atender a esta crisis sin alarmismos ni revanchismos es clave. Porque una crisis (del gr. krinein) no indica una catástrofe, sino más bien separar y decidir; un momento para detenerse a enjuiciar, si cambiar o continuar el andar. Así vista, la crisis de la derecha ratifica que en Chile no solo existe división en la izquierda, sino también que hay “derechas”, es decir, una gama variada de comprensiones sobre la relación entre individuo y sociedad o sobre el futuro, presente y pasado del país: hay la “derecha economicista” (Herrera), la patriota, la libertaria y anticomunista, la liberal, la católica, la pinochetista y muchas más.

Esa diversidad trae invariablemente dificultades para la cohesión y la articulación política —Sloterdijk habla de la “perversa pluralidad”. En términos de efectividad para la administración técnico-política, lo mejor es actuar en bloque; que todas las “derechas”, por ejemplo, se aúnen unilateralmente #afavor o #encontra.

Pero ello no ocurrió. Y no sucedió “porque la derecha no sabe lo que quiere”, como se lee con simplismo en redes sociales, sino porque la materia es compleja. La encrucijada también ocurre en las “izquierdas”. Para estas últimas no es fácil abogar por el #encontra y rechazar la actual propuesta identitaria del PR, porque ello implica decir #afavor a la Constitución actual —una con tanto ímpetu criticada—. Solo a regañadientes las “izquierdas” pueden hacer campaña #encontra justamente porque significa defender una Carta que se gestó en dictadura. Pero además de tener que obviar la genealogía infame, significa también reconocer ahora lo que antes se negaba: que gracias a las modificaciones realizadas —minimizadas en su momento—, se augura un mejor futuro que el que se avecina de aprobarse la nueva propuesta —una escrita en democracia, pero en la que se retrocede en libertades, sobre todo para las mujeres, y fortalece la visión neoliberal de la subsidiariedad.

Más allá del debate constitucional, la crisis de las “derechas” también es valiosa porque expone un conflicto político mayor: que habitamos un país de pluralidades, con intereses e identidades específicas, que no se alinean bajo grandes relatos —ni de “izquierdas” ni de “derechas”—. A la vez, humaniza a la clase política y la demuestra capaz de desajustarse de orientaciones estratégicas que tengan por fin único conservar el poder. Discrepar con los compañeros(as) es difícil porque ya no se pone al adversario fuera, en el enemigo “comunista” o “antisocial”, sino que el desajuste ocurre desde dentro.

Tras una crisis hay cambios. Y de ahí son necesarias y bienvenidas las “volteretas”. Pues ellas encarnan la genuina crisis de la representación política contemporánea. Una que ya no se legitima en base a lógicas o ideologías partidistas, sino en la medida de que es capaz de oír y responder a las necesidades de las y los ciudadanos comunes —la mayoría desconfiada o sin militancia.

En el campo constato, por ejemplo, que el debate constitucional poco importa. Lo relevante es más concreto: la sequía que afecta a la agricultura, a los cabreros, criadores y al mundo rural en su conjunto. En el campo, la seguridad, el narcotráfico o la migración no son temas urgentes como en las urbes o zonas limítrofes; la necesidad política no es abstracta, sino material: no hay agua.

La crisis nos muestra, pues, que tal vez es cierto que la política ya no trata de “derechas” o “izquierdas”, y que los partidos políticos, para sobrevivir, deberán adaptarse a tiempos desideologizados, nihilistas y donde la urgencia política gira en torno a la sobrevivencia. Si falta el agua, la pregunta vital y política es simple: ¿es sequía, saqueo o ambas? Cualquiera sea el diagnóstico, de ello tendrá que venir un plan, una política conectada con la vida, una biopolítica renovada, libre de extremismos reactivos y capaz de responder más allá de Smith o Marx, de Lenin o Lennon (Redolés), en y más allá de la Constitución, de lo que se trata genuinamente: ¿es sequía, saqueo o ambas?

Diana Aurenque