La presidenta del Banco Central, Rosanna Costa, advirtió que la debilidad de la economía chilena podría prolongarse más de lo previsto y sostuvo que la evolución de la inflación y los riesgos externos obligan a mantener abierta la dirección de los próximos movimientos de la tasa de interés. El instituto emisor redujo a entre 0,25% y 0,75% su proyección de crecimiento para 2026 y anticipó una leve caída de la inversión durante el año.
Costa explicó que el Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre describe un escenario todavía marcado por una elevada incertidumbre internacional y local. La inflación, afirmó, se ha comportado en términos generales de acuerdo con las previsiones, pero persisten riesgos relacionados principalmente con la guerra en Irán, el precio internacional del petróleo y la posibilidad de nuevos aumentos de costos.
A esos factores se contrapone una demanda interna más débil. Esta combinación explica que el Banco Central no entregue actualmente una señal definida respecto del próximo movimiento de la Tasa de Política Monetaria (TPM), que se encuentra en 4,5%.
La presidenta del organismo señaló que una eventual modificación de la tasa dependerá de la evolución de los escenarios considerados en el IPoM. Por una parte, mayores presiones externas sobre los precios podrían requerir una política monetaria más restrictiva; por otra, una debilidad más persistente de la economía podría modificar ese balance.
Respecto del IPC de agosto, que aumentó 0,6%, Costa sostuvo que la trayectoria inflacionaria continúa en línea con lo previsto y destacó que la inflación subyacente se ha mantenido entre 3,2% y 3,4%. Añadió que las expectativas inflacionarias permanecen ancladas, aunque reconoció que un shock externo mayor podría cambiar el escenario.
La autoridad atribuyó el freno de la economía durante 2026 a una sucesión de factores. Durante el primer trimestre predominaron problemas de oferta relacionados con la producción agrícola y pesquera, la minería y dificultades operacionales en algunas faenas. Posteriormente se sumaron la guerra, el encarecimiento del petróleo y los combustibles y un mercado laboral debilitado.
Durante el segundo trimestre comenzaron a observarse, además, señales más claras de menor demanda. El consumo y la inversión perdieron dinamismo, mientras algunas empresas optaron por actuar con mayor cautela frente a la incertidumbre y determinados proyectos mineros terminaron antes de lo proyectado.
Costa destacó que esta evolución es relevante porque la desaceleración dejó de explicarse exclusivamente por problemas de oferta. La debilidad de la demanda puede presentar una mayor persistencia y constituye uno de los principales riesgos contemplados actualmente por el Banco Central.
Pese al fuerte recorte de la proyección para 2026, la presidenta del instituto emisor evitó caracterizar la situación como una recesión. Argumentó que, aunque las expectativas de crecimiento fueron reducidas significativamente, la economía mantiene perspectivas de recuperación para los próximos años.
El Banco Central proyecta que el PIB crecerá entre 2% y 3% en 2027 y entre 2,25% y 3,25% durante 2028.
MEGARREFORMA APORTARÍA 0,5 PUNTOS AL CRECIMIENTO
Uno de los factores que explicaría la recuperación es el impacto esperado de las reformas aprobadas por el Gobierno. Costa señaló que las proyecciones incorporan efectos derivados de la reducción tributaria, la reintegración del sistema y la disminución de los tiempos de tramitación de permisos.
Según los cálculos del Banco Central, estas modificaciones aportarían en promedio alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del PIB tanto en 2027 como en 2028.
Costa calificó esa magnitud como relevante para una economía cuyo crecimiento se ha situado alrededor del 2%. El instituto emisor espera además que la inversión, después de registrar una leve contracción durante 2026, aumente cerca de 8% en 2027.
La autoridad precisó, sin embargo, que existe incertidumbre sobre la magnitud y velocidad de esos efectos. Las empresas podrían responder con mayor o menor intensidad a los nuevos incentivos y los beneficios de la reducción de los tiempos de permisos no necesariamente se materializarán inmediatamente.
Respecto del crecimiento tendencial, Costa señaló que las reformas pueden favorecer la inversión y el crecimiento potencial, pero advirtió que elevar permanentemente la capacidad de expansión de la economía requiere un conjunto más amplio de medidas.
En materia de mercado de capitales, confirmó que Hacienda sostuvo reuniones con el Banco Central antes de presentar su reforma y que el proyecto también fue abordado en el Consejo de Estabilidad Financiera. El organismo entregó observaciones especialmente en aquellas materias relacionadas directamente con sus atribuciones.
Costa valoró como objetivo una mayor profundidad del mercado de capitales, debido a que puede incrementar la resiliencia de la economía, atraer inversionistas no residentes y favorecer el dinamismo económico. Aclaró, no obstante, que el Banco Central realizará una evaluación completa una vez finalizada la tramitación legislativa.
DESEMPLEO DE REFERENCIA ENTRE 8% Y 8,5%
El mercado laboral ocupa una parte importante del diagnóstico del nuevo IPoM. El Banco Central estima que, bajo las condiciones actuales, la tasa de desempleo de referencia se encuentra en un rango de entre 8% y 8,5%.
Costa explicó que este indicador no corresponde a una tasa estructural inamovible. Refleja factores que van más allá del ciclo económico y que pueden modificarse mediante cambios en las condiciones productivas y laborales.
El análisis identifica tres elementos relevantes: los mayores costos laborales acumulados por diferentes modificaciones regulatorias, la creciente automatización de determinados puestos de trabajo y el componente cíclico asociado al bajo crecimiento de la economía.
El Banco Central analizó mediante microdatos la situación de trabajadores en ocupaciones con distintos niveles de exposición a la automatización. De acuerdo con Costa, las personas empleadas en tareas más expuestas presentan una menor probabilidad de continuar ocupadas tres años después, efecto que sería algo mayor entre los trabajadores jóvenes.
Esto implica que una recuperación de la actividad debería reducir parte del desempleo asociado al ciclo económico, pero no necesariamente eliminará los factores más persistentes.
La presidenta del Banco Central sostuvo que será necesario facilitar la adaptación de los procesos productivos y de las capacidades de los trabajadores a los cambios tecnológicos. Sobre la meta del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de llevar el desempleo a 6,5% hacia el término del Gobierno, evitó pronunciarse, argumentando que las proyecciones del instituto emisor llegan solamente hasta 2028 y no consideran eventuales políticas adicionales.
Costa también abordó las declaraciones de Quiroz respecto de que no sería necesario reducir la tasa de interés para reactivar la economía. La economista recalcó la autonomía del instituto emisor y señaló que, aunque el ministro de Hacienda puede expresar su opinión durante las reuniones de política monetaria, las decisiones sobre la TPM corresponden exclusivamente al Consejo del Banco Central.
La presidenta del organismo calificó como buena la coordinación con Hacienda y señaló que ambas instituciones mantienen conversaciones sobre la evolución macroeconómica dentro de sus respectivas atribuciones.
Costa finalizará en febrero próximo su período de cinco años al frente del Banco Central, aunque continuará como consejera hasta fines de 2029. Consultada sobre una eventual continuidad en la presidencia, aseguró que el Gobierno no ha conversado con ella sobre esa posibilidad y afirmó que actualmente permanece concentrada en sus funciones.
Al evaluar su gestión, destacó que el Banco Central ha debido enfrentar un período caracterizado por sucesivos shocks internos y externos y defendió las decisiones adoptadas para conducir nuevamente la inflación hacia la meta de 3%, señalando que uno de los elementos fundamentales es preservar la credibilidad de la institución. (NP-ChatGPT-La Tercera)
