Bachelet, la incombustible

Bachelet, la incombustible

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Tal vez sea la habitualidad lo que nos impide asombrarnos cada vez que conocemos detalles de la extraordinaria carrera política de Michelle Bachelet. Y ello porque, al hacerlo, parece increíble apreciar cómo una mujer sin ningún atributo de estadista o de gran teórica política puede llegar a ser dos veces presidenta de Chile y el árbitro indiscutible de toda una coalición de la izquierda que la sigue como perrito faldero.

De hecho, tras el estado del campo de batalla después de la derrota del domingo 14 de diciembre, aun es evidente que existe una sola persona capaz de sostener unida la coalición que apoyó al gobierno de Gabriel Boric y esa persona no es otra que Michelle Bachelet.

Ella lleva más de veinte años siendo la principal líder política en Chile y ese liderazgo ni siquiera se ha hecho posible por grandes victorias, sino que, por el contrario, en sonadas derrotas.

En las dos ocasiones en que llegó a La Moneda, le entregó la banda presidencial a su oposición, y su apoyo al proyecto constitucional de la convención -que en mi fuero interno llamo “la jaula de las locas”- desnudó su carencia de mesura y su desconexión con la realidad.

Michelle Bachelet tiene 74 años y tendrá 78 cuando corresponda efectuar una nueva elección presidencial. Pero la palabra “retiro” no existe en el léxico bacheletista y se puede apreciar que Donald Trump comienza recién a gobernar Estados Unidos con 79 años y Vladimir Putin tiene cargo constitucional asegurado hasta 2035 cuando tendrá 83 años. De esa manera, es obvio que Bachelet tiene, como se dice en lenguaje popular, “cuerda para rato”.

Eso plantea la pregunta: ¿Qué va a hacer Michelle Bachelet durante el cuadrienio de José Antonio Kast?

Escenarios posibles

Yo creo que tiene tres escenarios posibles, desde el más vistoso al más recoleto:

– El primero es de tomar oficialmente la postulación a la Secretaría General de Naciones Unidas para fines del 2026.

– El segundo es tomar un rol activo en la política de la izquierda chilena para mantenerla unida y para respaldar eventualmente una nueva postulación presidencial en 2029.

– El tercero es el de encastillarse en su fundación con esporádicas declaraciones públicas, en que no se compromete nada, porque se trata de proyectar la imagen de una gran estadista que tiene un proyecto nacional “progresista”.

La postulación a la Secretaría General de la ONU solo tiene alguna posibilidad en el evento de que ella se transforme en una política del Estado chileno y sea el presidente Kast el que la lidere como tal.

Ello porque entregarle ese rol a Boric disminuye drásticamente sus posibilidades, puesto que él dedicó su gobierno a “torear” a Donald Trump que tiene poder de veto para esa elección, además de que tendrá muy fuertes contendores. En cambio, José Antonio Kast goza, en su momento cumbre, de una muy buena acogida en el campo internacional y su poder de gestión en algo de este tipo es indudablemente alto.

Además, impulsar esa candidatura es algo que tiene atractivos para el nuevo Presidente de Chile. Desde luego, porque bajaría la temperatura a las barras bravas de izquierda y crearía un dilema al interior de partidos como el Frente Amplio y el Partido Comunista.

Pero, además, tener a Bachelet de secretaria general de las Naciones Unidas es algo prestigioso para cualquier gobierno, aunque el cargo no signifique nada, como demostraré en otra reflexión para mis lectores.

Esa dignidad, muy vistosa y bien remunerada tiene todos los atractivos para colmar la ambición final de Bachelet y tiene la virtud de mantenerla fuera del tablero político chileno durante el periodo de que se trata, lo que no es algo despreciable y permitiría que la centroizquierda tuviera una chance de resucitar con un camino propio.

En cuanto a la posibilidad del rol activo en la política chilena en busca de una tercera chance presidencial, tiene la virtud de que ella puede sostener la coalición que apoyó a Boric, y esto es perfectamente aceptable para la extrema izquierda y los partidos no marxistas.

Es su líder natura, de modo que ese rol perfectamente está a su alcance. Pero dudo que tome ese camino, porque no es congruente con su metodología habitual. Se ha demostrado que ella prefiere el camino de esperar la fila de derrotados que le viene a rogar que salve la unión, levante al sector y ayude a los candidatos de izquierda con sus consejos y con su discreta preferencia.

En cuanto a la candidatura para otra aventura presidencial, esa decisión solo se tomaría cuando haya seguridad de un triunfo verdaderamente factible, ello porque Bachelet jamás arriesgará una derrota electoral directa.

El tercer escenario es el más probable si es que fracasa la candidatura a la Secretaría General de la ONU. Cae dentro de su estilo, es la más cómoda y ya fue exitosa para su segunda presidencia.

Esa es, además, la menos compromitente y la más efectiva, puesto que mantiene latente su poder de liderazgo sobre todo en un escenario sin rivales para esa rogativa.

Ciertamente que las alternativas de Bachelet deberían preocupar mucho a quienes asoman como muy lejanos o posibles alternativas a ella en la izquierda, como es el caso del propio Boric o el de Carolina Tohá o el de Jeannette Jara. En todo caso yo no tengo una bola de cristal de modo que estas incógnitas se las dejo al tiempo. (Bio Bio)

Orlando Sáenz