Audacia de Trump y decadencia de la diplomacia

Audacia de Trump y decadencia de la diplomacia

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Polémica ha desencadenado Donald Trump, quien, en minutos, logró lo que las “reglas” del derecho internacional, Naciones Unidas, los burócratas internacionales, cancillerías y líderes mundiales no han sido capaces de conseguir: llevar a la justicia al narcoterrorista Nicolás Maduro y, con bombardeos, paralizar la amenaza nuclear iraní.

Hace casi diez años que se mantiene inmóvil el proceso contra Maduro ante la Corte Penal Internacional, mientras 8 millones de venezolanos han huido de la miseria y represión del chavismo: ¿Alguien podría pensar que Maduro entregaría pacíficamente el poder después de haberse robado dos elecciones? Décadas llevan las negociaciones con Irán para asegurar el uso pacífico de su poder nuclear. Por más de 66 años permanece la dictadura cubana. Dos años, con decenas de miles de muertos, habían transcurrido en la guerra en Gaza hasta que Trump irrumpió con su plan de paz.

Trump ha removido, no ha destruido, las supuestas reglas del orden mundial, porque simplemente estas no funcionan, desde antes de sus mandatos.

Trump es tan intransitable, soberbio y narcisista que no se interesa en invocar elementos jurídicos, aunque discutibles sean, en favor de la intervención en Venezuela: Maduro era un gobernante ilegítimo, no reconocido por 52 países, en tanto Edmundo González, Presidente electo, junto a Corina Machado, solicitaban y respaldaban la intervención fundados seguramente en la protección a los horrores y en la autodeterminación del pueblo venezolano.

Tampoco el Presidente de EE.UU. es la causa de la decadencia de la diplomacia ortodoxa para solucionar las crisis globales. Trump es más bien el resultado de tal decadencia, provocada por una variedad de factores, desde la parálisis y anacronismo de organismos internacionales, la irrupción de China, y la irrelevancia de Europa, que, para ahorrarse el costo de su defensa, prefirió refugiarse, subordinarse y depender del poder militar norteamericano.

Trump ha puesto a las democracias liberales en la delicada encrucijada entre mantener la incertidumbre y el statu quo derivados del dogmatismo e inoperancia del “orden mundial”, o bien, aceptar el pragmatismo frente a graves situaciones reales como Venezuela, Gaza e Irán.

El gran desafío global es cómo contribuir a preservar con realismo los principios fundamentales del derecho internacional durante la transición hacia un nuevo orden y convivencia pacífica de entendimientos entre Europa, Rusia, China y Estados Unidos.

Es posible que Trump concluya mal su segunda presidencia por sus abusos de poder, y termine, como Richard Nixon, enjuiciado por el Congreso de su país. Sin embargo, también es posible que consiga imponer la paz en Ucrania y Gaza, y la transición democrática de Irán y Venezuela que la institucionalidad internacional ha sido incapaz de lograr. (El Mercurio)

Hernán Felipe Errázuriz