La reciente ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel sobre Irán ha sido justificada por Tel Aviv como un ataque “preventivo”, aunque analistas internacionales sugieren que se trata de una “guerra de elección”. La operación aprovecha la vulnerabilidad actual del régimen islámico, debilitado por una crisis económica severa y las secuelas de la represión interna contra manifestantes a inicios de año. Tanto Donald Trump como Benjamin Netanyahu parecen haber identificado una ventana de oportunidad política y militar para degradar definitivamente las capacidades de Teherán, a pesar de la falta de pruebas públicas sobre una amenaza nuclear inminente y la evidente disparidad de fuerzas en la región.
El conflicto se presenta como un acto político con objetivos que, aunque ambiciosos, resultan históricamente inciertos. Netanyahu busca consolidar su posición interna ante las próximas elecciones, mientras que Trump ha transitado desde la oferta de ayuda a los manifestantes hasta la ejecución de operaciones de combate masivas. No obstante, la retórica de ofrecer “libertad” al pueblo iraní choca con los precedentes de Irak y Libia, donde intervenciones similares derivaron en el colapso del Estado y guerras civiles prolongadas. Expertos advierten que, incluso si el poder aéreo lograra desestabilizar al gobierno actual, no existe una alternativa democrática organizada lista para asumir el mando en una estructura tan compleja como la iraní.
La resistencia del régimen no depende de un solo hombre, sino de un sistema sostenido por la ideología y el poder del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria (CGRI). Aunque Trump ha ofrecido inmunidad a los mandos militares que depongan las armas, la doctrina del martirio y la desconfianza histórica tras la salida de EE. UU. del acuerdo nuclear (JCPOA) hacen que la capitulación sea improbable. Para el liderazgo en Teherán, ceder ante las demandas de desmantelar su programa de misiles equivaldría a una rendición inaceptable. El estallido de esta guerra no solo profundiza la inestabilidad en Medio Oriente, sino que genera una incertidumbre global con consecuencias impredecibles para los mercados y la seguridad internacional. (NP-Gemini-BBC MUndo)
