Tras décadas de adquisiciones limitadas, las fuerzas armadas de América Latina han comenzado a poner en marcha importantes programas de modernización, priorizando la adquisición de aviones de combate, la renovación sustancial de las flotas navales y la modernización de sus vehículos blindados y piezas de artillería.

Se observa un cambio en las estrategias de seleccionar a los proveedores, ya que los países están colaborando con una gama más diversa de socios extranjeros y fomentando la participación de sus industrias nacionales. Brasil se encuentra en pleno proceso de recibir su pedido de 36 aviones de combate Saab F-39 Gripen de Suecia, en proceso de ensamblado local por la empresa brasileña EMBRAER; Colombia se unió al club de usuarios Gripen con un pedido de 17 anunciado el mes pasado, mientras que la Fuerza Aérea de Perú está muy próxima a seleccionar entre el Gripen, el F-16 de EU el Rafale de Francia para un pedido por 24 aeronaves nuevas.  Argentina, que no cuenta con los fondos para llevar a cabo un pedido de aviones nuevos recibió la semana pasada su primer lote de seis de los 24 F-16 Fighting Falcon que compró de segunda mano a Dinamarca, mientras que Chile se encuentra en medio de un proceso de modernización de su poderosa flota de 44 aviones F-16, adquirida en varios lotes a principios de siglo. Chile optó por comprar un paquete de 10 aviones F-16 nuevos en 2006, seguidos por otros 36 de segunda mano a Holanda entre 2006 y 2011. En el ámbito naval, Brasil botó a finales de noviembre su cuarto y último submarino convencional de la clase Riachuelo, construido localmente bajo licencia de Francia, y ahora se concentra en la construcción de su primer submarino de propulsión nuclear.  Argentina, Colombia, Chile y Perú están en etapa de exploración para obtener nuevos submarinos, incluyendo programas de transferencia de tecnología.

El presidente de Perú firmó la semana pasada un acuerdo marco para la adquisición de 54 tanques K2 de Sudcorea, junto a una partida de más de 140 blindados K808 que serán ensamblados en Perú, para confirmar una relación mucho más estrecha con las industrias de defensa coreanas, mediante cadenas de suministro locales y atrayendo transferencia de conocimiento. Esto representa un cambio estratégico significativo: tras un largo período de gasto moderado, las fuerzas armadas latinoamericanas están invirtiendo colectivamente en equipos de última generación para satisfacer las necesidades de defensa tradicionales, fortalecer sus alianzas geopolíticas y sus bases industriales. En México, la Armada lanzó un proyecto de construcción local de siete buques de patrulla oceánica y un modesto proyecto para la modernización de la flota aeronaval con 20 aeronaves.  Es urgente ya desde hace varios años el modernizar las capacidades de defensa aérea tradicionales, ya que la flota de interceptores F-5 adquirida en 1982 se encuentra en un estado de obsolescencia tecnológica severa, así como las piezas artillería del Ejército mexicano, sobre todo los regimientos cuyas piezas rondan entre 60 y 80 años de antigüedad. El sumarse a la tendencia regional de apuntar hacia un salto cualitativo en capacidades, junto con la ampliación de sus relaciones con los proveedores para localizar transferencia de tecnología y conocimiento, así como generar cadenas de producción locales posicionará a México, sus fuerzas armadas y su industria, en una mejor situación para encarar las amenazas del futuro a partir de 2030. (El Heraldo de México)

Íñigo Guevara Moyano

Director de la Compañía de Inteligencia Militar Janes y Profesor adjunto en el Programa de Estudios de Seguridad de la Universidad de Georgetown en Washington DC