Familiares de militares y miembros del Congreso de Estados Unidos han expresado preocupación por las condiciones que enfrentan los más de 5.000 marineros e infantes de marina a bordo del portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, cuyo prolongado despliegue vinculado a las operaciones estadounidenses en la guerra con Irán ha encendido las alertas sobre la salud mental de la tripulación.
El buque acumula cerca de nueve meses de despliegue y más de 200 días sin atracar en un puerto. De acuerdo con antecedentes entregados por autoridades estadounidenses, la nave ha permanecido más de 250 días desplegada desde que salió de su base en San Diego en noviembre pasado, alcanzando un récord moderno de permanencia consecutiva en el mar para un portaaviones.
Medios especializados como Navy Times y Stars and Stripes han informado sobre episodios relacionados con intentos de miembros de la tripulación de lanzarse por la borda. Los reportes han aumentado la preocupación entre las familias y legisladores por los efectos del agotamiento y el aislamiento prolongado.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, rechazó que los informes publicados representen adecuadamente las condiciones a bordo. Durante una visita a Panamá, aseguró que el Pentágono procura proporcionar a cada embarcación y tripulación los recursos necesarios y recordó que algunos despliegues pueden extenderse durante períodos mayores que otros.
La controversia llegó también al Congreso. El senador demócrata Richard Blumenthal, integrante del Comité de Servicios Armados del Senado, solicitó explicaciones formales a Hegseth y al secretario interino de la Marina, Hung Cao, sobre las condiciones en el portaaviones y las consecuencias de prolongar este tipo de operaciones.
Blumenthal advirtió que la duración del despliegue plantea interrogantes sobre la capacidad de la Marina para mantener de manera sostenible sus grupos de ataque de portaaviones sin perjudicar el bienestar de sus integrantes.
Entre los problemas reportados por miembros de la tripulación figuran escasez de suministros básicos, dificultades con el agua y los sistemas sanitarios, deterioro de la salud mental, inquietudes relacionadas con la seguridad en cubierta y problemas en la entrega de correspondencia y paquetes.
El senador solicitó además antecedentes sobre los indicadores utilizados por la Armada para medir la fatiga y la moral de sus efectivos. El Pentágono y la Marina tienen plazo hasta el 27 de agosto para responder las consultas formuladas por el legislador.
La preocupación también fue planteada directamente por familiares durante una reunión con autoridades de la Marina realizada en San Diego. Cerca de 200 personas participaron en el encuentro, donde algunos asistentes relataron situaciones de grave agotamiento psicológico entre sus familiares desplegados.
El vicealmirante Joseph Cahill, comandante de las Fuerzas de Superficie Navales, reconoció durante una reunión el impacto que este tipo de despliegues tiene tanto sobre los militares como sobre sus familias y en la capacidad de la institución para preservar a largo plazo la salud de sus fuerzas.
El representante demócrata Mike Levin, de California, también recogió los reclamos y afirmó que las familias denunciaron problemas como duchas con moho, fallas en los baños, períodos sin agua caliente y limitaciones en la alimentación.
Navy Times, en tanto, reportó episodios en los que miembros de la tripulación habrían intentado lanzarse desde el portaaviones. En uno de los casos, la esposa de un marinero aseguró que su marido intentó saltar después de que su permanencia en el mar fuera extendida reiteradamente. Otro tripulante habría intervenido para impedir que un compañero se arrojara por la borda.
A estos antecedentes se suma un incidente ocurrido el mes pasado, cuando un marinero cayó desde el USS Abraham Lincoln. Según información entregada a CNN por un funcionario estadounidense, el tripulante fue rápidamente rescatado y recibió atención médica. Las circunstancias de la caída no han sido esclarecidas públicamente.
El portaaviones fue redirigido hacia Medio Oriente para apoyar las operaciones estadounidenses relacionadas con el conflicto con Irán. El grupo de ataque del USS George Washington se dirige actualmente hacia la región para reemplazar al Lincoln, en un relevo que, según funcionarios estadounidenses, ya estaba programado.
Los prolongados despliegues se han convertido en un desafío para la Marina estadounidense. A comienzos de este año, el USS Gerald R. Ford también registró un período excepcionalmente extenso de operaciones, mientras distintos reportes han advertido sobre problemas de agotamiento y salida de personal en áreas como la aviación naval.
Las condiciones de trabajo en los portaaviones pueden incluir jornadas superiores a 12 horas durante períodos operativos. Investigaciones de la propia esfera naval estadounidense han relacionado además la falta y fragmentación del sueño durante los despliegues con un deterioro del estado de ánimo de los militares.
Aunque los despliegues de portaaviones suelen planificarse por períodos de seis o siete meses, normalmente incluyen escalas en puertos que permiten descansar a las tripulaciones. La excepcional permanencia en el mar del USS Abraham Lincoln ha reducido esas instancias y se encuentra ahora bajo creciente escrutinio de familiares, legisladores y autoridades militares. (NP-ChatGPT-La Tercera)
