El sociólogo y exprecandidato presidencial Alberto Mayol sostuvo que la reciente suspensión del acceso a los modelos de inteligencia artificial Fable 5 y Mythos 5, ordenada por el gobierno de Estados Unidos, representa mucho más que una medida de seguridad tecnológica y refleja una creciente disputa política por el control de las capacidades estratégicas de la inteligencia artificial.

Según plantea el académico, la decisión de impedir el acceso a ciudadanos extranjeros y la posterior suspensión global de los servicios por parte de Anthropic evidencian que la infraestructura digital continúa sujeta a fronteras nacionales y a decisiones soberanas, pese a la idea de una nube sin límites territoriales.

Mayol sostiene que el episodio debe entenderse como la convergencia de diversos factores, entre ellos una política industrial, una estrategia geopolítica, preocupaciones sobre ciberseguridad, disputas corporativas y una reafirmación del poder estatal sobre empresas tecnológicas que administran capacidades consideradas críticas.

El autor recuerda que el conflicto entre Anthropic y la administración estadounidense comenzó meses antes, cuando la empresa rechazó eliminar restricciones que impedían utilizar sus modelos en vigilancia masiva y armas autónomas. A su juicio, esa negativa abrió una controversia sobre quién tiene la autoridad final para definir los usos de una tecnología considerada estratégica.

En su análisis, Mayol afirma que el posterior lanzamiento de Fable 5 y Mythos 5 incrementó las preocupaciones del gobierno estadounidense debido a que estos sistemas representan una nueva generación de inteligencia artificial capaz de ejecutar tareas complejas, mantener procesos prolongados y sustituir crecientes espacios de decisión humana.

El sociólogo explica que la existencia de distintos niveles de acceso a una misma capacidad tecnológica convirtió las salvaguardas implementadas por Anthropic en un elemento central del debate. En ese contexto, sostiene que las dudas sobre la posibilidad de vulnerar esos mecanismos llevaron a las autoridades estadounidenses a considerar insuficientes los controles existentes.

Mayol plantea que el conflicto trasciende una simple discusión regulatoria y constituye una disputa por el control del “interruptor” de una infraestructura cognitiva global, donde el Estado busca reafirmar su soberanía sobre tecnologías que considera parte de su seguridad nacional.

El autor también advierte que la utilización de normas de control de exportaciones para restringir el acceso a modelos de inteligencia artificial demuestra que la nacionalidad comienza a adquirir un papel relevante en el funcionamiento de servicios digitales que hasta ahora se concebían como globales.

Respecto de América Latina, Mayol sostiene que la región enfrenta una creciente vulnerabilidad al depender de plataformas y modelos desarrollados en el extranjero, cuyas condiciones de acceso pueden modificarse por decisiones políticas ajenas a los usuarios o gobiernos locales.

En ese escenario, el académico propone desarrollar nuevas categorías de análisis para comprender estos procesos y sostiene que conceptos como capacidad, acceso, revocabilidad, doble uso y complejo Estado-corporación serán fundamentales para interpretar la gobernanza de la inteligencia artificial en los próximos años.

Finalmente, Mayol concluye que el caso demuestra la aparición de una nueva forma de administración de la capacidad cognitiva, donde contratos, controles de exportación, licencias, políticas de acceso y argumentos de seguridad nacional configuran un régimen que, a su juicio, transformará la relación entre Estados, empresas tecnológicas y usuarios a nivel global. (NP-ChatGPT-Bio Bio)