A menos de tres meses de iniciado el mandato del presidente José Antonio Kast, el gobierno realizó el cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia, en medio de crecientes cuestionamientos internos por problemas de coordinación política, errores comunicacionales y dificultades en materia de seguridad pública.

La salida de las ministras Trinidad Steinert y Mara Sedini fue interpretada en sectores oficialistas como una señal de reconocimiento de las dificultades que enfrentaba el diseño original de La Moneda. Desde el Ejecutivo se intentó presentar la decisión como un ajuste motivado por “sentido de urgencia”, aunque en el oficialismo admiten que existía preocupación por la instalación del gobierno.

La crisis en el Ministerio de Seguridad Pública golpeó uno de los principales ejes del programa de Kast: el combate a la delincuencia. Steinert, exfiscal conocida por su trabajo contra el Tren de Aragua en Tarapacá, enfrentó críticas por problemas de coordinación interna, conflictos en inteligencia policial y declaraciones televisivas en las que reconoció la ausencia de un plan estructurado de corto plazo.

El senador de Renovación Nacional, Andrés Longton, sostuvo que el gobierno optó por asumir costos políticos antes de que el daño aumentara, reconociendo que existían elementos que afectaban la percepción pública de la gestión.

Para reemplazar a Steinert, el Ejecutivo designó a Martín Arrau, exministro de Obras Públicas y figura cercana al núcleo republicano. El presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, defendió la decisión y llamó a respaldar los ajustes impulsados por el mandatario.

En paralelo, la gestión comunicacional del gobierno también quedó bajo cuestionamiento. Mara Sedini, periodista y exfigura televisiva, recibió críticas por un estilo confrontacional que, según dirigentes oficialistas, terminó generando conflictos innecesarios con la oposición en momentos en que la aprobación presidencial descendía en las encuestas.

Andrés Longton afirmó que existía un “déficit” en la capacidad de transmitir adecuadamente las acciones del gobierno, mientras que desde el Partido Republicano se intentó relativizar el impacto político de los cambios. La diputada Paz Charpentier incluso sostuvo que las modificaciones respondían a “buenos resultados”, declaración que generó incomodidad en sectores del oficialismo.

Como parte de la reorganización, el exministro y dirigente de la Unión Demócrata Independiente, Claudio Alvarado, asumirá simultáneamente las carteras de Interior y Secretaría General de Gobierno. Desde el Partido Republicano defendieron la decisión e incluso plantearon la posibilidad de fusionar ministerios para reducir el tamaño del aparato estatal.

Además, las carteras de Obras Públicas y Transportes quedaron bajo la conducción de Louis de Grange, en un intento por fortalecer la gestión técnica y ordenar la estructura ministerial.

El ajuste fue interpretado en sectores oficialistas como un repliegue estratégico que obligó al Presidente a recurrir a figuras de mayor experiencia política para contener las tensiones internas y reforzar la conducción gubernamental antes de la próxima Cuenta Pública del 1 de junio. (NP-ChatGPT-Andrés Cárdenas Guzmán-El Mostrador)