Hace una semana la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley “Escuelas protegidas”, iniciativa del gobierno que permite a los sostenedores implementar revisiones previas al acceso a los establecimientos e inhabilita el acceso a la gratuidad en la educación superior a los escolares que infringen gravemente las normas de convivencia. Se aprobó en general con 103 votos favorables, 43 en contra y 3 abstenciones. Con 6 diputados que se parearon o ausentaron de la votación.

Se opusieron los 11 diputados comunistas, 12 de los 17 frenteamplistas, 6 de los 11 socialistas, la diputada de Acción Humanista, una independiente PR y, por decisión de la bancada, 12 de los 14 diputados del PDG.

Le entregaron su apoyo, por supuesto, todos los diputados de partidos oficialistas, desde los 31 Republicanos a la diputada Demócrata, y toda la bancada del Partido Nacional Libertario, pero esos votos no eran suficientes para su aprobación. Si pasó al Senado a su segundo trámite es porque concurrieron a votar favorablemente un número considerable de parlamentarios opositores: los 9 diputados del PPD, los 8 DC, los 3 del Partido Liberal, los 2 Regionalistas Verdes, 2 disidentes del PDG, 2 frenteamplistas, un socialista, una radical y un independiente.

Aunque la conversación del gobierno con las diversas bancadas de centroizquierda abría expectativas de que ocurriera algo similar con el Proyecto de Ley de Reconstrucción Nacional, por diversas razones las cosas se invirtieron, y ahora es la bancada del PDG la que se constituyó en fiel de la balanza asegurándole al gobierno una amplia mayoría para aprobar la idea de legislar.

El gobierno ya tenía los votos necesarios en la Cámara, pues con dos escapados del PDG -Contreras y Olivares- y los dos diputados de la Federación Regionalista Verde Social sumaba 80, dos más que el quórum exigido para su aprobación. Sin embargo, estuvo dispuesto a concederle a Parisi y su bancada la devolución del IVA por la compra de medicamentos y pañales para lograr un triunfo más amplio en la Cámara. Porque no se trata de una iniciativa legal más, sino buena parte de su programa de gobierno es el que está incluido en esta ley miscelánea que junto a la ampliación del fondo para la reconstrucción en Ñuble y Biobío, contiene un paquete numeroso y variado de iniciativas claves para el cumplimiento de sus objetivos.

El PDG, al que todos proclamaban antes del 11 de marzo como partido bisagra, no había logrado jugar ese rol y, de hecho, luego del acuerdo del PDG con la oposición para que la diputada Jiles presidiera la Cámara, el gobierno había buscado en la centroizquierda mayorías para sus iniciativas, encontrando disposición al diálogo e independencia principalmente en las bancadas del PPD y la DC.

En parte por la proximidad de sus elecciones internas -la de la DC ya ocurrió y la del PPD es inminente-, que obligan a orientarse hacia sus barras bravas, y por actitudes gubernamentales que hacen más difícil e impopular el diálogo entre sus bases, como el retiro del patrocinio a la candidatura de Bachelet a la ONU y la persecución a diplomáticos que continuaron colaborando con su campaña, o la bullada destitución de la directora de un hospital por contratar como subdirectora médica a una doctora de gran trayectoria profesional que tiene el defecto de haber sido autoridad en gobiernos de la Concertación y en el del presidente Boric.

También por las equívocas señales comunicacionales poniendo en duda beneficios sociales muy valorados por la ciudadanía y particularmente por el electorado de centroizquierda. La posición del eje PC-FA también incide, aunque se prevé su oposición radical a todas las iniciativas programáticas del gobierno sin mayor costo de opinión pública, porque su orientación dominante es a disputar la hegemonía de ese 15 a 20% de la que es irreductiblemente opositor, mucho más que a buscar sintonizar con el sentido común mayoritario.

Pero el factor que termina por sacar a pepedés y democratacristianos de la disposición constructiva y dialogante es el endurecimiento del Partido Socialista en la Cámara, cuya bancada parece inclinada a competir con el PC y el FA en materia de dureza e inflexibilidad opositora y la hegemonía de la conducción parece en manos de quienes privilegian la alianza con esos partidos más que con sus antiguos socios en la Concertación.

En la oposición hay 25 diputados en la centroizquierda -9 PPD, 8 DC, 3 Liberales, 2 FRVS, 2 radicales y un independiente- y 29 en la izquierda PC-FA, de manera que la bancada socialista de 11 miembros desequilibra la balanza opositora. Aunque en el proyecto de ley Escuelas Protegidas la centroizquierda tuvo la fuerza y el coraje de diferenciarse del PC-FA a pesar de la posición contraria del PS, se trataba de una iniciativa de amplio respaldo ciudadano.

Ahora que se trata del proyecto más importante que seguramente llevará al Congreso el gobierno de Kast en su periodo y que tiene similares cifras de rechazo y de apoyo en la opinión pública, la Democracia Cristiana se ha mostrado vacilante y el PPD -pensando en su elección interna- se ha alineado con el rechazo a la idea de legislar.

Es evidente que el PDG en la Cámara no es el mismo de la legislatura anterior. Por el tamaño de su bancada, por supuesto. También porque no se trata, como en 2022, de 6 personas sin trayectoria pública ni liderazgos previos y con una relación distante y reciente con Parisi. Más de la mitad de los diputados PDG en esta legislatura lleva años de trabajo con Franco Parisi y han sido candidatos a alcaldes, gobernadores o parlamentarios una o más veces por el Partido de la Gente.

Cuentan, además, con la experiencia y liderazgo público de una avezada parlamentaria como Pamela Jiles, conocedora de las dinámicas y códigos de la política, de interlocución transversal y, al parecer, convencida de que para crecer tienen que incidir, no sólo dar testimonio. Vendieron caro su apoyo a la idea de legislar, aún no se sabe cuánto le costará al gobierno el respaldo a la iniciativa tributaria -rebaja del impuesto corporativo, integración e invariabilidad-.

Porque votar a favor en general tiene sólo beneficio para el PDG, pues puede presentarla como apoyo a medidas muy populares, como el fin de las contribuciones para los adultos mayores, el subsidio al empleo formal en pequeñas y medianas empresas y la exención provisoria de IVA a la vivienda, pero sobre todo, a su iniciativa de devolución del impuesto por la compra de medicamentos y pañales. Pero votar por la rebaja del impuesto corporativo tiene otro costo, al menos mientras mayoritariamente sea vista como un beneficio principalmente para las personas de más altos ingresos.

Como el gobierno ya tiene garantizada la aprobación por amplia mayoría de la idea de legislar, el costo de rechazarla ha crecido significativamente. Particularmente para la centroizquierda, porque será arrinconada junto al PC y el FA en la oposición recalcitrante, que se niega incluso a debatir, que no está dispuesta a que avance un proyecto que contiene varias iniciativas que en su propio electorado tienen respaldo mayoritario. Será fácil para el oficialismo y también para el PDG ponerlos en el campo de la intransigencia y el rechazo a cuestiones que concitan adhesión muy mayoritaria en la ciudadanía.

¿Qué hace el boxeador cuando lo tienen contra las cuerdas sino abrazarse a su adversario para evitar los golpes y neutralizar sus efectos si algunos de ellos siguen siendo posibles? Es lo que debieran hacer la DC y el PPD -también el PS- si actuaran con racionalidad, saliendo del rincón donde los dejó el acuerdo del gobierno con el PDG, compartiendo con el oficialismo el hecho de aprobar la idea de legislar y con ello amortiguando el efecto de su triunfo, para concentrarse en rechazar el corazón del proyecto de ley, que son las modificaciones tributarias, donde además goza de la ventaja que hasta ahora la gran mayoría es refractaria a la idea de rebajar 4 puntos el impuesto a las empresas y el discurso opositor de que ello beneficia más a las personas de altos ingresos que a la economía y el empleo conecta con el sentido común popular y le será difícil al gobierno contrarrestarlo.

Lo ocurrido en la Cámara de Diputados en estas 7 semanas confirma la tesis presentada en este mismo espacio antes de iniciarse el mandato del presidente Kast. La ventaja del gobierno actual respecto del precedente es que en su relación con el Congreso no dispone de un monocordio, instrumento de una sola cuerda, como el presidente Boric, que necesitaba invariablemente el concurso de Chile Vamos para aprobar sus iniciativas.

Éste, en cambio, tiene delante suyo un piano, pues puede hacer mayoría eligiendo qué tecla tocar. La hace, mínima, con los dos votos más próximos a sus ideas en el PDG, puede hacerla también con los dos diputados del FRVS, recién reconfirmada su legalidad por el Tricel, puede tocar la tecla de los 3 Liberales, o conversar institucionalmente con la bancada del PPD y/o con la de la DC, o entenderse con la dupla Parisi-Jiles, en fin, según la disposición de los distintos actores en los diferentes momentos, según el carácter de la iniciativa, su apoyo popular y sus beneficiarios.

No se equivoquen. El acuerdo con el PDG es hoy. Mañana puede ser con otro. Candidatos a fiel de la balanza son varios. Los partidos y los parlamentarios, particularmente los menos apegados a una ideología, se cansan de dar testimonio y quieren ofrecerle algún resultado a sus electores.

Por eso el gobierno y los avezados ministros a cargo de articular mayorías parlamentarias para las iniciativas gubernamentales que son Claudio Alvarado y García Ruminot, saben que han de trabajar a geometría variable, buscando distribuir incidencia y no depender permanentemente de ningún actor político, quedándose pegados en una sola tecla. (Ex Ante)

Pepe Auth