El desempeño de la economía chilena durante marzo evidenció resultados dispares, según los últimos indicadores sectoriales publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas. Mientras el comercio registró un repunte relevante, la producción industrial experimentó una contracción significativa, configurando un escenario de bajo dinamismo que encendió alertas entre analistas a la espera del próximo Imacec que dará a conocer el Banco Central de Chile.

Las proyecciones del mercado comenzaron a ajustarse ante este panorama. Diversas estimaciones coinciden en un crecimiento acotado e incluso negativo, reflejando una economía que aún no logra consolidar una recuperación sostenida. Aunque el comercio creció 4,9% en doce meses, impulsado por el dinamismo del canal electrónico, este avance no logró compensar las caídas en sectores clave como minería y manufactura, que incidieron negativamente en el resultado global.

En cuanto al Imacec de marzo, las previsiones se ubican en un rango amplio. Algunas consultoras proyectan una contracción cercana al 0,8%, mientras otras estiman una expansión moderada en torno al 1%. En tanto, proyecciones intermedias apuntan a un crecimiento de 0,5%, aunque advierten un débil desempeño en la producción de bienes. Estas diferencias reflejan la heterogeneidad sectorial y la fragilidad del escenario económico.

El comercio aparece como el principal soporte de la actividad, con avances en todos sus segmentos. Sin embargo, su impulso ha sido insuficiente frente al deterioro en minería y manufactura. Factores como la menor ley del mineral en la producción de cobre y condiciones climáticas adversas han incidido en el desempeño, junto con elementos más persistentes como el bajo dinamismo externo.

Más allá de marzo, los analistas advierten riesgos en la tendencia de mediano plazo. Se proyecta que el crecimiento anual podría ubicarse por debajo del 2%, lo que complicaría el cumplimiento de las metas económicas. Además, se identifican factores estructurales que afectan el desempeño, incluyendo impactos en el mercado laboral y mayores costos para las empresas.

A este escenario se suma la preocupación por la inflación. Algunos análisis prevén un repunte impulsado por factores energéticos, lo que podría limitar eventuales recortes en la tasa de interés. En este contexto, se anticipa que la política monetaria podría mantenerse sin cambios por un período prolongado, con riesgos incluso de alzas en caso de presiones inflacionarias persistentes.

Con estos antecedentes, el panorama económico se presenta desafiante para las metas de crecimiento del Gobierno. Aunque comercio y servicios continúan aportando, su efecto resulta limitado frente a la debilidad de la producción de bienes. El mercado ya internaliza un inicio de año débil, con implicancias que podrían extenderse si no se concreta un repunte significativo en los próximos meses. (NP-ChatGPT-Emol)