Hoy se cumplen cuatro años del plebiscito en que la ciudadanía rechazó el proyecto de Constitución elaborado por la Convención Constitucional. Aquella propuesta suscitó una amplia preocupación debido a la profundidad de los cambios que introducía en instituciones fundamentales de nuestra tradición constitucional, especialmente en materias relativas al Estado de Derecho, la separación de poderes, al modelo de Estado, la democracia representativa y los derechos y libertades fundamentales.
Las constituciones pueden ser reformadas o sustituidas. Pero el ejercicio del poder constituyente exige prudencia, respeto por la historia y coherencia con los principios esenciales del constitucionalismo. De lo contrario, se corre el riesgo de debilitar o destruir aquello que conforma la esencia de una Constitución: la protección de la dignidad humana y de los derechos y libertades fundamentales, el sometimiento del poder al Derecho y la democracia como forma de gobierno.
La propuesta de la Convención de 2022, incluso criticada hoy por algunos que ayer la aprobaron, proponía una transformación integral del orden constitucional con el fin de refundarlo mediante la alteración sustancial o la eliminación de los fundamentos institucionales de la República.
Por todo eso, más que la celebración de una victoria circunstancial, este aniversario debiera ser una ocasión para reafirmar el valor de una cultura constitucional fundada en la responsabilidad política y el respeto por el Estado constitucional y democrático de Derecho. (El Mercurio Cartas)
Mariana Aylwin; José Pablo Arellano;
Vivianne Blanlot; Fernando Bustamante;
Jorge Correa Sutil; Ricardo Escobar;
Gonzalo García Palominos; Zarko Luksic;
Gutenberg Martínez; Sergio Solís;
José Ignacio Martínez
