Al cumplirse hoy 13 años de su fallecimiento, diversos ex dirigentes demócrata cristianos recordaron la figura de Adolfo Zaldívar Larraín como un actor fundamental en la política chilena y en la historia de la Democracia Cristiana. Su ingreso a la colectividad a los 14 años marcó el inicio de una carrera que lo llevaría a liderar la juventud del partido y a convertirse en una pieza clave durante los años de la dictadura militar. Destacó como uno de los primeros abogados en presentar recursos de amparo para proteger los derechos humanos, además de ser el principal impulsor de la inscripción en los registros electorales, tesis que finalmente permitió la realización del plebiscito de 1988.
Durante su presidencia en la Democracia Cristiana, entre 2002 y 2006, Zaldívar logró revitalizar un partido en crisis, recuperando el apoyo de las bases y fortaleciendo la votación de la falange. Bajo su liderazgo se consolidó la facción conocida como “los colorines”, un grupo que buscaba dar una identidad propia al sector frente a sus aliados de coalición. Su carrera estuvo marcada por una firmeza doctrinal que lo llevó a ser precandidato presidencial en 2005, representando una visión regionalista y crítica dentro de la centroizquierda chilena, siendo derrotado en las elecciones internas de la Junta Nacional por la candidata María Soledad Alvear Valenzuela. En su campaña, los medios de prensa denominaban a su lista como la de “los colorines”, debido a su color de pelo.
Luego de mas de 50 años de militancia en la Democracia Cristiana el 27 de diciembre de 2007 el Tribunal Supremo de la colectividad decidió su expulsión por once votos contra tres. A eso se sumó el que sería borrado de sus registros debido a su forma de actuar en el Congreso frente a ciertos temas de interés para el conglomerado, especialmente por su férrea oposición al financiamiento del Transantiago, lo que fue interpretado por la directiva de la época como una deslealtad al bloque oficialista. A pesar de este quiebre, su legado permanece como el de un político que priorizó sus convicciones sobre las órdenes de partido, falleciendo un día como hoy en 2013, dejando una huella imborrable en la transición democrática.
