El análisis posterior a la operación Absolute Resolve (Determinación Absoluta) permite elaborar un bosquejo de qué sigue para Venezuela y qué significa para México y la región. La operación tuvo como único objetivo capturar a Nicolás Maduro para con ello, forzar un cambio en el comportamiento internacional del régimen bolivariano, pero no necesariamente un cambio de régimen, ya que esto habría generado inestabilidad. Desde la época de Chávez, el régimen bolivariano se preparó para resistir este tipo de operación.

Había construido una especie de «Puercoespín antiaéreo» diseñado por asesores bielorrusos, que incluía sistemas de misiles de largo alcance S-300 y de alcance medio Buk-M2E y S-125 Pechora 2M, enlazados por una red de radares rusos y chinos, denominados antifurtivos. La última línea de defensa y la más peligrosa para este tipo de incursión, la conformaban miles de misiles portátiles de corto alcance Igla-S y 400 cañones antiaéreos de 23 mm y 40 mm.  Muchos de estos medios habían sido desplegados alrededor de Caracas, para enviar un mensaje: el régimen estaba preparado para repeler un ataque. Aunque todo parece indicar que fue la supremacía tecnológica estadounidense la que logró bloquear e inhabilitar al sistema de defensa venezolano, apagándolo como si tuviera control de la corriente eléctrica, los cañones antiaéreos son de operación mecánica, por lo que no pueden ser bloqueados por emisiones electromagnéticas, y los misiles Igla-S, de los cuales se estima que Venezuela ha recibido cerca de 5 mil, están diseñados para ignorar este tipo de bloqueos. Alguien decidió no repeler la incursión. Si hubo un ataque quirúrgico que deshabilitó las comunicaciones, lo que permitió que no hubiera órdenes. Punto.

Las bajas en Caracas se estiman en 75 muertos, incluyendo 32 cubanos, personal de los ministerios del interior y de las fuerzas armadas cubanas, que formaban el anillo interior de seguridad de Maduro y fueron abatidos. El régimen bolivariano remanente es sustancial; la vicepresidente Delcy Rodríguez quedó al frente del ejecutivo, pero quienes llevan las riendas operativas del país son el ministro del interior, Diosdado Cabello, quien controla los servicios de Inteligencia, el ministro de defensa Vladimir Padrino López y seguridad, los hermanos Rodríguez, quienes controlan los poderes legislativos y judicial.

Todo parece indicar que el régimen bolivariano entregó a Maduro como ofrenda y, a cambio, se alineará discretamente con las órdenes provenientes de la Casa Blanca, pero lo más importante es que sobrevivirá y mantendrá el orden, probablemente con alguna condición para llevar a cabo eventualmente una transición ordenada hacia la democrática. La operación no tuvo como objetivo reinstalar la democracia en Venezuela o instituir al embajador Edmundo González Urrutia como presidente electo para 2025-2031, ya que eso habría traído una férrea resistencia bolivariana y se habría requerido mucho más que un portaviones. La retórica antiamericana continuará, pero las relaciones políticas, económicas y militares de Venezuela con Cuba, China, Irán y probablemente Rusia, cambiaran de una manera significativa. La operación envía un mensaje claro, esta retórica puede continuar, si es necesaria para mantener el orden, pero lo importante será una alineación tras bambalinas. (El Heraldo de México)

Íñigo Guevara