Groenlandia defiende su soberanía nacional ante amenazas de Trump

Groenlandia defiende su soberanía nacional ante amenazas de Trump

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En una muestra de unidad política sin precedentes, el Gobierno y los partidos de Groenlandia —incluida la oposición— rechazaron tajantemente las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El primer ministro, Jens Frederik Nielsen, calificó las intenciones de la Casa Blanca como una «falta de respeto» y subrayó que el destino de la isla le pertenece exclusivamente a su pueblo.

El Parlamento groenlandés (Inatsisartut) convocó a una sesión de emergencia para articular una postura unificada que salvaguarde los derechos e intereses de sus ciudadanos frente a lo que consideran interferencias externas graves. Los líderes locales insistieron en que el camino para los aliados debe ser el diálogo diplomático y el respeto a los principios internacionales, y no la coacción.

TRUMP ADVIERTE ACCIONES «POR LAS BUENAS O POR LAS MALAS»

Casi en paralelo a la declaración de la isla, Donald Trump reafirmó su intención de tomar el control del territorio autónomo perteneciente a Dinamarca. Durante un encuentro con ejecutivos petroleros en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense aseguró que su administración intervendrá en Groenlandia para evitar que Rusia o China se conviertan en «vecinos» estratégicos.

«Vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no», sentenció Trump, elevando la tensión al afirmar que buscará un acuerdo «por las buenas», pero que de lo contrario lo hará «por las malas». La justificación de Washington se basa en motivos de seguridad nacional, ante el temor de que otras potencias globales aprovechen la posición geoestratégica de la isla en el Ártico.

RAZONES GEOPOLITICAS

La administración Trump sostiene que la isla es «crucial» para la seguridad nacional de EE. UU. ante el avance militar de Rusia y China en el Ártico. «No vamos a permitir que la ocupen. Eso es lo que pasará si no lo hacemos nosotros», sentenció el jefe de Estado, quien incluso ha sugerido que podría priorizar el control del territorio por sobre la preservación de la alianza histórica en la OTAN.

Groenlandia, la isla más grande del mundo, posee una extensión que triplica al Chile continental, aunque apenas cuenta con 59.000 habitantes. Pese a que el 80% de su superficie está cubierta de hielo, el deshielo provocado por el cambio climático ha dejado al descubierto una riqueza mineral sin precedentes: reservas de litio, níquel, cobalto y tierras raras, además de un potencial de 31.400 millones de barriles de petróleo y gas aún sin explotar.

La ubicación geográfica es otro factor determinante. El aumento del 37% en el flujo de naves por las rutas marítimas del norte durante la última década ha convertido a la isla en un enclave geoestratégico. Actualmente, Dinamarca ejerce la soberanía, aunque Groenlandia goza de una amplia autonomía interna desde 2009, manteniendo su política exterior y defensa sujetas a Copenhague.

TENSIÓN DIPLOMÁTICA Y CRÍTICAS A DINAMARCA

La presión de Washington no es nueva. En marzo pasado, el vicepresidente J.D. Vance visitó la base militar de Pituffik y cuestionó abiertamente la gestión danesa. «No han hecho un buen trabajo; la isla estaría mejor bajo el paraguas de seguridad de Estados Unidos», afirmó Vance. La respuesta de Dinamarca y del primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, fue de total rechazo, calificando el tono estadounidense como una «falta de respeto».

Mientras la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advierte que una acción hostil de EE. UU. significaría el fin de la OTAN, el gobierno de Groenlandia cierra filas en torno a su autodeterminación. El conflicto se desarrolla en un territorio marcado por condiciones extremas y una de las tasas de suicidio más altas del mundo, con cifras que cuadruplican el promedio global en las zonas más aisladas. (NP-Gemini-La Tercera-Agencias)