Aunque después de cuatro años, dos meses debieran sentirse como que no falta casi nada para que termine el gobierno del Presidente Gabriel Boric, lo cierto es que, dada la compleja situación por la que atraviesa el país y la incapacidad que tiene el gobierno para escaparse de la trampa del pato cojo, los próximos dos meses se harán interminables. Si bien hay un costo evidente en sugerir que el cambio de mando se adelante para evitar que se pierdan estos dos meses, sería saludable adoptar una reforma constitucional que adelante el cambio de mando desde el 11 de marzo (tres meses después de la votación de segunda vuelta) para el 31 de enero (mes y medio después de la segunda vuelta de la elección presidencial).
Resulta poco saludable que se dejen pasar casi 90 días entre la segunda vuelta de la elección presidencial y el cambio de mando. Hasta 2009, la primera vuelta de la elección presidencial se realizaba a mediados de diciembre y la segunda vuelta se realizaba a mediados de enero. Como el proceso de certificar la elección presidencial toma casi un mes, el Tribunal Electoral declaraba el resultado oficial de la segunda vuelta a mediados de febrero. El nuevo Presidente asumía pocas semanas después, el 11 de marzo.
Pero en su primer gobierno (2010-2014), el Presidente Sebastián Piñera impulsó una reforma constitucional que adelantaba la primera vuelta para el mes de noviembre y así permitía que la segunda vuelta se realizara a mediados de diciembre. Con eso, no había necesidad de que los candidatos estuvieran en campaña para la segunda vuelta en las fiestas de fin de año. Adicionalmente, al evitar que la segunda vuelta fuera a mediados de enero —cuando mucha gente está de vacaciones— se le facilitaba la vida a las personas que quisieran votar en segunda vuelta, pero pudieran estar en vacaciones lejos de sus hogares.
Si bien la reforma de adelantar las elecciones tuvo sentido, una consecuencia no esperada de ese cambio fue que, a partir de 2013, los presidentes electos deben esperar casi 90 días para asumir el poder. En Estados Unidos, una república federal donde las elecciones deben ser certificadas primero a nivel estatal y luego a nivel nacional, la toma de posesión del nuevo presidente ocurre solo dos semanas después de que el Congreso valida y reconoce los resultados informados por el colegio electoral. En Brasil, los presidentes asumen dos meses después de celebrada la segunda vuelta. En Argentina, los presidentes asumen tres semanas después de realizada la segunda vuelta. En México, donde hasta 2018 había un periodo de casi cinco meses entre la elección presidencial y la toma de poder, ya en 2024 se implementó una reforma que redujo a cuatro meses la espera. Por cierto, en México persisten las críticas a lo inconveniente que resulta que pase tanto tiempo entre la elección presidencial y la toma de posesión del nuevo gobierno.
En Chile, resulta palmariamente evidente que hay demasiadas semanas entre la realización de la segunda vuelta y la toma de posesión del nuevo gobierno. En los tres meses que transcurren entre la elección de segunda vuelta y la toma de posesión, el gobierno saliente no tiene poder real y, en muchos casos, tampoco tiene muchas ganas de seguir administrando el país. Al contrario, las autoridades salientes parecen más preocupadas de su propio futuro laboral que de las urgentes necesidades que afligen al país.
Este año, los esfuerzos del gobierno saliente para dejar amarrados a miles de funcionarios de confianza política de esta administración en cargos que debiesen ser ocupados por personas de confianza de la administración entrante y la patente indisciplina fiscal de este gobierno hacen que la compleja situación que recibirá el próximo gobierno empeore con cada día que pase. Sabiendo que ya no tiene margen para avanzar sus iniciativas legislativas, el Presidente saliente también dedica demasiado tiempo para canalizar su frustración por sus fracasos y sus errores en declaraciones innecesarias y conflictos evitables que solo buscan polarizar a un país que mayoritariamente quiere que el gobierno se dedique a arreglar los problemas y no a generar nuevos problemas.
Los dos meses que restan para que termine el gobierno se harán demasiado largos si el Presidente Boric insiste en impulsar iniciativas legislativas y políticas públicas que vayan en la dirección opuesta a las promesas y la hoja de ruta por la que la gente mayoritariamente votó en la segunda vuelta de diciembre. Además, con un gobierno que busca atornillar a los suyos en cargos que deberían ser ocupados por personas comprometidas con las reformas que prometió el candidato ganador, estos dos meses solo servirán para dificultar la tarea del próximo gobierno. Los tres meses que dura el periodo de transición hacia el nuevo gobierno es demasiado tiempo.
Es hora de corregir ese error y adelantar, a partir de 2029, la toma de posesión del nuevo gobierno para fines de enero o comienzos de febrero. (El Líbero)
Patricio Navia



