Política del incendio: sin lugar a romanticismos-Loreto Correa

Política del incendio: sin lugar a romanticismos-Loreto Correa

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La política, especialmente en contextos de ruptura o transición, posee una gramática propia que suele ser sorda a los deseos emocionales de las mayorías. En Venezuela, la urgencia de cambio ha alimentado durante años una narrativa de «buenos contra malos» que, aunque moralmente comprensible, resulta estratégicamente estéril a la hora de analizar la fontanería real del poder. La verdad es incómoda, corta y cruda; para muchos, profundamente dolorosa: el poder real en Venezuela todavía reside en el chavismo armado, no en la oposición civil. En las transiciones duras, no se negocia con quien tiene la razón ética, sino con quien tiene la capacidad efectiva de encender o apagar el incendio.

El factor Delcy: La utilidad por sobre la simpatía Muchos se preguntan por qué figuras como Delcy Rodríguez siguen apareciendo en el tablero de las negociaciones internacionales, especialmente con Estados Unidos. La respuesta no radica en la simpatía, sino en la utilidad operativa. Rodríguez representa tres activos que cualquier arquitecto de transición necesita para evitar un colapso sistémico.

En primer lugar, la continuidad administrativa. El Estado no es una entelequia; son ministerios, puertos, el control de PDVSA y la operatividad bancaria. Sin un puente con quienes manejan estos resortes, el país se paralizaría en cuestión de horas tras un cambio de mando. En segundo lugar, es el canal directo con el «poder duro». Ella coordina la comunicación con los sectores militares, de inteligencia y los colectivos; no necesariamente ejerce un mando jerárquico sobre ellos, pero sabe cómo hablarles y qué resortes tocar. Finalmente, posee la capacidad de entrega. En una mesa de negociación, ella puede ofrecer información sensible, desmovilización y órdenes administrativas inmediatas. Es, en esencia, la operadora de la maquinaria que aún retiene las llaves del edificio público.

El peso de las armas frente a la legitimidad: Aquí es donde el análisis se vuelve amargo: ¿Por qué María Corina Machado no está en esa mesa técnica de manera inmediata? La razón es logística, no popular. Machado posee la legitimidad, los votos y el apoyo de las masas, pero no controla las armas ni el territorio. En una fase de choque, el control de la violencia pesa más que el respaldo en las urnas. Una cosa es despejar una operación con bajas controladas; otra muy distinta es intentar sofocar una guerra civil en territorio hostil.

Para el chavismo duro, Machado representa una amenaza existencial. Su presencia inicial bloquearía cualquier acuerdo, pues el sector armado sentiría que negocia su propia aniquilación. Por otro lado, Edmundo González cumple un rol de consenso civil, necesario para la estabilidad posterior, pero que carece de la agresividad operativa requerida para apagar un incendio forestal político.

Las fases del reacomodo: La historia enseña que las transiciones exitosas siguen tres actos obligatorios. La Fase de Control del Caos es la actual: se habla con quienes tienen las armas para evitar un baño de sangre, no para buscar justicia poética. Le sigue la Fase de Reacomodo del Poder, donde entran técnicos y civiles moderados para tomar las riendas de la gestión; una etapa que, tras los dichos recientes de figuras como Marco Rubio, no parece estar a la vuelta de la esquina. Finalmente, llega la Fase de Legitimación, donde el liderazgo de Machado podrá capitalizar la reconstrucción del edificio.

Conclusión y efectos colaterales: El mayor error hoy sería creer que si el chavismo cede y que los «buenos» tomarán el control absoluto de inmediato. Primero mandarán los que eviten que el país se queme; después, los que puedan gobernar la crisis. Entender esto no es rendirse, es empezar a jugar con las reglas de la realidad. Una cosa es despejar una operación con 80 bajas y otra muy distinta es sofocar una guerra civil en territorio hostil. En Venezuela, el control de la violencia hoy pesa más que el respaldo en las urnas.

Mientras tanto, el escenario regional queda al descubierto: ¿Dónde quedaron el multilateralismo, el derecho internacional y el Grupo de Puebla? Hoy lucen inoperantes. Bien haría el periodismo en observar el proceso sin forzar interpretaciones, porque la fila de piezas del dominó incluye a Cuba y Colombia, y el desenlace venezolano definirá el nuevo orden -o el nuevo caos- del continente. (El Líbero)

Loreto Correa