10% + 10% +10% + 10%, después vender el sofá

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Le llegó su turno a seguir entregando recursos a la población, en medio de la fiesta demagógica en que el país está envuelto. Lo que es más triste es que quienes avivan esta cueca dieciochera son los parlamentarios, lo cual agudiza su descrédito, y un Gobierno tan débil que perdió el rumbo.

El Presidente del Banco Central, Mario Marcel, planteó los problemas que traerá esta situación para el futuro del país. Quienes proponen con más entusiasmo aumentar el gasto fiscal parecieran buscar su reelección personal, pero no ganar la próxima Presidencia de la República, porque será una administración muy compleja. Se recuerda el dicho: “Donde se saca y no se echa, dura poco la cosecha”.

Desde el primer 10% se ha señalado la inconveniencia de facilitar el acceso a los propios fondos personales, tan popular en las actuales circunstancias. Ha sido la postura casi unánime entre los denostados “técnicos”, principalmente economistas, quienes –al decir de algunos– no son capaces de entender la falta de recursos del ciudadano medio, los que, al retirar sus fondos, quedan sin protección para su futura jubilación, en circunstancias que las pensiones estatales son muy bajas y subirán con lentitud en el futuro.

Se agrega que el diputado Ilabaca (PS) señaló que el sistema de AFP falleció; algunos imaginativos han llegado a plantear que sería una estrategia para acabar con esas entidades.

El cuarto retiro sería regresivo, pues los imponentes más pobres ya no tendrían fondos para retirar y solo permitiría aprovechar esta franquicia a los segmentos de mayores ingresos, que aprovecharán los beneficios de esta ventaja.

Otros personeros han propuesto establecer un sistema de reparto en sustitución de las AFP, en circunstancias que en Chile fue un fracaso y en otras partes del mundo está en completa revisión, agudizado por los cambios demográficos que han debilitado su factibilidad.

Las AFP son cuestionadas por varios motivos. El más importante es que no respondieron a lo esperado, que la pensión sería muy similar al sueldo del imponente en su vida activa. Sin embargo, no se tomaron en cuenta una serie de debilidades, como las lagunas en la cotización durante la vida laboral por enfermedad u otros motivos, o la insuficiente tasa de cotización, unida a la prolongación de la vida de los jubilados. Esos motivos de corrección impopular, fueron escondidos por los gobiernos y las oposiciones, así como por las propias AFP, que terminaron siendo sus propias víctimas.

Es conveniente resaltar que recientemente la propiedad de las AFP ha tenido importantes cambios, entre ellos, extranjeros atraídos por las utilidades de las empresas. Si bien estos beneficios no han tenido fuertes reducciones, la rentabilidad sobre el precio pagado por los nuevos inversionistas es considerablemente menor. En definitiva, el gran negocio lo hicieron los propietarios originales de la actividad, los cuales ya se llevaron la plata para la casa y no reciben los denuestos de la ciudadanía.

Lo más grave de las iniciativas parlamentarias del cuarto retiro ha sido incluir la propuesta de retirar fondos de las actuales pensiones vitalicias, de manera de facilitar la disponibilidad de recursos ahora, a pesar de la reducción de las entradas futuras, aprovechando las urgencias presentes, y después ¡Dios proveerá! O, bien, “pan para hoy, hambre para mañana”.

La base más seria para un sistema futuro que se ha planteado es la coexistencia de una pensión básica solidaria financiada por el Estado y creciente en la medida que el crecimiento económico y las entradas fiscales lo permitan, y un seguro individual voluntario para las personas de ingresos mayores.

Sin embargo, permanecen algunas incógnitas, como el destino de los fondos actuales cotizados en el sistema y que son de propiedad individual. Las actuales entidades no deberían subsistir con algunas de las objeciones mencionadas, y otras. Entre estas, la posibilidad de designar directores en empresas donde invierten, administrando los fondos de los imponentes, lo cual ha llegado a la formación de un “Club de Toby”, formado por los compadres de los dueños de la AFP. De persistir las entidades, la designación de los directores debería delegarse en un ente externo e independiente.

También es objetada la falta de regulación en el uso de los activos en moneda extranjera que administran las instituciones, ya que tienen un comportamiento contracíclico, lo cual vulnera la estabilidad del tipo de cambio, tan importante para las exportaciones y esencial para el desarrollo del país, antes fundamental, hoy de lento crecimiento.

Otro aspecto a considerar es la capacidad de ahorro nacional que ha implicado el actual sistema, indispensable para financiar la inversión nacional, como ha ocurrido hasta ahora y que es crucial para el desarrollo del país.

En el futuro, deberán enfrentarse a las materias impopulares ya mencionadas, como aumentar la tasa imponible, tanto para hombres como mujeres, y prolongar la edad de retiro de la población. (El Mostrador)

Andrés Sanfuentes

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