Triste y solitario: Así fueron las últimas horas de de la Rúa...

Triste y solitario: Así fueron las últimas horas de de la Rúa en la Presidencia de Argentina

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Argentine President Fernando De la Rua gets ready lo leave his office at Buenos Aires's Government House, Thursday, Dec. 20, 2001. De la Rua submitted his resignation Thursday, a high-ranking official said, as his government crumbled amid deadly rioting and looting sparked by anger over Argentina's deepening economic crisis. The resignation followed two days of clashes between police and protesters that left at least 20 people dead and scores injured. Under the constitution, Senate President Ramon Puerta would be in line to take over as interim president. (AP Photo/Presidencia de la Nacion) ARGENTINA UNREST DE LA RUA

“Yo no me aferro a un cargo”, señaló, nervioso, Fernando de la Rúa. Eran las 17:00 del jueves 20 de diciembre de 2001 y el entonces Presidente argentino había convocado a la oposición a un gobierno de unidad nacional. Sin embargo, el mandatario radical -que falleció hoy a los 81 años- sabía que tenía las horas contadas: en la Plaza de Mayo miles de personas exigían su renuncia, mientras la policía reprimía las masivas manifestaciones y provocaba varios muertos.

“Lo mejor es que nos vayamos. Espérenme afuera de mi despacho. Voy a redactar la renuncia”, le dijo De la Rúa (1999-2001) a sus más cercanos colaboradores, después de que la oposición rechazó su pedido de diálogo. La situación era tan tensa que diversos medios internacionales -entre ellos La Tercera– tenían enviados especiales en Buenos Aires esperando lo que parecía como un desenlace inminente de la dura crisis que asolaba a ese país.

Ese día, el estómago del Presidente radical estaba vacío, ya que sólo había almorzado un yoghurt con jalea. El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini lo acompañó en ese momento. El ministro le sugirió que escribiera su renuncia a mano. Algunos funcionarios se emocionaron. Ya a las 19:00 la tarde la dimisión estaba lista, escrita de puño y letra por el Presidente frente a un cuadro del general San Martín.

Minutos antes de abandonar la Casa Rosada, De la Rúa le pidió al fotógrafo de la Presidencia, Víctor Bugge -a quien poco antes había abrazado- que le sacara su última foto. “Entramos a su despacho, donde no había nadie, y me dijo: ‘Vení, vamos a hacer la foto que me querés hacer”, contó el fotógrafo a La Tercera, en 2001. “Luego, frente al sillón presidencial comenzó a ordenar sus papeles. Estaba preocupado y triste”, agregó Bugge.

“Después, en completo silencio tomó un ascensor y subió hasta la terraza -donde lo esperaba un helicóptero- y se fue sin mirar a nadie”, reveló el profesional. Otro testigo de la escena contó que De la Rúa “estaba nervioso, su cara no era la de siempre”. A las 19.52, De la Rúa tomó el helicóptero -tal como lo había hecho 25 años antes “Isabelita” Perón-, para dirigirse a la Quinta de Olivos. Atrás quedaban 740 días de gobierno.

Sin embargo, al día siguiente y de manera completamente inesperada, De la Rúa -ya renunciado- volvió a la Casa Rosada, poco antes de las 9:00. Apenas ingresó, un periodista le preguntó: “Presidente ¿Cómo cree que lo juzgará la historia?”. “La historia juzgará en perspectiva frente a las dificultades y decisiones tomadas. Quizás las dificultades son tantas que hacen falta períodos más cortos de tiempo”, respondió el mandatario.

Poco después se dirigió a su despacho, donde acomodó sus cosas. Abrió su cajón y luego se fue al escritorio donde el día anterior había redactado su renuncia. Así, tomo su última decisión y derogó el estado de sitio que había declarado el miércoles de esa semana después de reunirse con el ex jefe del gobierno español, Felipe González, que se encontraba de visita en Buenos Aires.

“Finalmente De la Rúa volvió a su despacho, contempló la Plaza Colón y firmó fotos de él mismo que le habían pedido sus más cercanos funcionarios. Muchos de ellos, incluso secretarios de Estado, lloraron”, reveló Bugge. Minutos más tarde abrió la puerta de su despacho principal y sus colaboradores comenzaro a aplaudirlo. “Gracias”, se limitó a decir en ese momento.

“Me siento con la satisfacción del deber cumplido y deseando lo mejor para mi país. Concluyo una etapa de mi vida donde he entregado lo mejor de mí para el país. Quiera Dios alumbrar el camino de la República”, fueron sus última palabras antes de abandonar la Casa Rosada. Poco antes de ese breve discurso, miró por última vez su escritorio y lloró.

 

Agencias

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