Tras denunciar a Karadima: cura Hans Kast complica a Ezzati

Tras denunciar a Karadima: cura Hans Kast complica a Ezzati

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«La verdad es la que nos hará libres». Fue la escueta respuesta que entregó en septiembre el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, al referirse a la investigación que busca esclarecer si encubrió abusos sexuales.

La frase, que es en realidad un pasaje del evangelio de Juan, ya había sido citada por otro sacerdote siete años atrás: Hans Kast, que la emitió un día de mayo de 2011, cuando ratificó ante fiscalía su testimonio en contra de Fernando Karadima.

Formado eclesiásticamente en el círculo de la Iglesia de El Bosque durante 20 años, hoy Kast se dedica a ser el párroco de la iglesia San Pedro de Las Condes. A pesar de su reticencia a hablar con la prensa, su nombre volvió a surgir en la víspera de la cita que tuvo Ezzati este miércoles con el fiscal Emiliano Arias, en la que finalmente el cardenal guardó silencio.

Esta vez, no fue su vínculo con el caso Karadima lo que volvió a reflotar el nombre del hermano mayor de José Antonio Kast, sino la existencia de un correo electrónico dirigido a Ezzati y firmado por él, en su calidad de canciller del arzobispado. Fechado en 2011, daba cuenta de denuncias en contra del sacerdote Jorge Laplagne, señalado por primera vez en 2010 e indagado por la Iglesia desde junio.

«Pienso que es necesario abrir una investigación previa conforme lo pide el can. 1717, que no se demore mucho para discernir la verosimilitud de este asunto, considerando que se trata de dos hechos en diferentes lugares y tiempo», decía el mail, según informó La Tercera.

«Quizás haya que considerar alguna medida pastoral y/o cautelar. Se hace por otro lado urgente abrir un departamento en la arquidiócesis que pueda recibir estas denuncias, ya que la cancillería tiene múltiples otras tareas y es prioritario atender cada denuncia que pueda llegar a la curia».

Ninguna de sus sugerencias se concretó y el caso de Laplagne se cerró en 2015.

La figura de Kast y la revelación de los correos podría complicar especialmente a Ezzati, en el marco de la indagatoria que busca resolver si existió encubrimiento de abusos con respecto a otro sacerdote: el ex canciller Óscar Muñoz Toledo.

ALEJADO DE KARADIMA

La iglesia donde hoy es párroco queda a dos kilómetros de la de El Bosque, donde se le solía ver hasta 2005, año en que Hans Kast decidió distanciarse de la Pía Unión Sacerdotal y del propio Fernando Karadima. Tuvieron que pasar cinco años para que el sacerdote se acercara a fiscalía a contar su verdad.

A fines de 2009, mientras era canciller del Arzobispado, Kast volvió a recibir denuncias de abuso sexual en contra de Karadima, que habían sido originadas en 2003. Por eso en mayo del año siguiente decidió testificar.

En su relato, el sacerdote aseguró que vio a Karadima besar a dos adultos jóvenes en la boca, afuera de su habitación en la parroquia, y que a uno de ellos le pidió que el beso fuera «con lengua». Contó, también, que solía referirse a hombres jóvenes con nominativos femeninos, como «dama de compañía», o derechamente como «pololo».

Afirmó haber visto tocaciones en genitales y nalgas por fuera del pantalón, y haber presenciado que jóvenes se quedaran hasta muy tarde con él, y se fueran de madrugada. También reveló la existencia de un jerga: para Karadima, el «cueto» era una manera de referirse al sexo, a raíz de un programa de televisión sobre sexualidad de Enrique Cueto.

Según Kast, Karadima le pedía a una de sus víctimas y denunciantes que hicieran un «cueto profundo». Su testimonio remeció a los feligreses que frecuentaban esos círculos, quienes, todavía incrédulos, se negaban a aceptar las acusaciones empujadas por José Andrés Murillo, James Hamilton, Juan Carlos Cruz y Fernando Batlle. Se dijo, en su momento, que sus palabras le dieron a las denuncias «otra fuerza y cariz».

ADVERTIR EL ABUSO DE CONCIENCIA

Una de las cosas más significativas que hizo el testimonio de Kast, además de dar un espaldarazo a las víctimas, fue poner sobre la mesa el nivel de manipulación que podía ejercer un sacerdote como Fernando Karadima sobre adultos jóvenes, y los peligros que ello encerraba.

Además de hablar tocaciones y conductas inapropiadas, sugirió que Karadima podía ser capaz de «dominar las voluntades de los jóvenes que se acercan a él confiadamente». Sugirió también que se le sometiera a un examen psicológico.

Según su relato a la fiscalía, Karadima parecía querer reemplazar a la figura paterna de algunos jóvenes, menospreciando incluso a sus verdaderos progenitores. Se mostró preocupado, además, por la «influencia» que podía llegar a ejercer sorbe los jóvenes. Se preguntó, también, si en Karadima no residía un «encantador espiritual«.

En 2010 Kast declaró contra Karadima ante la fiscalía Kast aseguró que se alejó del círculo de Karadima aburrido del uso constante de un lenguaje de doble sentido, y en su declaración ante el fiscal Xavier Armendáriz se preguntó si no era ese un «ambiente inflamable», en el que podía bastar una pequeña chispa para que ocurriera un abuso mayor, constata Ciper.

Su declaración fue ratificada un año después en presencia de la ministra en visita, Jessica González, en una cita que se extendió por más de dos horas. Entonces fue cuando lo dijo: «La verdad nos hará libres». Dijo también que esperaba que se hiciera justicia.

LA INVESTIGACIÓN QUE NO PROSPERÓ

Hoy, la parroquia San Pedro de Las Condes, ubicada en Isabel La Católica con Américo Vespucio, se ha convertido en la iglesia que reúne a los sacerdotes que apoyaron denuncias contra Karadima.

Además de ser Kast su párroco, también presta servicios el sacerdote español Eliseo Escudero, el primero en investigar el caso y descubrir que las denuncias tenían fundamento.

En abril, cuando el Papa Francisco recibía a las tres víctimas de Karadima en Roma, La Segunda intentó acercarse al sacerdote, pero declinó hablar del asunto. «Es un tema muy doloroso», expresó.

Nunca ha querido referirse a él en los medios. Lo que hoy vuelve a traer a la palestra a Kast ocurrió en paralelo a sus testimonios ante el Ministerio Público, en 2010 y 2011.

El fiscal Arias ha logrado acceder a la información gracias a una serie de documentos que mostrarían eventuales omisiones del cardenal Ezzati y de su antecesor, Francisco Javier Errázuriz, en el caso del sacerdote Laplagne, quien estuvo a cargo de iglesias en Providencia y Ñuñoa.

En 2010, cuando Javier Huerta Molina acusó diversos abusos sexuales cometidos por el religioso, quien era su guía espiritual, Hans Kast fue el encargado de acoger la denuncia por ser el canciller del arzobispado. Kast realizó una serie de advertencias a sus superiores respecto de Laplagne, las cuales fueron ignoradas.

Un año después, Kast envió por correo a Ezzati un nuevo testimonio: el de una religiosa cuya madre había intervenido frente a la imputación de un acólito, quien aseguraba haber sido tocado de forma «impropia y abusiva». Contaba, también, que en su congregación otra monja conocía el testimonio de un joven distinto, que acusaba haber sido abusado.

La causa cerró en 2015 con la venia de Ezzati, debido a que Óscar Muñoz Toledo —entonces vicecanciller involucrado en la investigación— y Raúl Hasbún —quien deberá declarar el 10 de octubre— se remitieron a la declaración de un sacerdote y psicólogo de Chillán que planteó que, dado los reportajes de la época sobre Karadima, existía la «posibilidad de distorsión perceptiva».

Kast dejó el cargo a los pocos meses de asumir Ricardo Ezzati, argumentando que quería tener más tiempo para la actividad parroquial. (Emol, La Tercera, Ciper)

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