Si hubiera sido en Chile

Si hubiera sido en Chile

Compartir

Dos temas hay ineludibles esta semana: la toma del Capitolio en Washington DC, y la incomprensible aventura de la PDI en Temucuicui.

Vamos a lo primero. Gran irresponsabilidad de quienes aseguran el perímetro del Parlamento, Casa Blanca y monumentos del sector. Trump azuzó a sus extremistas a hacer lo que hicieron (“ustedes son especiales para mí”, y otras lindezas). Fue un llamado directo a la acción, y a lo que sucedió después. Y fue una suerte que no hubiera una balacera fatal: buena parte de las tribus de Trump estaban armadas, y no precisamente con hondas. Afortunadamente, no hubo saqueos ni incendios, ni balas. Y tras la llegada de la Guardia Nacional, la turba se dispersó, y ahora con las grabaciones disponibles serán todos juzgados, y arriesgan 15 años de cárcel.

Menos mal en Chile la policía no ha permitido que los vándalos se acerquen al Congreso o a La Moneda. Porque si lo hubieran permitido, no quedaría ni Congreso ni Palacio de La Moneda. Porque aquí las turbas no solo invaden: aquí incendian y saquean. Y el respeto a la policía y a las FF.AA. es nulo, porque saben que los que serán juzgados y condenados no serán los incendiarios y saqueadores, sino la policía o los soldados, pero nunca ellos.

Y vamos a la fallida intervención en Temucuicui. Un batallón de detectives bien armados, supuestamente, no solo fallan en su intento planificado por ocho meses: son repelidos desde bosques, casas y cerros. Debieron retirarse “cauda intra crura” con un muerto y numerosos heridos. Con dos señoras detenidas y algo de marihuana incautada. Si tanto investigaron, deberían haber sabido lo que todos en La Araucanía saben: hay armas de guerra y tiradores escogidos. Llegan en caravana (qué obviedad), no hay plan B, tampoco amenazas por los flancos o la retaguardia de los guerrilleros. Yo estoy casi seguro que la operación se hizo solo como demostración de números. Con orden estricta de no herir a nadie, con municiones de fogueo o de goma. Si no, es inexplicable.

Las declaraciones del director de la PDI, lamentables e inexcusables. Y quien autorizó desde más arriba la operación en esa forma, cometió una maldad, y un cuasi delito de homicidio: enviar a más de 800 detectives a atacar a fuerzas bien armadas y organizadas, sin poder defenderse. Qué duda cabe que haciendo las cosas en serio la infantería de marina o a las fuerzas especiales del Ejército lo hubieran hecho en forma muy distinta, y con resultados muy diferentes. Salvo que los hubieran enviado con balines, postones y balas de fogueo.

Sin duda que aplicando la fuerza legítima frente a grupos armados, seguramente se producirán muertes. Pero si la autoridad política no es capaz de aplicar la fuerza legítima a la guerrilla armada, por miedo a sus consecuencias, uno no entiende por qué ellos eligieron ser autoridades, y mejor no se quedaron tranquilos en sus casas, sin exponerse a la CIDH, a Amnesty International, y sus duras consecuencias en lo personal y lo económico. (La Tercera)

César Barros

Dejar una respuesta