#RompePaga: el miedo y el baile-José Agustín Muñíz

#RompePaga: el miedo y el baile-José Agustín Muñíz

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Debo haber estado muy monotemático en los últimos meses porque una joven recién titulada con la que trabajo giró sobre su asiento y me preguntó: “¿Y por dónde partimos? Has dicho mil veces que hay que ser sensatos o razonables. ¿Cómo defines quién es o no es sensato y razonable?” Yo y mi bocota.

Así como lo veo, para vivir en democracia se requieren altas dosis de sensatez y razonabilidad. En la manera de comportarse, tanto como en las aspiraciones y expectativas que uno tiene. Para vivir en una sociedad libre se requiere que cada uno tenga un fondo de autocontrol y tolerancia a la frustración, porque una democracia sana es fome: nadie se lleva canasta limpia, pero tampoco nadie pierde, como en el tenis, 6-0 y 6-0. Casos como la “Ley Valdés” –esas que presenta un senador y se aprueban sin modificaciones– son la excepción; lo normal es que un proyecto comience como una idea y salga del otro lado una ley completamente diferente, a tal punto, que su promotor ya no la reconoce como propia, pero que nos representa a todos un poquito porque todos pusimos algo nuestro en ella.

Hoy tienen mala prensa, pero las negociaciones y los acuerdos son fundamentales para una vida libre y democrática. Se les ve como traiciones, tienen poca épica, son poco sexy, pero no podemos vivir sin acuerdos ni negociaciones. A trazos gruesos, senadores y diputados son ese grupo de personas a los que les pagamos grandes sueldos para que se encierren en Valparaíso hasta que se pongan de acuerdo en los temas en que nosotros, los ciudadanos, no nos ponemos de acuerdo o no podemos hacerlo porque estamos muy ocupados viviendo nuestras vidas. Así como a Carlos Peña le gusta citar a Kant o Marx, yo recurro siempre a Daniel Innerarity, de quien aprendí que la democracia se compone a partes iguales de elecciones y acuerdos. Que es tan democrático “acordar una votación” (para eso somos buenos los chilenos) como “votar un acuerdo” (y ahí estamos muy cortos).

¿Y por dónde partimos siendo sensatos y razonables?

Cada actor político podría hacer un ejercicio simple: proponerse el deber de no encarnar el demonio que sus oponentes ven en él; abstenerse de hacer aquello que inspira miedo, terror o pavor en los demás. No encarnar el miedo de los oponentes es una señal de madurez cívica y de responsabilidad histórica –piense qué distinto habría sido Chile entre 1970 y 1989 si la clase política hubiese pensado así. Por lo que veo hasta ahora, el plebiscito de abril de 2020 será un fracaso por esta misma razón: partidarios del “Apruebo” y del “Rechazo” lo son por miedo al otro, al futuro que ven pintado en el rostro del otro y, para evitarlo, están dispuestos a encarnar en su proyecto el miedo de su oponente. Es un juego de espejos distorsionadores enfrentados, espejos que sólo se reflejan monstruos.

Por el otro lado, los periodistas, comunicadores y columnistas también deberíamos ser sensatos y razonables. Apostaría una córnea a que no habrá ningún tipo de acuerdo ni antes ni después del plebiscito de abril, y no lo habrá por culpa nuestra, de los que tenemos acceso a una tribuna pública. Será un fracaso porque nosotros ya elegimos el modo como encuadraremos el resultado: como una competencia, una carrera o, en el peor de los casos, como un combate. Y donde hay competencias, carrera o combates, hay ganadores y perdedores.

Una posible solución la proponen Lakoff & Johnson, quienes en “Metáforas de la vida cotidiana” dicen: “Imaginemos una cultura en la que una discusión fuera visualizada como una danza, los participantes como bailarines, y en la cual el fin fuera ejecutarla de una manera equilibrada y estéticamente agradable. En esta cultura, la gente consideraría las discusiones de una manera diferente, las experimentaría de una manera distinta, las llevaría a cabo de otro modo y hablaría de ellas de otra manera” (2004:41).

El encuadre hace la diferencia. No es el baile de los que sobran. Si sobra o falta alguien, perdimos todos. Del atolladero en que nos encontramos no saldremos de a poco ni por etapas; o salimos todos bailando o no pasa nadie y seguiremos rumiando la misma rabia hasta que aprendamos a hablarnos de un modo sensato y razonable. (El Líbero)

José Agustín Muñíz

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