Revoluciones

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Que la vida se haya globalizado en sus redes y en los problemas que inquietan a la gente, no quiere decir que la política dejó de tener importancia. Solo dice que los asuntos de “la polis” tienen una dimensión que supera crecientemente el ámbito de los estados nacionales. Es cada vez más absurdo constreñir la política a la actividad estatal. Cada vez es más global y más asunto de la sociedad. Creer en el siglo XXI que el control del Estado es clave de alguna revolución, es un anacronismo casi tierno.

Los problemas más acuciantes del ser humano, desbordan a los estados nacionales. El país ambientalmente más riguroso, no puede resolver por sí solo el calentamiento global o la contaminación de los océanos. El capital financiero circula incansable por todo el mundo y la crisis del 2008 dejó en evidencia la dificultad para regularlo. Empresas-plataforma, como Amazon, nuevas estrellas del firmamento global, no son de país alguno y están en todos. Un celular es síntesis final de cadenas productivas que se alargan por todo el orbe y la competencia para una empresa de Curicó puede sorprendernos desde Tailandia o Mozambique. Asimismo, se “internacionaliza” el ser humano; nadie está anclado a un espacio geográfico; se desplaza tras sus intereses personales, sea para estudiar, comer o sobrevivir. Las redes sociales globalizan a cada individuo y la interacción por ellas permite inducir pensamientos y comportamientos a distancia, como hicieron Cambridge Analytica o Rusia manipulando las elecciones de EEUU.

Creer posible revoluciones asaltando palacios de invierno o rectorías de liceos, es grotesco. Para bien o mal, las revoluciones de hoy nacen del conocimiento o de convulsiones globales; como las migraciones. Son más rápidas que los estados y los desbordan.

Llevamos años anclados en la discusión sobre el CAE. En el intertanto, la capacidad de procesamiento de las tecnologías de información se duplica cada 18 meses, la de almacenamiento cada 13 meses y la de comunicación cada nueve meses. El MIT, líder universitario mundial, cuenta con unos 100 mil estudiantes on line, pagados por cierto, y anuncia una inversión de US$ 1.000 millones para crear un centro donde todos sus estudiantes – músicos, ingenieros, médicos, filósofos, etc. – puedan aperarse de un “bachellor” en inteligencia artificial . Esta última, en su combinación con la biotecnología y las tecnologías de información, es protagonista de revoluciones que se suceden. Lenin esta muerto y momificado en el Kremlin. Gobiernos pueden hacer mucho daño, pero son progenitores menos fértiles de futuros mejores.

De una extraña manera, la desaparición del Estado predicho por Marx, parece comenzar a hacerse realidad. Gradualmente por cierto, como toda revolución perdurable a la que no se le caen los muros. Aunque, claro, siempre habrá disidentes decimonónicos; con canas y también con espinillas. (La Tercera)

Oscar Guillermo Garretón

 

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