Revolución tecnológica y empleo

Revolución tecnológica y empleo

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Señor Presidente, el país necesita un gran Apruebo que fortalezca nuestra democracia y al propio gobierno. Pero hasta ahora, la derecha copa el escenario y las interpretaciones de los contenidos de la nueva Constitución, asociándolos al Rechazo mediante una nueva campaña de dudas, convertida en campaña del terror en las que son especialistas desde hace más de un siglo.

Que saben asustar a la gente de centroderecha y a alguna de centroizquierda es un punto que, en esta oportunidad, están a poco de lograr.

Esperamos que ordene el debate, llamando pronto a aprobar los cambios, junto a todos los partidos políticos y sus parlamentarios e impulsando “reformas para mejorar la Constitución”. Aunque ojalá lo haga indicando los temas y contenidos sobre los cuales el Gobierno hará sus propias propuestas de modificación.

Dicha tarea no es contradictoria con indicar el camino que seguiría el proceso, en caso ser rechazada la constitución. Por el contrario, creemos que fortalece la opción Apruebo, al despejar dudas hoy presentes.

En ese marco, quisiéramos pedirle que incluya entre esas reformas un relevante tema olvidado por la Convención y que, por afectar a millones de trabajadores, debería incluirse en el texto constitucional: la creación de una Institución Autónoma del Estado, encargada de los temas asociados con la Revolución Tecnológica Digital que ya está incorporando a robots e inteligencia artificial al mundo del trabajo y que, sin dudas, ha llegado para quedarse.

El proceso está sucediendo de modo casi natural en las Industrias más avanzadas tecnológicamente y con mayor capacidad financiera, generando despidos de miles o decenas de miles de trabajadores, como es el caso de lo que hoy ya ocurre en la industria bancaria.

El futuro ya está aquí y habrá que monitorearlo y ordenar su desarrollo de manera permanente. Son los inicios de una nueva civilización que invade a todo el orbe y, por cierto, también a Chile.

Si no reaccionamos a tiempo, esta revolución tecnológica nos convertirá en la próxima década o, a más tardar, inicios de la siguiente, en indígenas del metaverso (universo virtual), que reemplazará, en muchos ámbitos, al universo en el que hemos vivido y en el que las personas deberán convivir con lo virtual, tal como comienza a ocurrir con hologramas en las comunicaciones. Dicha tecnología cambiará el modo de vincularnos y hasta de ejercer el poder, pues las dirigencias políticas, económica, sociales o culturales tendrán ubicuidad y podrán estar en varias partes simultáneamente, sin moverse de su escritorio.

Hasta ahora la Revolución Tecnológica funciona espontáneamente, sin orden alguno y sin que para su integración y desarrollo haya una visión país a la que como tal se pueda responder, para, de ese modo, fijar, mediante leyes, los criterios y políticas que las incorporen con sentido y propósitos nacionales.

Quizás, una visión posible, debería privilegiar en este primer tiempo, su integración a las industrias que menos afecten o que mejoren el rendimiento del Producto Geográfico Bruto; y a nivel de regiones, a aquellas compañías que generen el menor impacto ambiental, en el desempleo o la quiebra de pequeños emprendimientos complementarios.

El daño de una integración desordenada a esta revolución puede llegar a ser enorme si las industrias, individualmente y sin planificación, aceleran el cambio más allá de lo necesario, orientadas solo por la maximización de utilidades de corto plazo, o la maximización de la renta empresarial que pudiera permitirles el cambio tecnológico en el largo plazo.

En tales casos, la cesantía puede alcanzar niveles altísimos durante el periodo de reemplazo, pues la pérdida estimada posible se ubica, según expertos, entre 2.1 a 2.9 millones de puestos de trabajo.

Chile es una de las naciones de la región con uno de los mayores niveles de adelanto en la digitalización, razón por lo que la frontera utilizada para estimar el desempleo por reemplazo tecnológico se ha calculado entre un 25% a un 35% de la fuerza de trabajo .

En los mercados laborales de América Latina y el Caribe hay amplios sectores de baja productividad.  Ello ha llevado a un ajuste en el método de estimación del riesgo de sustitución tecnológica del trabajo humano elaborado por Frey y Osborne que considera esta diferencia estructural. Como resultado, el promedio de 12 países muestra un riesgo de sustitución tecnológica de 24%, en vez de 62% que presenta con la aplicación del método original, usado en los países desarrollados.

Las cifras del INE señalan que el número de ocupados llegó a 8.558.360 en septiembre-noviembre de 2021, frente a 9.063.370 del trimestre diciembre 2019-febrero 2020, antes del inicio de la crisis pandémica.  De acuerdo a la misma fuente, en el trimestre móvil septiembre-noviembre de 2021 se crearon 641.640 empleos en doce meses. De estos, 52% corresponde a trabajos informales y 48% a formales.

Entre las industrias que corren con ventajas para maximizar sus utilidades de corto plazo y su rentabilidad de largo plazo, tras digitalizar sus procesos, está la industria bancaria.

Para observar el nivel de profundidad del avance tecnológico en este sector, baste visitar presencialmente la propia agencia bancaria y pedir información; o que la misma les sea entregada, indicando la estrategia en aplicación para este nuevo proyecto de inversiones que les permitirá reemplazar por tecnología de última generación a miles de trabajadores y emprendedores calificados y no calificados.

De allí la importancia de un organismo autónomo del Estado que se encargue de organizar el proceso de integración, funcionamiento y seguimiento de la Revolución Tecnológica digital y que apunte a sostener y proyectar el enorme flujo de información que deriva de aquella, a raíz de un proceso que muta permanentemente, modificando el estado del arte en diversas áreas productivas, con tecnologías victoriosas y derrotadas, las que, en caso de no ser debidamente evaluadas y reguladas, podrían producir severos daños a múltiples industrias que no cuentan con la capacidad suficiente para una correcta toma de decisiones en este ámbito, impactando al conjunto del sistema económico.

Así, si no se cuida el modo de reemplazo y su gradualidad, es previsible que el mercado del trabajo sufra graves detrimentos por las pérdidas acumulativas iniciales, y casi en paralelo, se perjudique duramente al mercado consumidor y de aprovisionamiento, debido a la pérdida del poder adquisitivo que estimulará una caída de actividad en el mercado financiero y, como consecuencia, en otros mercados como el inmobiliario y la construcción.

En tal caso, el cruce de mercados perjudicados sería total. Tal es la importancia, señor Presidente, de asumir desde ya las tareas que prevengan, constitucionalmente, los efectos de una integración espontánea y sin planeamiento de nuevas tecnologías que, como Caballo de Troya, se estimen inicialmente un regalo, pero que terminen destruyendo la ciudad.(Red NP)

Basilio Ernesto Torres

Profesor de Política y Estrategia Financiera