Primarias en la centroderecha

Primarias en la centroderecha

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A un año de las elecciones para autoridades regionales y locales, está muy bien que se discuta el modo de escoger los candidatos.

Por eso, el Partido Republicano se ha adelantado a proponer primarias para algunas candidaturas. Negarse de entrada a esa posibilidad —como parece ser la voluntad de la presidenta de la UDI— significa amarrarse las manos para el futuro: por una parte, respecto de la posibilidad de evitar la pérdida de una cantidad importante de cargos por la dispersión de votos; por otra, por el rechazo anticipado a toda negociación para una eventual primaria presidencial que incluya a José Antonio Kast.

Porque, aunque en este tema hay que distinguir claramente entre las primarias de 2020 para alcaldes y gobernadores y las de 2021 para Presidente, es evidente que una decisión restrictiva respecto de las primeras haría muy difícil una discusión abierta sobre las segundas. Nadie quedaría obligado a las primarias presidenciales si hubiese primarias para cargos locales, pero todos quedarían muy distanciados y heridos para 2021 si ahora la negativa se concretase.

En el caso de los alcaldes, en la mayoría de las comunas lo que optimiza los resultados es la presentación de un solo candidato en las listas de los partidos de centroderecha y derecha (salvo en Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, comunas en las que no hay riesgo de perder si postulan dos candidaturas alternativas).

Por eso son importantes las primarias, ya que en estas elecciones se dan al menos tres escenarios distintos. En aquellas comunas en que el alcalde es de la ex Nueva Mayoría, no debería haber problemas de hacer primarias para ver quién es el más competitivo de la centroderecha y la derecha. En aquellas otras comunas con alcaldes de Chile Vamos que han tenido una mala gestión —que sin duda las hay— es muy conveniente hacer primarias, para ver si surgen mejores opciones. Y, por último, están las comunas gobernadas por Chile Vamos con alcaldes con buena gestión, en las que no vale la pena hacer primarias; por ejemplo, Santiago, San Bernardo y La Reina.

Paralelamente, se darán las elecciones para gobernadores, las que consideran una segunda vuelta si ningún candidato obtiene más del 40% de los votos. En estos casos, hay regiones donde podría haber más de un candidato del sector, por lo que convendría hacer primarias para unificar, como por ejemplo en La Araucanía o en Biobío. Muy buenos candidatos del Partido Republicano en ambas regiones podrían demostrar su valía en esas instancias.

Indudablemente, en la Octava Región las dificultades para abrir las candidaturas a primarias son grandes, por el control que sobre la zona ejerce precisamente la presidenta de la UDI. Toda apertura electoral en Biobío pone en riesgo esa hegemonía. Pero también en La Araucanía será difícil concretar esas primarias. El eventual rechazo de Evópoli a esa posibilidad está vinculado, por una parte, a las consecuencias que esas primarias podrían tener para un ingreso del Partido Republicano a la coalición de gobierno —a la que los liberales se oponen frontalmente— y, por otra, a la posibilidad de que un líder regional como Rojo Edwards pueda triunfar, con las implicancias que eso tendría para las fortalezas con que Evópoli cuenta hoy en la zona. Por cierto, Edwards no es tampoco santo de la devoción del Presidente. Y, eso, en el actual gobierno, equivale a rechazo in pectore.

En fin, el principal obstáculo para las primarias parecen ser algunos intereses personales.

¿Y para las presidenciales? La situación es distinta, pues habrá habitualmente segunda vuelta, y hay quienes ya demostraron que pondrán siempre al país por sobre su opción personal. (El Mercurio)

Gonzalo Rojas

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