Permitámonos debatir

Permitámonos debatir

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Tal como ocurre en muchos países, en Chile un porcentaje considerable de la población aún no logra satisfacer necesidades tan básicas como alimentarse adecuadamente, mientras al mismo tiempo toneladas de bienes de primera necesidad, aún aptos para el uso y consumo humano, son destruidos diariamente. Evitar el desperdicio de alimentos y de artículos de primera necesidad en Chile es un deber ético e imperativo, especialmente cuando en nuestro país hay más de 1,5 millones de personas que viven bajo la línea de la pobreza.

En Red de Alimentos hemos promovido y acompañado de forma muy activa este proceso. Pero creemos que es necesario sumar más voces. En lo específico, hacemos hoy un llamado a los legisladores: no podemos seguir dependiendo solo de una normativa del Servicio de Impuestos Internos en materia de recuperación y entrega de productos de primera necesidad. Es urgente avanzar legislativamente en esta materia, hay que romper las inercias.

Según datos de la FAO, un tercio de los alimentos que se producen en el mundo son desechados. Este evidente sinsentido no solo tiene impactos sociales, económicos y medioambientales, sino que también es contrario al concepto de economía circular, el que nos desafía a avanzar hacia procesos colaborativos que sean replicables, eficientes, útiles y que maximicen el bienestar humano.

En Red de Alimentos -organización de derecho privado y sin fines de lucro-, desde hace casi 10 años articulamos un círculo virtuoso entre empresas y organizaciones sociales, para rescatar productos aptos para el consumo humano, evitando así su desperdicio y distribuyéndolos entre quienes más lo necesiten. Hasta la fecha, hemos rescatado 29 millones de kilos de alimentos y solo en 2018 impactamos a cerca de 220.000 personas en situación de vulnerabilidad a través de 238 organizaciones sociales.

Desde el año 2012 hemos impulsado dos cruzadas: ampliar la normativa que logramos para alimentos a otros productos de primera necesidad que pudiesen ser aprovechados por quienes lo necesitan, y que se establezcan incentivos para evitar el desperdicio de estos bienes, con un marco legal sólido y estable que permita e incentive a las empresas a entregar estos productos que, por diversos motivos, no son comercializados.

En julio de 2018 logramos uno de los más significativos avances cuando, junto a los ministros de Hacienda y de Desarrollo Social y al Director del Servicio de Impuestos Internos, anunciamos la ampliación de la normativa, lo que ha permitido no solo rescatar alimentos, sino también productos de higiene personal, pañales y otros de primera necesidad, generando un impacto directo entre quienes más lo necesitan.

Del mismo modo hemos impulsado incansablemente la necesidad de establecer un marco legal con incentivos para evitar el desperdicio de bienes. Es así como, gracias al apoyo unánime y transversal de los 28 senadores que estaban presentes, en agosto pasado la Cámara Alta solicitó al Presidente de la República y al ministro de Hacienda que considerasen, en la reforma tributaria, establecer los incentivos o desincentivos tributarios necesarios para que las empresas eviten destruir bienes aptos para el uso o consumo humano, en particular productos de primera necesidad.

Esta propuesta quedó en general contemplada en la presentación del proyecto de modernización tributaria, buscando configurar con jerarquía de ley el tratamiento tributario que rige hoy para alimentos, pañales y productos de higiene personal, y otros que determine el SII. Además, debemos avanzar a que se considere como gasto rechazado la destrucción voluntaria de bienes que se encuentren en condiciones de uso o consumo humano. En virtud de lo anterior, la pregunta entonces es ¿quién podría oponerse a la propuesta de aprovechar los bienes que no se comercializan y entregárselos a quienes más los necesitan?

Chile es un país diverso en muchos aspectos. Políticamente también lo es y es esa diversidad y pluralidad la que nos ha permitido crecer y proyectarnos hacia el futuro. No podemos permitir que esa misma diversidad nos impida avanzar hacia una sociedad más responsable, equitativa y consciente.

La filósofa y politóloga Hannah Arendt enuncia, en su libro “La Condición Humana”, que “ninguna clase de vida humana, ni siquiera la del ermitaño en la agreste naturaleza, resulta posible sin un mundo que directa o indirectamente testifica la presencia de otros seres humanos”. Es en este contexto donde nuestro deber ético cobra mayor valor, más allá de nuestras consideraciones políticas o filosóficas: las necesidades básicas de las personas no tienen ideología.

Estamos a un paso de lograr estos anhelos planteados, pero estos avances podrían quedar en nada si no se aprueba la idea de legislar. Hoy todo está en manos de nuestros legisladores. En nombre de los que más necesitan, y después de tanto trabajo, solo un llamado: permitámonos debatir.

Carlos Ingham
Fundador y presidente Red de Alimentos

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