No votaron por Piñera

No votaron por Piñera

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En algunas encuestas, la aprobación del Presidente Piñera cae bajo el 30%. Es el peor resultado estadístico desde que asumió su mandato, en marzo del año pasado.

Los optimistas dirán que esa cifra corresponde al porcentaje de los ciudadanos que efectivamente votaron por él, mientras que los más realistas afirmarán que el Presidente ha perdido casi el 50% de sus adherentes, en relación con las encuestas de hace unos 14 meses.

¿Quiénes son los que hoy cambian su adhesión inicial al actual Gobierno por un rechazo abierto?

Un primer grupo lo conforman los que no votaron con convicción por Sebastián Piñera, sino que marcaron su nombre solo pensando en sus bolsillos. Hastiados del pésimo comportamiento de la economía durante el segundo período Bachelet, pusieron sus fichitas en la candidatura Piñera, con la misma fe con que un perdedor tira los dados en el casino después de sucesivas derrotas: quizás ahora venga la suerte. No son personas con convicciones de derecha, sino que son individuos con necesidades monetarias acuciantes, que anhelan crecimiento económico y seguridad laboral, para así poder mejorar sus ingresos y pagar sus deudas.

Y, además, buena parte de ellos había venido votando por las izquierdas, e incluso siguieron haciéndolo el 2017, en el plano parlamentario. Por eso, contra toda lógica, no le dieron un Congreso a Piñera. Obviamente, gran parte de esos electores manifiesta ahora su rechazo al gobernante, porque comprueban que sus expectativas económicas no se están cumpliendo. Muy simple: yo te di, tú no me das, ya no te quiero.

Un segundo grupo que experimenta fuerte desafección hacia el Presidente está conformado por quienes, en segunda vuelta, lo escogieron como mal menor. Nunca les ha gustado Piñera, pero pensaron que era mucho peor que la izquierda retuviera el poder, porque entonces La Araucanía seguiría en llamas, porque la vida y la familia recibirían nuevas agresiones, porque la seguridad de las personas continuaría deteriorándose, porque se terminaría de liquidar la libertad de enseñanza. En síntesis, porque pensaban que cualquier cosa iba a ser mejor, menos mala, que un nuevo gobierno socialista. Pero, de nuevo, gran parte de esos electores comprueba cuán alejado ha estado el Gobierno de esas expectativas, qué poco se ha ceñido a su programa, cuánto ha cedido hacia el ala siniestra. No les extraña ya que un senador gobiernista afirme que desde Chile Vamos debe construirse una “nueva Concertación”. No les extraña, pero les molesta profundamente.

El primer grupo volverá a votar por un candidato presidencial de las izquierdas, si no se les insiste, con profunda convicción, en que una vida centrada en el consumo, a la larga, no les deparará más que frustraciones, mientras que una existencia que dé decisiva importancia a la familia, al trabajo digno, a los vínculos sociales y a la fe, ciertamente los hará más plenamente humanos. Algo de eso parece haber intuido el Gobierno con su planteamiento para una “clase media protegida”, pero todavía está muy lejos de una política que esté destinada a desarrollar en nuestros compatriotas una conciencia de la auténtica dignidad personal.

Y el segundo grupo, sin duda alguna, explorará una opción presidencial distinta del piñerismo, porque, con toda seguridad, está hoy mucho más convencido del error que cometió al preferir un supuesto mal menor. Remember 1964 y miren 2017: así les fue.

Los que realmente no votaron por Sebastián Piñera, sino que lo hicieron por sus bolsillos o por el mal menor, sí, justamente esos, son los que están abandonando al Presidente y que, por lo tanto, están disponibles para un nuevo proyecto, claro y coherente.

 

Gonzalo Rojas/El Mercurio

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