Mirando al fondo de la “caja negra”- Claudio Lucarelli

Mirando al fondo de la “caja negra”- Claudio Lucarelli

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El alza de las primas de los planes de isapres ha generado, una vez más, noticias, variadas reacciones y nuevas promesas de reforma para terminar con los males que aquejan a la industria. Ante este escenario, el Gobierno trabaja aceleradamente para finalmente dar a conocer las indicaciones sustitutivas al proyecto presentado durante el primer período del Presidente Piñera, cuyo envío al Congreso ha sido postergado en varias ocasiones.

Sorprende que el alza de las primas haya sido el gatillante de tal reacción por parte del Gobierno, pues los componentes de la reforma que han trascendido no abordan la causa de fondo del aumento de las primas: el mayor gasto en salud debido a la adopción de nuevas tecnologías, que traen beneficios, pero a mayor costo.

No es sorprendente que este tema, según lo que se conoce, esté ausente de la propuesta de reforma; la primera reacción de los políticos en todas partes del mundo frente al aumento del gasto en salud es hablar de disminuir las “ineficiencias” y el “despilfarro”, objetivos claramente deseables y que no revisten costo de oportunidad, lo que políticamente les acomoda mucho, pero que apuntan a disminuir los niveles y no las tasas de crecimiento del gasto en salud.

Posiblemente, la medida que se hará cargo del tema será el recientemente anunciado “panel de expertos”, que evaluará las alzas en las primas; sin embargo, cabe destacar que para realizar su trabajo dicho panel deberá definir cuál es el uso de tecnología apropiado para los 3,5 millones de chilenos que participan del sistema de isapres. ¿Dónde se encontrarán esos expertos? Sorprende, además, que dicho panel se proponga primero para regular al sistema privado, donde deberíamos esperar que se expresen las preferencias de los consumidores respecto de la utilización de nuevas tecnologías, y nada se comente sobre el crecimiento del gasto en salud en el sector público, que se financia en gran parte a través de impuestos, y donde sí es necesario acordar qué tecnologías serán cubiertas para mantener la viabilidad financiera del beneficio que entregamos a quienes necesitan ayuda.

Desde 2005, el aumento de primas de los planes de las isapres debe ser similar para todos sus miembros afiliados, no pudiendo las isapres ofrecer aumentos considerablemente menores o negativos a aquellos de bajo riesgo, ni tampoco grandes aumentos a quienes pasan a ser de alto riesgo. En otras palabras, esta regulación asegura en forma solidaria el riesgo de ser reclasificado dentro de la misma isapre, pero dicho compromiso desaparece si el beneficiario se cambia de isapre.

A partir de ese cambio, comenzó un aumento sostenido en la judicialización de las alzas de primas (otro factor que incide en su alza), en que los jueces solicitan justificar de manera individual un alza calculada a nivel grupal. Por lo tanto, es de esperar que la judicialización sea mayor dentro de los individuos de bajo riesgo, en comparación con los beneficiarios de alto riesgo, ya que estos últimos experimentan un aumento en su prima menor al que corresponde al cambio permanente de su riesgo.

Sorprende, entonces, que ante este escenario, la respuesta más probable del Gobierno sea una reforma que profundiza las distorsiones en las primas, haciendo más uniformes no solo sus aumentos, sino también sus niveles, a través de un paquete regulatorio que de manera encubierta aumenta impuestos para los individuos de bajo riesgo para subsidiar primas de beneficiarios de alto riesgo que no son necesariamente de bajos ingresos. Observando el comportamiento actual, ¿es razonable pensar que la judicialización disminuirá en el escenario post reforma? ¿Qué cambiará en el comportamiento de los beneficiarios? ¿Qué cambiará en el comportamiento de los jueces?

¿No sería más fácil asegurar directamente el riesgo de reclasificación, y que tengamos la tranquilidad de que ante los aumentos de primas la gente votará con los pies, y que podrá elegir entre una variedad de planes que se ajusten a sus preferencias por adopción de nuevas tecnologías? ¿No sería mejor ayudar directamente a quienes como sociedad decidamos que necesitan ayuda, sin distorsionar las decisiones en el margen?

Lamentablemente, todo parece indicar que, por el contrario, la tan esperada y postergada reforma será nada más que una versión (desdibujada) del ‘Obamacare’, con empanadas y vino tinto. (El Mercurio)

Claudio Lucarelli

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