Mario Desbordes en su hora crucial

Mario Desbordes en su hora crucial

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No cabe duda de que Mario Desbordes le ha cambiado la cara a Renovación Nacional. Ha sido capaz de ofrecer un liderazgo sensato y cercano, tratando de encarnar las sensibilidades y preocupaciones de gente concreta y promoviendo una apertura al diálogo. Son virtudes que escasean en todo el espectro político, más todavía en la derecha.

Como todo líder político que se respete, Desbordes ha construido un personaje. No le ha ido mal: en corto tiempo se ha transformado en una figura reconocida, con grados importantes de apoyo popular y un carisma definido. Eso no significa, sin embargo, que siempre dé con el tono adecuado. Por ejemplo, a veces abusa con aquello de que él asistió a una “escuelita con número” y es distinto a los que han ido a “Harvard o Chicago”. ¿Para qué destacarlo? Lo que importa, como dijo alguna vez el líder chino Deng Xiaoping, es que el gato cace ratones, no su color. RN y el país requieren liderazgos nacionales, que apelen al país entero y unan, no que hagan guiños al clima de resentimiento que predomina en algunos sectores. Hay muchos políticos que se educaron en escuelas y liceos y muy pocos capaces de empatizar con el sentido común del chileno.

El peligro para Desbordes es que se lo coma el personaje que ha creado y no logre añadirle espesor a lo que ahora exhibe, que no es más que una actitud valiosa. Que se estacione en declaraciones como la que pronunció hace unos días sobre “la desconexión de la élite con lo que pasa en la calle” y no quiera o no consiga trascender hacia un contenido más sustantivo.

Ha trabajado en eso. Tiene asesores de peso que entienden las necesidades de la derecha y los vacíos enormes que esta ha exhibido en el ámbito de las ideas. En este sentido, a Desbordes se le abren posibilidades que en mucho tiempo no han tenido otros liderazgos de la derecha chilena. Resulta urgente que sepa aprovecharlas. Que entienda que alejarse del economicismo materialista y la obsecuencia al empresariado que predominó en la derecha durante las últimas décadas no implica necesariamente promover medidas como las que ha propuesto o respaldado. Supone tener iniciativas propias que lo acerquen a la gente, pero que también lo muestren liderando con ideas originales y atrevidas un proyecto de alcance nacional.

El camino por el que se mueve Desbordes está plagado de riesgos. Su liderazgo disruptivo genera anticuerpos. Ya asoman varios en RN. Si quiere prevalecer, debe avanzar hacia el próximo nivel, donde quizás no tendría competidores: hasta ahora lo suyo es un estilo atractivo y refrescante; debe ir más allá y progresar hacia el contenido político propio y de peso, el talón de Aquiles de los liderazgos de la derecha desde que Joaquín Lavín irrumpió a fines de los 90.

Las propuestas que ha empujado Desbordes tienen más que ver con ese estilo de posicionamiento cercano a las pulsiones populares que con una visión coherente de país que se traduzca en soluciones imaginativas para los problemas que hieren la convivencia nacional. Su posición respecto de una nueva Constitución es una muestra de ello. Lo mismo parece ocurrir con su idea sobre el retiro de una fracción del fondo de capitalización individual acumulado en las AFP. Desbordes se justifica diciendo que son iniciativas concordantes con lo que la gente aspira y necesita. Es muy valioso que la derecha tenga un líder capaz de sentir el dolor de la población y de estar cerca de sus necesidades. Sin embargo, eso no puede transformarse en un fin en sí mismo que solo lo convierte en un comentarista agudo y sensible, no en un líder verdadero. Las crisis no solo prueban al pueblo que las sufre, sino también a los líderes que ayudan a conducirlo por el camino de la sostenibilidad y el buen criterio.

El 18-O, la pandemia y la crisis económica hacen que, como muchos políticos chilenos, Mario Desbordes enfrente una prueba de fuego. La buena noticia para él es que –a diferencia de la enorme mayoría de sus colegas— está especialmente bien dotado para el desafío. Sin embargo, eso no significará mucho si se estanca y es incapaz de crecer ante la oportunidad que se le presenta. Hasta ahora ha mostrado una habilidad poco frecuente en la derecha para sintonizar con el electorado y dialogar con él, conquistando una posición que casi tiene en ese sector. Esa es una condición necesaria para alcanzar la consolidación. Pero no es suficiente. Desbordes todavía no da el paso significativo –pocos logran darlo— para concebir y encarnar un proyecto de país coherente, original y de derecha. El peligro más obvio es que el posicionamiento privilegiado que ha conseguido termine siendo su perdición. En los próximos meses veremos de qué material está hecho: Mario Desbordes vive una hora crucial. (El Líbero)

Juan Ignacio Brito

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