Lago Colico-Carlos Ortúzar

Lago Colico-Carlos Ortúzar

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Nuestra familia tiene una residencia en Colico desde hace 40 años. La adquisición del terreno está en regla y nunca fue cuestionada. En todo ese tiempo, jamás hubo problemas con los vecinos, sino, al contrario, nos organizamos y administramos por décadas un vivero que dio trabajo digno a muchas de las familias de la zona.

Desde hace pocos años, esta realidad cambió: un movimiento organizado ha venido insistiendo, cada vez con más violencia, que el camino de acceso a nuestro hogar es un camino público. Se sumaron cuatro problemas en este escenario: la dificultad de acceso a la playa para las familias locales, el desconocimiento arbitrario e inexplicable por parte del intendente Jouannet del acuerdo que las partes habíamos alcanzado con el intendente Huenchumilla, la ambición inmobiliaria de algunos propietarios locales que no tienen orilla de playa y que esperan aumentar el valor de su loteo, y la indiferencia de las autoridades locales frente a lamentables hechos de violencia.

Nuestros esfuerzos por arreglar de manera pacífica el problema hablan por sí solos: aclaramos en tribunales que tal acceso no es —ni nunca fue— público y habilitamos, junto a otros vecinos del lago y en conjunto con las autoridades, un acceso público a la playa que se encuentra a 150 metros del que pasa por nuestra casa. De este modo se realizaba el derecho constitucional de poder acceder a la orilla del lago.

Sin embargo, hoy la situación es crítica. Nuestra propiedad ha sido atacada y destruida, hemos sido amenazados de muerte a viva voz y por escrito, y en repetidas ocasiones nos han dicho que van a quemar nuestra casa con nosotros adentro. Todo esto a vista y paciencia del alcalde y el concejo municipal de Cunco. La policía, en tanto, se ve atada de manos.

Pedimos, mediante esta carta, que por favor la autoridad política tome medidas para detener esta situación y restablecer el Estado de Derecho. No queremos que la próxima carta sea lamentándonos por el asesinato de alguno de nosotros o el incendio de nuestra casa familiar. (El Mercurio-Cartas)

Carlos Ortúzar Phillips

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