La regla de oro de la democracia-Alejandro Alarcón

La regla de oro de la democracia-Alejandro Alarcón

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Escribo mientras todavía tengo en la retina los graves hechos ocurridos en el edificio del Congreso de EE.UU., también llamado Capitolio, cuando una turba de energúmenos entró por la fuerza, causando daño, tomándose las instalaciones y obligando a las fuerzas del orden norteamericanas a restaurar el dominio de la ley en ese lugar. Después observé la reaccion de muchos políticos y activistas locales, que rechazaron este acto de violencia, olvidándose que ellos mismos habían tenido la misma conducta por meses en nuestro país.

Al igual que aquellos violentistas y los que estan detrás, olvidaron la regla de oro de la democracia: las mayorías gobiernan por mandato popular y las minorías deben someterse al imperio de la Ley, y esperar la oportunidad de acceder al poder una vez que se convoque a nuevas elecciones. El uso de la fuerza para la obtención del poder solo conduce al totalitarismo, y es propio de la ideología facsista. Las mayorías representativas se conquistan con votos, y los depositarios de estos son seducidos por las ideas de quienes aspiran al poder, o sea, son sus representantes.

El enfrentamiento político continúa marcado entre gobierno y oposición por discusiones sobre cómo enfrentar  la violencia delictual desatada principalmente en varios barrios del sur de la Región Metropolitana. Parte de los parlamentarios de la oposición acusaron al gobierno de esta calamidad, el que a su vez respondió pidiendo al Parlamento que despache una serie de proyectos que pretenden detener, dentro del estado de derecho, el actuar de la violencia y la delincuencia, en muchos casos sin freno, que se viene tomando las calles desde el llamado estallido social de octubre de 2019.

Para precisar, este estallido delictual es uno derivado de la convulsión apoyado por la extrema izquierda, frente al silencio de la oposición democrática, al menos en el papel, ambas con un claro objetivo de dañar al gobierno, estrategia que se desarrolló desde antes del 18 de octubre de 2019 tras la derrota electoral que sufrieron en los comicios de 2017. Una estrategia absolutamente anti democrática que dio lugar a un plebiscito, cuyos constituyentes serán votados en abril, y que tendrá efectos políticos en todas las agrupaciones partidistas chilenas, y ciertamente en el futuro del país.

El poco apoyo advertido en elecciones primarias por el FA llevó a una profunda crisis entre sus adherentes primarios y/o fundadores, y una convergencia de sus miembros marxistas hacia el PC, el cual se ha abstenido de participar hasta aquí de los procesos democráticos en curso y ha mantenido una férrea doctrina en orden a apoyar a gobiernos totalitarios como los de Venezuela y Cuba, uno saludando con entusiasmo la revolución de hace 62 años y el otro aplaudiendo la “impecable” elección del parlamento venezolano, indicado como fraudulento por decenas de gobiernos democráticos en el mundo. Todo ello, en medio de aberrantes violaciones a los derechos humanos en ambos países. Lo inquietante es que esto se da en un trasfondo de apoyo a la violencia, sobre todo por jóvenes. Camila Vallejo, diputada del PC, dijo hace pocos días, que su deseo más ferviente para el nuevo año era ” la liberación de los presos de la revuelta”, cosa compartida por nada menos que la presidente del Senado, Adriana Muñoz. Por tanto, no solo se trata de estrategias que apuntan a dañar al gobierno, sino que también a barrer con el orden institucional vigente y terminar con la democracia. Esto naturalmente hace casi imposible que haya una lista común de la oposición, en las próximas contiendas electorales, incluyendo desde luego la llamada Constituyente, ofrecendo una oportunidad, tal vez única, a la centro derecha, para obtener resultados importantes, en orden a mantener la institucionalidad y la democracia en el país.

Al inicio de 2021 sabemos que uno de los objetivos principales del gobierno es lograr una reactivación sustancial de la economía durante este año, porque el principal problema de la sociedad chilena no es la pandemia, la cual ha enfocado a las autoridades en su mitigación, a través de medidas básicas de aislamiento y sanitarias, y la implementación de un proceso masivo de vacunación del antídoto, el cual debiera alcanzar cerca del 80% a fines de 2021. Este es el estándar que el país necesita para recuperar la plena normalidad.

El principal problema es la recuperación del empleo de la fuerza de trabajo, la causa de inquietud mayor de las familias, porque de ello depende su sustento. Las cifras optimistas que circulan sobre crecimiento de la inversión durante 2021 deben ser examinadas, porque la caída de aquella varible durante 2020, cerca del 15%, exponen a los datos para este año a convertirse en términos estadísticos, sin impacto significativo en la creación de empleos de calidad que hagan sostenible el consumo en el mediano plazo. La cifra indicada por el Banco Central, la cual coincide con mis cálculos, es de 8% de crecimiento en la inversión, pero estimo insuficiente para la recuperación de empleo de calidad y el crecimiento sostenible de la actividad.

Sin estabilidad política no habrá reactivación. Es probable que hacia fines de año la pandemia no sea un factor limitante de la recuperación, pero sí podría ser la inestabilidad política. Frente a esto, los ciudadanos, desde abril, tendrán la oportunidad de empoderarse, rechazar las ideas que los hacen más pobres y que no brindan mayores niveles de bienestar a sus familias. Para ellos la regla de oro de la democracia, debe funcionar. (El Líbero)

Alejandro Alarcón

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