La Moneda paralizada y el miedo a hundirse en un digito de...

La Moneda paralizada y el miedo a hundirse en un digito de aprobación

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Cuando la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) arrojó la dura cifra del 15% de apoyo para el Gobierno de Michelle Bachelet, se prendieron las alarmas en todo el oficialismo. Los timoneles de la Nueva Mayoría se reunieron en forma extraordinaria para analizar el complejo escenario político que graficaba el sondeo y solicitaron, pública y privadamente, una audiencia a la Presidenta Michelle Bachelet para conversar a puertas cerradas del asunto. Ha pasado casi un mes desde entonces y La Moneda aún no da una respuesta a los dirigentes. Peor aún, no ha mostrado ninguna reacción concreta para, al menos, intentar revertir el delicado momento que atraviesa.

Esa suerte de inacción es precisamente lo que más preocupa en varios sectores del Ejecutivo y de la Nueva Mayoría, porque consideran que es el caldo de cultivo perfecto para que el temor que hay en la administración bacheletista, de terminar ostentando el amargo título de ser el primer Gobierno con un apoyo ciudadano que no logre llegar a los dos dígitos, se convierta en el corto plazo en una realidad.

La señal pública más potente para el mundo político era realizar un cambio de gabinete –ministros, subsecretarios e intendentes–, el mismo que se pidió desde el oficialismo y que en el propio seno de La Moneda reconocían como indispensable desde mucho antes de la CEP.

Una vez publicada la encuesta, fue un reclamo público y transversal en la Nueva Mayoría e incluso en Palacio, no porque eso generara un movimiento favorable en los sondeos de manera inmediata –explicaron en la casa de Gobierno– sino porque era un gesto político potente internamente, una demostración empírica de que había un interés y una intención concreta de hacer un cambio de rumbo, de modificar los problemas de gestión gubernamental.

Pero las semanas han pasado una tras otra y no hay indicios de reacción, solo el rumor permanente, el estado de alerta en los elencos de trabajo, el compás de espera que inunda las huestes gubernamentales a todo nivel, tanto en Santiago como en regiones. Esta semana no fue la excepción, se sabe de llamados desde Palacio a autoridades sondeando posibles enroques, de nombres que circulan como eventuales cartas de renovación, pero nuevamente todo se quedó en eso, en versiones.

“Todos los equipos de trabajo están en el limbo y, a estas alturas, ya se vencieron todos los plazos políticos, se perdió la oportunidad, el efecto positivo que pudo generar un ajuste”, se lamentó un alto asesor de La Moneda.

Ese tema va estrechamente unido a otro más profundo. En el propio Palacio hay quienes, resignados, aseguran que más allá de las declaraciones públicas que se hagan sobre diversos temas, lo que es evidente es que “no hay tensión política en La Moneda”, que eso se debe a que el Gobierno “carece de objetivos” y, con un dejo de ironía, grafican la situación de la sede presidencial haciendo el símil con la imagen de las viejas películas estadounidenses del Oeste, esa en que se observaba el desierto, mientras el viento hacía volar un solitario arbusto por el descampado.

“Con este escenario, con las cosas así como están, en cualquier instante se puede llegar a un solo dígito de apoyo en las encuestas”, alertó un influyente inquilino de La Moneda. Dicha advertencia no es solitaria y tampoco es de ahora, porque desde antes que se publicara la CEP, el 19 de agosto, ya había voces en Palacio y en el Ejecutivo que habían alertado que todo indicaba que se rompería el umbral del 20% y que, una vez traspasada dicha barrera psicológica, la caída libre hasta un solo dígito es una ruta rápida y sin escala, si es que no se hacía algo concreto para revertir el escenario.

Una visión que a nivel de analistas políticos es plenamente compartida. El decano de la Facultad de Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad Central, Marco Moreno, es claro al respecto: “El fantasma de pasar a la historia reciente de Chile como una administración que buscaba trasformar el país –a partir de un conjunto de reformas estructurales– y terminar como la con más bajo desempeño en términos de capacidad de Gobierno, es una de las cuestiones que más aflige a la Presidenta, a su equipo estrecho de asesores y colaboradores”.

Moreno agregó que la responsabilidad de esta situación recae directamente en Bachelet y La Moneda, porque “la capacidad de Gobierno es sinónimo de pericia para realizar un proyecto, y esta capacidad de conducción se acumula en la persona del líder –la Presidenta–, en su equipo de Gobierno y en la organización que dirige”.

Más crudo aún, el analista Max Colodro precisó que la posibilidad de caer a un solo dígito de apoyo “es posible, por la espiral de caída en las encuestas que ha registrado el Gobierno que es consistente en el tiempo, ha sido permanente y prolongada. Y eso se retroalimenta con un Gobierno con ninguna capacidad para responder políticamente”. Puso, asimismo, el acento en ese punto y destacó que el error de La Moneda ha sido que, a pesar de su bajo apoyo, “no ha buscado un diseño político para revertir esto y a cambio insiste en que lo importante es la aprobación de las reformas, las mismas que se han visto afectadas por el bajo respaldo del Gobierno y que ahora tienen poco apoyo”.

El analista considera que las señales son claras y que Bachelet se rindió: “Sí, absolutamente, la Presidenta tiró la toalla, ha vivido situaciones personales complejas que no le permiten manejar políticamente los problemas del Gobierno, todo apunta a que tiró la toalla, el desorden, aparentemente no tiene interés en resolver esto y para ella lo único sustantivo es que las reformas queden aprobadas, ese es su único empeño, aunque eso implique que la Nueva Mayoría completa pague altos costos”.

Un punto en el que Moreno coincide, porque el bajo apoyo a la administración bacheletista y a la figura de la Mandataria, producto del “déficit en la capacidad de Gobierno”, tiene y tendrá –dice– un efecto directo en el rendimiento de la coalición oficialista. “Esto sin duda pone en riesgo la viabilidad de una nueva candidatura de la centroizquierda, ya que su base electoral se erosionará tanto por el voto de castigo, de los que concurran a votar, por el mal desempeño gubernamental, así como por la abstención de los que finalmente decidan no participar en las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales”.

“Todos los equipos de trabajo están en el limbo y, a estas alturas, ya se vencieron todos los plazos políticos, se perdió la oportunidad, el efecto positivo que pudo generar un ajuste”, se lamentó un alto asesor de La Moneda.

Colodro agregó que si La Moneda llega a solo un dígito de respaldo, “se va a profundizar todo lo que ya está en la mesa”, la crisis política y de desconfianza que impera en la ciudadanía, pero que el efecto más directo se verá en la carrera presidencial. “La mala actitud que se ve en el Gobierno está incidiendo, la encuesta Cadem muestra a Sebastián Piñera con niveles de apoyo muy superiores a cualquier figura de la Nueva Mayoría y eso no es porque Piñera haga las cosas muy bien o sea un buen candidato, lo que pasa es que nunca había visto un Gobierno que sienta y demuestre que no tiene capacidad de incidir”.

El desorden

Esa falta de conducción política de la Presidenta, de la cual hablan los analistas y reclaman en privado desde la Nueva Mayoría hace meses, quedó una vez más en evidencia esta semana con la sensación de desorden en el seno del Gobierno. El ministro del Interior, Mario Fernández (DC), y el subsecretario de la misma cartera, Mahmud Aleuy (PS), se contradijeron en público sobre la posibilidad de cierre del penal de Punta Peuco, lo que fue mal evaluado internamente en Palacio, considerado un episodio innecesario y que evidencia, precisamente, la ausencia de un liderazgo real que ordene al elenco gubernamental.

El domingo 11 de septiembre, la ministra de Justicia Javiera Blanco respondió ante los cuestionamientos por los supuestos beneficios de los militares (r) que cumplen condena en Punta Peuco por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.

Al día siguiente en la mañana, en una entrevista radial en T13, Aleuy refrendó lo dicho por la secretaria de Estado, dijo que los reclusos de dicho recinto no tienen privilegios distintos a los de otras unidades penales del país y, si bien reconoció que es importante el cierre de esa cárcel “por un tema simbólico”, fue franco en precisar que una medida así requiere recursos y que, en la actual situación económica, ello no es viable. “Mientras la situación financiera sea la que es, va a haber que esperar (…) las decisiones políticas en todos los gobiernos, más allá de la decisión de la Presidenta, tienen una variable objetiva que es la financiera”, precisando que con el país creciendo a menos del 2% “no se puede gastar en todo”, uno tiene que “optar”.

Pero solo un par de horas después, el ministro Fernández lo contradijo públicamente y aseguró que sobre el tema de Punta Peuco “no hay nada que descartar”. Luego, la ministra Blanco agregó que “es una decisión presidencial que, en el caso que se tomara, se va a anunciar, por lo tanto, es inoficioso estar especulando sobre la materia (…) aquí hay una sola postura, que al ser decisión presidencial, si se toma, se anunciará. Hoy no hay decisión al respecto».

Mismo desorden interno que, reconocen en el Ejecutivo, se dio las semanas anteriores cuando tomó fuerza el debate por la intención de derogar la Ley Reservada del Cobre. Hay distintas y contradictorias opiniones en el propio Gobierno y, aunque el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, ha sido la voz de la cautela en este tema y ha puesto paños fríos, con el respaldo de varios de sus pares, lo cierto es que en La Moneda reconocieron que –a pesar de la insistencia de sectores de la Nueva Mayoría otra vez–, no se sabe aún qué se hará con el tema, si se marcará una ruta o se dilatará para que el próximo Gobierno, porque Bachelet no ha dado ninguna señal concreta internamente al respecto que ordene a los actores en juego.

Si bien hubo un buen atisbo de reacción oportuna de la Presidenta al hacerse cargo de la demanda ciudadana de un cambio en el sistema de pensiones, con la cadena nacional que hizo al respecto y la convocatoria a un pacto nacional para modificar las actuales reglas del juego, en el Gobierno ya observan que ese impacto se ha diluido, que las reuniones casi diarias de Bachelet con diferentes actores han perdido interés, peso político e influencia.

Esa inacción presidencial no pasa inadvertida en Palacio. Entre quienes conviven cotidianamente con la Presidenta, que la ven en reuniones, que asesoran desde distintas oficinas a los principales ministerios políticos, coinciden –lamentándose– en señalar que “el Gobierno no está vivo”, que no se puede desconocer que “no genera ninguna expectativa”, que “dejó de ser una fuente de decisión” y que la Mandataria actúa con “cierta distancia de todo”, «como si ya no estuviera aquí”, como “si ya se hubiera ido”.

Ese ambiente no solo afecta a las huestes gubernamentales, sino que también traspasa las paredes de La Moneda y, según afirman en la propia administración bacheletista, no solo ha alimentado una sensación de estancamiento interno sino que además ha mermado el compromiso político en el oficialismo. Eso, agregaron, se ha traducido en problemas reales desde Palacio en pos de encontrar un elenco de figuras para renovar a ministros, subsecretarios e intendentes dispuestos a navegar los próximos 18 meses en este clima y, sobre todo, con poco tiempo y espacio para dar un giro concreto.

El Mostrador/Agencias

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