Investigación y cooperación público-privada-Álvaro Fischer

Investigación y cooperación público-privada-Álvaro Fischer

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El desarrollo integral del país requiere como condición necesaria, aunque ciertamente no suficiente, la creación de valor. Solo así el Estado contará con los recursos requeridos para enfrentar el simultáneo desafío de otorgar derechos ciudadanos, atender las necesidades de los más vulnerables y crear bienes públicos que colaboren a satisfacer los proyectos de vida de sus habitantes.

En el siglo XXI la creación de valor se sustenta en el conocimiento. Para ello, es necesario crear conocimiento por medio de la ciencia, aplicarlo mediante la tecnología, generar valor innovando a partir de ambas, e implementar productivamente todo lo anterior con emprendimiento, impulsando un ecosistema que contemple esas actividades mediante una multitud de nodos profusamente interconectados.

Los esfuerzos que el Estado haga para promover ese ecosistema, aportando recursos al desarrollo científico-tecnológico e incentivando la innovación y el emprendimiento, apoyan y estimulan al sector privado a “empaquetar” ese conocimiento produciendo bienes y servicios crecientemente más sofisticados y valiosos. Como resultado de ello, se profundiza la base tecnológica del aparato productivo privado, el que comienza a requerir más conocimiento para introducir más innovaciones que generen más valor, en un proceso que se autoalimenta. Así, la conexión público-privada se hace más estrecha y se transforma en virtuosa.

En los países desarrollados es el sector privado el que aporta la mayor parte de los recursos invertidos en investigación y desarrollo; en cambio, en el nuestro es al revés. Las relaciones entre el sector público y el privado en estas materias son aún incipientes y queda todavía un amplio espacio para crecer y profundizarlas. Ello requiere expandir los ámbitos de cooperación público-privada y, simultáneamente, reducir los espacios de desconfianza que aún subsisten.

El reciente convenio de colaboración celebrado entre la ANID (Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo) y la Fundación Angloamerican es un interesante esfuerzo en esa dirección. Se generó a partir de la valiosa convocatoria hecha por la Fundación Encuentros de Futuro (organizadora del Congreso del Futuro) y Angloamerican a investigadores en ciencias naturales y sociales para identificar brechas de conocimiento en los ecosistemas de montaña y el impacto del cambio climático en ellos. De esa búsqueda temática surgió la necesidad de profundizar el conocimiento en Agua y Glaciares, Resiliencia frente a Eventos Naturales, Conservación de la Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, y Clima.

Ello dio lugar a un posterior memorándum de entendimiento entre la ANID y la Fundación Angloamerican. Ambas aportarían 3,5 millones de dólares a un fondo operado por ANID, y en el que se establece expresamente que “ANID tendrá total potestad” sobre dichos fondos, y que la Fundación donante “no podrá participar en los procesos de elaboración de bases, postulación, evaluación o seguimiento de los proyectos que se adjudiquen”.

A pesar de esa explícita redacción, la desconfianza aludida llevó a los científicos convocados a restarse de firmar las conclusiones de la convocatoria inicial y, posteriormente, a la Comisión de Medio Ambiente del Senado a manifestar cuestionamientos al Convenio por considerar que subsistían conflictos de interés tras la donación. Ello, a pesar de que las recomendaciones de la OCDE y la experiencia internacional apoyan el que las empresas aporten a la investigación y formación de conocimiento público en materias de su incumbencia, porque, de esa manera, el sector productivo en el que están insertas y el país como un todo se benefician de un conocimiento que pasa a ser un bien público. Naturalmente, esas investigaciones deben ser hechas evitando los conflictos de interés, que es lo que ANID buscó en el mencionado memorándum.

Para que el país se incorpore a la sociedad del conocimiento es indispensable que esa desconfianza se corrija. Ello requiere de protocolos adecuados y de conductas consecuentes de los actores públicos y privados que tengan consistencia en el tiempo. Este convenio fue un esfuerzo diseñado en esa dirección, aunque siempre pueda ser perfectible. Si el esquema de confrontación basado en la desconfianza continúa, se desincentivará al sector privado a que aporte más al desarrollo de la ciencia. En ese caso, la oportunidad de impulsar la cooperación público-privada en investigación sufrirá un nuevo retroceso, retrasando aún más la incorporación del país a la sociedad del conocimiento y, como consecuencia de ello, a su desarrollo. (El Mercurio)

Álvaro Fischer
Presidente del Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo

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