Intuiciones morales-Álvaro Fischer

Intuiciones morales-Álvaro Fischer

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Los Dres. Medel, Fuentes y Guiñez critican que haya relacionado la idea de intuiciones morales surgidas en nuestro pasado cazador recolector con comportamientos humanos actuales (Tooby y Cosmides de la U. California, Santa Barbara, las llaman “heurísticas morales”). Señalan que “tal vez nunca sepamos” si las presiones de selección que moldearon los rasgos mentales humanos “realmente existieron”, y terminan afirmando que pretender referirse a ello estaría “fuera del ámbito de la ciencia”.

La evolución por selección natural es el proceso que retiene selectivamente los rasgos que mejor permiten sobrevivir y reproducirse a los individuos de cualquier especie en su interacción con el entorno. De allí la afirmación del gran biólogo ucraniano del siglo XX, Theodosius Dobzhansky: “nada tiene sentido en biología sino a la luz de la evolución”. Intentar describir dichos rasgos no está “fuera del ámbito de la ciencia”. Es el ámbito de la ciencia.

En efecto, hay más de cuatro décadas de investigación científica empírica que lo atestiguan, en psicología evolucionaria, ecología conductual, antropología biológica y evolutiva, entre varias otras disciplinas. Ellas han sido acompañadas de tecnologías como la resonancia magnética funcional y ciencias auxiliares como la estadística y la computación. Siempre se han apoyado en cuidadosos experimentos, repetidos bajo diferentes escenarios, además de innumerables observaciones del comportamiento humano en los más diversos entornos culturales, desde el cazador-recolector al digital. Ese trabajo ha sido hecho bajo estrictos protocolos científicos y publicado en revistas de reconocido prestigio.

Asimismo, y en referencia a mi columna, como la arquitectura neuronal de nuestro sistema nervioso central fue moldeada por selección natural, los fenómenos cognitivo-emocionales que dan lugar a las intuiciones morales también son sujeto de escrutinio científico (por ej., Karen Wynn et al, U. de Yale; Oliver Curry y equipo, U. de Oxford, y Reneé Baillargeon, U. de Illinois).

Mis contradictores mencionan al viejo darwinismo social como ejemplo del mal uso de la biología para explicar el comportamiento humano, y tienen razón. Pero los hallazgos de Hamilton (Oxford) en 1964, con la “selección de los parientes”, y de Trivers (Harvard) en 1971, con el “altruismo recíproco”, así como las explicaciones a que ellos conducen, permitieron superar hace tiempo esa mancha moral. Otra objeción, la de Stephen Jay Gould a las llamadas “just-so stories” del pasado cazador-recolector, también ha sido descartada por esas cuatro décadas de investigación.

Finalmente, el propósito de mi columna no era defender un supuesto inmovilismo social, como erróneamente ellos sugieren, sino indicar que los buenos resultados en las políticas públicas solo se obtienen si se hacen cuidadosos análisis de sus consecuencias. No es suficiente basarse en intuiciones morales —surgidas adaptativamente, pero en entornos distintos— por más arraigadas que estén en nuestra mente o más apropiadas que nos resulten en muchas circunstancias de nuestras vidas. (El Mercurio Cartas)

Álvaro Fischer

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