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Estrategia de recurrir al TC para bloquear 2º retiro produce ruido en La Moneda

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De las pocas cosas en que coinciden todos al interior de La Moneda es que, por más que se intente posicionar el concepto de convicción en la idea de recurrir al Tribunal Constitucional (TC), no es “creíble”. En Palacio existe un disgusto generalizado por la apuesta del Mandatario de haber optado por tensionar la relación con el Congreso, en vez de haber buscado anticipadamente una fórmula de consenso al interior del oficialismo en los tiempos en que la discusión del segundo retiro del 10% lo exigía. Sin embargo, por razones que no todos se explican, se prefirió esperar hasta último minuto.

La molestia nace de los oídos sordos que, tanto desde Presidencia como desde el segundo piso de Palacio –comandado por el jefe de asesores Cristián Larroulet–, se hizo ante las reiteradas advertencias desde el oficialismo sobre el error político de repetir el mismo guión que se aplicó a la tramitación del primer retiro de fondos, es decir, esperar a cómo se desenvolvía el trámite en el Congreso, sin buscar protagonizar la discusión. Un camino que también –alertaron– arrastraría a Chile Vamos a una nueva y profunda crisis.

La falta de estrategia, de visión política y un “nuevo mal diagnóstico” serían los responsables –acusaron– de las “evidentes” contradicciones con las que se presenta el Gobierno y que, por consiguiente, han decantado en la incomodidad de varias autoridades, lo que ha rebotado directamente en la figura del Presidente, Sebastián Piñera, dada su condición de primer responsable de la conducción política de su conglomerado.

La decisión presidencial de haber esperado hasta último minuto para recurrir al TC, a solo tres días de ser votado el proyecto en segundo trámite en el Senado, generó miradas disímiles acerca de cuáles pueden ser los reales costos de la estrategia que asumió La Moneda y respecto a si, de salir todo como se pensó, valió la pena el riesgo que se corrió, considerando la debilidad en la que se encuentra la figura del Jefe de Estado.

Previo a la sesión de la comisión conjunta de Trabajo y Hacienda en el Senado, que determinó que hoy se vota en general el proyecto del Ejecutivo y, de prosperar, también en particular durante la tarde, ya había indicios de que no todo estaba bajo control. A la incertidumbre sobre cómo votarán los senadores Iván Moreira, Manuel José Ossandón y el RN Juan Castro el proyecto de iniciativa parlamentaria que ya fue aprobado por la Cámara de Diputados y Diputadas, se sumaron los descuelgues anticipados de los diputados (RN) Tomás Fuentes, así como sus pares Francisco Eguiguren y Álvaro Carter.

En el caso de Fuentes, este advirtió que no estaba dispuesto a aprobar el proyecto si contenía el acápite que apostaba al “autopréstamo”, es decir, la obligación de reembolsar lo retirado. Más allá de eso, hizo eco de la molestia generalizada que indica que “lamentablemente, el proyecto original del Gobierno no soluciona los problemas de los chilenos, llega tarde, presenta una alternativa muy diferente a la que presentamos en la Cámara”, un recordatorio claro de que la misma iniciativa que La Moneda decidió arrastrar hasta el TC, contaba con la venia de sus propios parlamentarios.

En el caso de Eguiguren, este llamó a volver al diálogo y, al Gobierno, a retirar el requerimiento ante el Tribunal Constitucional: “No es la forma de resolver las cosas”, dijo. Carter, en tanto, apuntó a que “el problema es que al final el Gobierno llega tarde a todo, no cumple con las expectativas ni entrega bien los beneficios, es difícil poder entender qué está haciendo el Gobierno, es una especie de cumpleaños, donde cuando se enoja el cumpleañero, se acaba la fiesta”.

Tampoco es una señal menor el hecho de que el presidente de la Cámara de Diputados y Diputadas, Diego Paulsen (RN), notificó ayer a La Moneda que, tras el acuerdo de los comités parlamentarios, se hará ante el TC una defensa institucional a favor del proyecto de segundo retiro, que ya fue aprobado por esta rama del Congreso por 130 votos a favor. De esta manera, el Gobierno, otra vez, se metió de lleno “en un pantano” y casi sin opciones de explicar “con sensatez” a la ciudadanía las razones de su actuar.

Otro autogol –reconocieron en Palacio– que una vez más deja al propio Mandatario en el centro de una discusión de la que es altamente probable que salga trasquilado, y lo que más preocupa internamente en el Gobierno, es que Piñera cada vez cuenta con menos capital político para salir a flote.

Pero lo que tiene realmente incómodos y preocupados a muchos en La Moneda es el permanente error de diagnóstico gubernamental, lo que en varias oportunidades ha arrojado resultados totalmente adversos, como lo fue recientemente el creer que, tras el plebiscito, sería Chile Vamos el sector que demostraría unidad, o que el avance de un segundo retiro de fondos en el Congreso no llegaría a generar una crisis política interna como ocurrió con el primer proyecto en julio.

DOS BANDOS, DOS ESCENARIOS

En el Gobierno hay dos sectores enfrentados, que tienen cada uno dos escenarios diferentes, los que no coinciden en cómo se “está conduciendo el buque” de la administración piñerista y que, en gran medida, constituye la razón de los múltiples desencuentros entre los propios ministros.

Un sector del Gobierno habla del riesgo “extremo” por el que optó La Moneda, ya que, de darse el peor de los escenarios –es decir, que se apruebe el primer proyecto y se rechace el que se presentó paralelamente–, el Presidente simplemente quedaría “a la deriva”, con un grado muy bajo de credibilidad entre los suyos, lo que complicaría cualquier tipo de gestión coordinada en el corto y mediano plazo. Esto, sumado a una aprobación ciudadana que llega cuando mucho al 16%, según la última encuesta Criteria, agudiza a niveles extremos el síndrome del pato cojo y la sensación en el oficialismo de que en un año electoral «no es negocio aparecer con el Gobierno”.

Otro grupo plantea un segundo escenario menos dramático, porque, de “salir trasquilado” Piñera por el fracaso de la estrategia de mano dura que aplicó desde la semana pasada, esto no implicaría una gran caída política, pues ya está “en el suelo” y, por ende, el riesgo estaría controlado. Pero incluso entre quienes comulgan con esta lectura, existen también reparos en el sentido que el Mandatario sigue actuando como si el plebiscito del 25 de octubre nunca hubiese existido y bajo la lógica de querer recobrar a como dé lugar el desfonde del electorado tradicional de derecha, lo que implica gobernar para hacer guiños al ala “más tradicional” de la coalición, a costa de poner en un dilema a una institución ya cuestionada como es el TC, por un problema cuya solución siempre ha sido política.

No por nada, la maniobra del proyecto propio de retiro y recurrir al TC responde a la solicitud que le hicieron los jefes de bancada de Chile Vamos, ligados al sector más duro del oficialismo y que estuvo con el Rechazo. Si no –recalcaron–, no se explicaría que tanto José Antonio Kast como la timonel de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, “hayan estado callados todos este tiempo”.

Fuentes de Palacio afirmaron que el panorama es complejo, puesto que los senadores Moreira, Ossandón y Castro ya le habrían notificado al Gobierno sobre la dificultad de rechazar el proyecto que despachó la Cámara, debido principalmente a que La Moneda actuó a destiempo y eso los obligó a dejar plasmada públicamente su posición y, en consecuencia, que el costo de “darse vuelta” ahora sería demasiado alto. Igual, los tres senadores habrían comprometido sus votos para el proyecto gubernamental.

Cabe la posibilidad de que ambos proyectos, el de los diputados y diputadas y el del Ejecutivo, sean aprobados en el Senado al mismo tiempo, para quedar a la espera de la resolución del TC sobre el primero y, también, en caso que el Tribunal Constitucional rechace el requerimiento del Gobierno, este se vería obligado a retirar su iniciativa, una posibilidad que nadie quiere imaginarse.

Ante el escenario adverso que enfrenta, ya está claro que, con tal de salvar la iniciativa presidencial y evitar una derrota de la estrategia en marcha, están dispuestos a una serie de concesiones para que dicho proyecto no fracase y, por lo mismo, el único punto que mantendría la categoría de “sagrado” es el del pago de impuestos a los sueldos más altos, ya que esa es la justificación que se ha dado a la ciudadanía en estos días, para tapar el déficit político implícito en su actuar.

Si bien la defensa oficial de Palacio esgrime que había que poner límites, y que el hecho de haber llegado al TC al menos dejaría establecida la posición que apunta a que se estaría obrando de manera inconstitucional, el ruido interno que dejó la decisión tiene a varios –confidenciaron– con los nervios de punta. (Por Hernán Leighton, El Mostrador)

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