Esto también pasará-Jaime Jankelevich

Esto también pasará-Jaime Jankelevich

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Los tiempos que corren hoy en el país son difíciles, complejos de resolver y políticamente inmersos en un ambiente muy polarizado.

La semana que pasó continuó aumentando la violencia terrorista en la Araucanía y siguió complicándose el conflicto de los huelguistas de hambre, que no desisten, porque como se autoproclaman presos políticos, quieren privilegios carcelarios, cuando son simples delincuentes y criminales condenados por la justicia.

En el Congreso tenemos otro problema grave, porque además de no respetar la Constitución, el miércoles pasado el Senado desconoció las decisiones de los poderes Ejecutivo y Judicial, impidiendo que asumiera como ministro de la Corte Suprema el juez Raúl Mera, no por incompetencia jurídica, sino por razones políticas. No les gustó un fallo que fue ratificado hasta por la Corte Suprema, pero a los que votaron en su contra, simplemente eso no les importó.

Y no podemos dejar de mencionar el plebiscito y las consecuencias para su realización que le impone la pandemia. Recientemente, el ministro Paris declaró que los contagiados tiene derecho a votar y que se tomarían medidas para que pudieran hacerlo, entrando por algún lugar diferente al resto de los votantes, y los vocales de mesa tendrían que ser personas que ya padecieron el virus y teóricamente poseerían inmunidad. Si en marzo se aplazó la votación de abril, cuando la pandemia recién empezaba, la situación actual es infinitamente peor. Entonces, ¿por qué ahora sí se podría votar, desconociendo todo el esfuerzo que hemos hecho para contener los contagios y no se estimó prudente hacerlo en condiciones con mucho menos casos de Covid? Lamento decirlo, pero que caminen contagiados libremente por las calles sería irresponsable.

De esto no se conversa ni tampoco sobre la legitimidad del proceso en caso de una abstención masiva por miedo al contagio. Si votara el 30% del padrón electoral, ¿se podría declarar legítimo el resultado? Esto se debe conversar ahora y no esperar que algo así ocurriera para plantearlo.

Otro problema que enfrentamos es el continuo discurso desmoralizador de la izquierda, machacando en las conciencias menos informadas que el modelo de desarrollo fracasó porque aumentó las desigualdades, que vivimos en un país injusto, que los empresarios son unos abusadores, que el lucro es inmoral y que todo lo que propone y hace el gobierno es insuficiente y malo, con lo que justifican su “oposición automática” a cualquier iniciativa oficial.

Creo entonces que es hora de hablarle al país, con la verdad, sin eufemismos y de manera simple y clara, explicándole las graves consecuencias de la crisis del 18-O, su saldo de violencia y destrucción y también las de la pandemia. Que ambas crisis nos empobrecieron; que nos vamos a gastar todos los ahorros; que nos estamos endeudando; que muchas empresas serán insolventes; que el desempleo será enorme; que el mundo nos verá como un país menos atractivo por ser más riesgosos y que todo eso hará más difícil atraer inversionistas.

Pero también hay que explicar que existen dos soluciones probadas y exitosas para revertir esa situación.

La primera estará en nuestras manos en las próximas elecciones. La segunda es arremangarnos la mangas, apretarnos el cinturón y ponernos a trabajar duro, con entusiasmo, generosidad y dedicación, para crecer y desarrollarnos económica y humanamente, creando empleo, recuperando las confianzas en nuestra capacidad emprendedora y educando a la gente a no creer en recetas mágicas ni tampoco en las falsas y fracasadas promesas de un mundo mejor por obra y gracia del socialismo.

Chile nos necesita. Cuando recuperemos la normalidad, ¡manos a la obra y a trabajar, que esto también pasará!  (El Líbero)

Jaime Jankelevich

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