En el campo de batalla

En el campo de batalla

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En una parábola escrita por Franz Kafka se describe al ser humano tensionado entre el pasado y el futuro, intentando encontrar un punto de perfecta objetividad. El escenario es un campo de batalla en el que enfrenta a dos adversarios. El primero le amenaza por detrás, desde los orígenes, en tanto el segundo le cierra el camino hacia adelante. Se trata de la natural tensión entre pasado y futuro propia de momentos de convulsión en los que se sublima la emoción por encima de la razón y en el que el hombre vive en el intervalo que existe entre uno y otro tiempo.

Frente a este delicado equilibrio, no podemos ni debemos anclar nuestro pensamiento en la mera percepción de los sentidos. Para evitar el error o el engaño es indispensable la sana sospecha de la razón, tan ausente en nuestro actual pensamiento político.

Hace dos años nos dijeron que “no eran 30 pesos, sino 30 años” para justificar la inédita violencia desatada y el desafío al estado de derecho. Para algunos sonaba hermosa la consigna. A partir de entonces, nuestro país golpeado por la pandemia y la anomia entró en un voraz deterioro institucional de la mano de un descarado populismo electoral. Ya se evidencian las primeras fallas geológicas de la nueva utopía política. La inflación ya no es una amenaza vacía de economistas, sino que una realidad en que el aumento del costo de la vida cala hondo en los bolsillos de la ciudadanía como una premonición de los duros tiempos que se avecinan.

En un mes más elegiremos a quienes conducirán a Chile. Lo que estará en juego no serán 30 pesos, sino que los próximos años. Si cambia todo el paradigma y como pretenden algunos, abandonamos nuestro modelo de desarrollo, muy pronto se valorarán los 30 años pasados y también los 30 pesos. En un país empobrecido, con acceso reducido a créditos, con tasas elevadas de desempleo, con disminución del ingreso familiar, sumido en un proceso de estanflación, recordaremos lejanamente la frívola frase y no será hermoso.

También estará en juego el estado de derecho. ¿Se respetarán las leyes o se privilegiaran las trampas y resquicios como hace la Convención Constitucional? ¿Se respetarán los tratados internacionales suscritos por Chile? ¿Se aplicarán los principios del debido proceso, la cosa juzgada, el carácter de ultima ratio del derecho penal, o serán años de purgas y persecuciones ilegítimas por parte de un Ministerio Público desesperado en busca de una esquiva popularidad?

Tocqueville en “La democracia en América” escribió que “toda vez que el pasado dejó de arrojar su luz sobre el futuro, la mente del hombre vagó en la oscuridad”. Al negar nuestro pasado reciente Chile se sumió en la desorientación. Hoy debemos descifrar cómo retomar el camino de gobernanza y libertad, para alejarnos de la aventura de ideologías extremas que socavan la democracia. (La Tercera)

Gabriel Zaliasnik

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