El verdadero debate

El verdadero debate

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Corfo está intentando adjudicar, en una decisión que confiamos será revertida, el nuevo Instituto de Tecnologías Limpias a AUI, un consorcio que ofrece servicios de administración de instalaciones de investigación. Se desechó así el proyecto presentado por el consorcio ASDIT, liderado por la Corporación Alta Ley, en el que participan 11 de las principales universidades del país junto a importantes empresas nacionales e internacionales del área, centros de investigación de primer nivel mundial y destacadas universidades extranjeras.

Con esta opción culmina una serie de decisiones presupuestarias que explícitamente se abstienen de incentivar un desarrollo científico y tecnológico para Chile. Lo hace con una convicción apasionada y obstinada que parece no conocer límites. Ha surgido así la pregunta de si no habría, en algunos, una voluntad consciente de impedir que desarrollemos ciencia y tecnología propias.

Desde nuestra Universidad pluralista, consideramos que todo debate es legítimo. El actual se podría formular así: dada la globalización de la economía, no deberíamos acaso seguir descansando en una división mundial del trabajo donde el desarrollo científico y tecnológico, que requiere de grandes inversiones, sea asumido por un grupo restringido de países desarrollados, los cuales, además, cuentan ya con prácticas y conocimientos acumulados imprescindibles para hacer ciencia relevante.

En un sentido muy profundo, y con toda la carga emocional de la analogía, esta discusión reedita una que tuvo lugar en las primeras décadas del siglo pasado acerca de la enseñanza primaria obligatoria. Aquella fue una discusión interesantísima en que algunos afirmaron que no tenía sentido educar a hijos de campesinos o gente marginal y que los recursos que se requerirían para ampliar la cobertura si la educación se hacía obligatoria, podrían ser mucho mejor aprovechados en otros fines. En ese momento, es bueno recordarlo y está documentado, hubo quienes dijeron que más educación para los pobres solo generaría falsas expectativas, frustración y hasta rebeldía.

La analogía entre educar o no a los niños pobres hace un siglo y desarrollar o no ciencia y tecnología en países con industrialización precaria hoy tiene reverberaciones económicas y políticas. Está en juego la posibilidad de cambiar la matriz productiva del país, así como la interacción entre Estado, academia e industria, con obvias implicancias en la calidad de vida de la población y en la redistribución del ingreso.

Es también una cuestión de soberanía nacional, como lo ejemplifica la desafortunada decisión de haber desmantelado nuestro centro de producción de vacunas. Curioso, al respecto, que los jueces extranjeros hayan valorado más a nuestras universidades que los locales.

Preocupa que esta decisión pueda traducirse en un freno al desarrollo de capacidades tecnológicas para nuestra industria. Las iniciativas estratégicas se sustentan en la formación de especialistas, la innovación en las empresas, el desarrollo regional y territorial, el futuro de la macrozona norte, la primacía de los criterios de sustentabilidad, la internacionalización, y la instalación de trabajo colaborativo entre el mundo productivo y los centros de investigación, elementos que representan el corazón de nuestra propuesta.

Comunicacionalmente, se ha usado el nombre de universidades norteamericanas muy prestigiosas que, en realidad, no tenían participación alguna en la propuesta adjudicada. A mayor abundamiento, una sola de ellas participaba efectivamente en las postulaciones, aportando incluso recursos, y lo hacía asociada con nuestra universidad en la propuesta desechada.

No se trata de abogar por una suerte de “proteccionismo intelectual”, pero es imposible de entender que en un concurso de esta naturaleza no se evalúe el impacto diferencial que las propuestas tendrían en el futuro de las instituciones responsables de desarrollar la ciencia y la tecnología en el país.

Pensábamos que estábamos conversando sobre la idoneidad y pertinencia de un concurso Corfo, pero quizás, en vez, estemos abriendo la discusión política más relevante que se pueda concebir acerca del futuro de nuestro país. En buena hora. (El Mercurio)

Ennio Vivaldi Véjar
Rector Universidad de Chile

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