El desafío de Delgado: demostrar que puede liderar reforma a Carabineros

El desafío de Delgado: demostrar que puede liderar reforma a Carabineros

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Si es un punto a favor para él lo que ocurrió esta mañana, eso está por verse. Al menos es lo que ven en la oposición, la misma con la que Rodrigo Delgado debería negociar y amarrar el gran débito que heredó de sus antecesores, y que ahora asoma como un apremio más acuciante: la reforma o modernización de Carabineros.

La palabra clave acá es velocidad; en Interior precisaban hoy que los planes en curso se van a apurar con la llegada de Ricardo Yáñez al mando. En eso están trabajando con la Unidad Coordinadora que mezcla a ministros, subsecretarios y asesores independientes que se reúne cada jueves -hoy también- y que tendrá una jornada larga en Palacio este sábado, según el jefe de gabinete anunció esta mañana durante la sesión especial a la que la Cámara de Diputados lo había citado ayer. Pero también queda por despejar qué alcance tenga, y qué rol tendrá un ministro del Interior que ayer cumplió apenas dos semanas lidiando con instalarse y con el reparo a su falta de contacto con la oposición.

“Tiene un poco más de tiempo, pero debe impulsar rápidamente la reforma y dar más señales en el sentido de que Carabineros comience a respetar los propios protocolos que se han fijado. Tiene un respiro, pero si no hay una reforma profunda, esto será como una silla musical. Cuando nos reunamos con él se lo vamos a plantear, porque si el Presidente anda diciendo que fueron personas accidentadas en Talcahuano, cuando fueron niños baleados, parece que no hay mucha disposición a que esto se esclarezca”, espeta el presidente PPD Heraldo Muñoz. Insiste en que lo ocurrido “le da un respiro, porque le da cierto piso”.

Algo parecido cree el jefe DC Fuad Chahin: “Delgado queda fortalecido, creo que él siempre tuvo dudas de que confirmaran a Rozas. Pero esto le puede durar muy poco si es que no es capaz de impulsar dos cosas: la reforma aún pendiente a Carabineros y que exista una disciplina institucional en Carabineros, de tal manera que cumplan sus propios protocolos y que sean capaces de ser eficaces en el control de la seguridad y el orden público y el pleno respeto a los derechos fundamentales de las personas”.

Hay otro punto crítico que plantea el ex subsecretario del Interior, el senador PPD Felipe Harboe, porque cree que “fue solo una coincidencia. Si no hubiese habido cambio de ministro y hubiese pasado lo de ayer en Talcahuano, Rozas habría salido igual. El ministro tiene que meterse bien en los temas, conocerlos bien y tomar él el control de la reforma a Carabineros, y no dejarla en la subsecretaría (del Interior, a cargo de Juan Francisco Galli). Si logra que la reforma avance mucho más rápido, creo que tendrá un punto a favor”. E insiste en que “si no haces inmediato una reforma, si no re entrenas a un grupo de oficiales en base a nuevos protocolos, puedes generar un nuevo problema como Pío Nono o lo de ayer”.

Y el jefe PS Álvaro Elizalde cierra con un “espero que el ministro Delgado esté a la altura del desafío imprescindible de reformar los planes de formación a los oficiales y suboficiales, con énfasis en derechos humanos, y en establecer mecanismos de control interno y externo, para garantizar que el quehacer policial siempre esté dentro del Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos”.

SEÑALES PREVIAS DE DELGADO

Todo esto nos lleva a la pregunta de en qué estaba el debutante ministro en esta área, y qué pistas ha dado en estas dos semanas. Tanto en la reforma como en la urgente solución al asunto de los protocolos policiales. En este último, hoy precisaban en Interior que no existe un protocolo policial específico ante situaciones como la que ocurrió en el hogar de menores; lo que operan -esto es lo que afirman en esa cartera- son las reglas generales de respuesta ante ataques contra la fuerza policial. Es decir, ante riesgo vital pueden operar sus armas de servicio.

Como dijo el ministro, los hechos están siendo investigados. Hoy dijo vía zoom ante la Cámara que “algo ocurre donde los carabineros que ingresan se sienten amenazados y hacen uso de sus armas de servicio” y que eso intentan dilucidar. La versión extraoficial en Interior es que hubo menores que las emprendieron contra los uniformados.

Puede haber sido ese uno de los motivos por los que Delgado dijo también hoy que “tenemos que tener una mirada para mejorar lo que ocurren con los protocolos. Cuando uno tiene protocolos, a veces no se incorporan todas las variables, ahí hay que hacer una revisión. Me pongo a disposición para hacerlo” y que “en la geografía o distintas situaciones puede haber que algo que haya que revisar”. Pero también -en un tono radicalmente opuesto a la vocería presidencial de hoy- reiteró que “estas situaciones no deben ocurrir” y que “nos duele lo ocurrido, el Estado debe estar para proteger a estos niños”.

Algo parecido contó el domingo en Tolerancia Cero, cuando dijo que el jueves de la semana pasada se había juntado “nuevamente” con el alto mando. “Les pedí que ajustaran los protocolos una vez más para que este tipo de cosas no volvieran a ocurrir”, dijo.

Como sea, hoy ante la Cámara aseguró que “la reforma va a ser prioridad para mí”.

En sus dos semanas y un día, Delgado nunca dio señales prístinas de cuadrarse a rajatabla con Rozas y casi no lo mencionó con nombre, apellido y trayectoria (como lo hizo Piñera) en las entrevistas y vocerías que ha dado. Cuando le preguntaron el domingo, en el mismo programa, si Rozas seguiría al mando, apuntó que “el general Rozas tiene que presentar el alto mando. Lo presentó 24 horas después de que yo hubiera asumido, y es el Presidente de la República al que le corresponde ratificarlo o no. Y fue ratificado”.

Y luego: “el tema de Carabineros no pasa por un nombre. Mario Rozas es el general director de Carabineros por otros procesos de generales que se fueron a retiro porque el mundo político lo fue pidiendo en esos momentos. Efectivamente hay cosas que mejorar, pero no pasa por un nombre”.

Si Delgado advirtió que a la primera de cambio Rozas debía salir, o si lo puso como condición para suceder a Víctor Pérez, no se ha despejado, pero hay señales. Algunos en la institución creen que el alto mando nuevo se hizo “armando la quina” para la sucesión. Y ese mismo domingo, cuando le preguntaron por los “límites que tendría su lealtad”, no esquivó la respuesta y dijo algo que tal vez valga la pena recordar:

“Creo haber tenido las conversaciones necesarias antes de asumir este cargo y una de las cosas que manifesté en su momento es que tengo posiciones con respecto a ciertos temas, pero este es un cargo oficialista, que requiere tener mucha prudencia en ciertos temas. En el tema de orden público, por ejemplo, yo no aceptaría violaciones a DDHH, no las avalaría, y voy a ser el primero en decir que una persona no siga si eso ocurre”.

¿QUÉ VIENE EN LA REFORMA?

En este mapa, Delgado y su cartera tendrán que acelerar la reforma. El trabajo con la Unidad Coordinadora se centra hasta ahora en cuatro líneas.

Una, definir si la autoridad seguirá siendo Interior o si se resolverá crear un ministerio especial a cargo de la seguridad pública. Ver si es necesario la creación de un ministerio especial. Dos, apurar lo de la carrera y la formación policial, porque el gobierno aún no presenta el proyecto de ley para modernizarlo; ahora dicen que lo harán el primer trimestre del próximo año. Tres, echar a andar un plan estratégico para un sistema de auditoría en materia de gestión policial, que está en su última fase en el Congreso.

Y cuatro, claro, cómo manejar el orden público. Lo que falta es lo más clave: un protocolo macro para encarar manifestaciones y sin descuidar el frente de derechos humanos. Faltan esas normas, por mucho que hasta ahora se haya regulado el uso de escopetas anti disturbios, y que se haya avanzado, dicen, en distinguir manifestaciones pacíficas de otras. Este protocolo macro debería estar listo en lo que queda de año.

Galli se reunía con Yáñez hoy y allá dicen que hay que fijar un cronograma para acelerar todo el plan, pero de momento no se van ejecutar cambios de fondo tras lo acaecido ayer y hoy en la mañana. (La Tercera(

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