El país atraviesa una de las transiciones más complejas de las últimas décadas, marcada por una bicefalia política que se manifiesta en cada decisión de Estado. Mientras el Palacio de la Moneda apura sus últimas 48 horas de definiciones administrativas y legislativas, la figura del presidente electo, José Antonio Kast, ya proyecta una sombra ejecutiva que parece haber adelantado el 11 de marzo.

La jornada de hoy lunes quedará registrada como el inicio del operativo de desalojo más masivo del que se tenga memoria: la megatoma del cerro Centinela en San Antonio. Con un despliegue de 1.000 efectivos de Carabineros y tecnología de vigilancia, el Gobierno de Gabriel Boric se ve en la encrucijada de ejecutar un fallo judicial de la Corte Suprema que choca frontalmente con su promesa inicial de no utilizar la fuerza contra los asentamientos precarios.

La presentación de recursos de protección a última hora y la crítica ácida de la oposición, que acusa “promesas incumplidas”, retratan la fragilidad de un plan de emergencia habitacional que, a pesar de sus cifras de entrega, termina su mandato con una herida abierta en la Región de Valparaíso.

En el plano internacional, la tensión ha alcanzado niveles críticos tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. Las últimas horas han evidenciado una fractura doctrinaria: mientras el ministro Álvaro Elizalde reafirma que Chile no renunciará al derecho internacional y critica la política de “la regla de la fuerza”, el equipo del presidente electo parece alinearse con el nuevo orden regional propuesto por Donald Trump.

El ultimátum de la Casa Blanca a Cuba y el anuncio de una inversión petrolera de 100.000 millones de dólares en una Venezuela “bajo nueva administración” han dejado a la diplomacia chilena en una posición incómoda. El contraste es total: Boric defiende la soberanía; Kast, ya proclamado oficialmente, centra su discurso en la seguridad fronteriza y el control migratorio que este nuevo escenario podría desencadenar.

UN GABINETE POR GOTEO Y EL DESCARTE DE KAISER

En la política interna, el diseño del futuro gobierno ha dominado la conversación. La estrategia de Kast de revelar nombres “por goteo” —como los de Jorge Quiroz en Hacienda o Claudio Alvarado en Interior— ha servido como un termómetro para medir la temperatura de los mercados y de sus propios aliados.

Sin embargo, el descarte rotundo de Johannes Kaiser para integrar el gabinete ha sido la noticia política del fin de semana. Al pedir que lo dejen “fuera de las discusiones”, el líder del Partido Nacional Libertario no solo marca una distancia personal, sino que evidencia las tensiones de una coalición que, aunque victoriosa, aún no logra sellar su cohesión interna.

Chile se encuentra hoy entre la gestión de salida de un oficialismo que intenta defender su legado -insistiendo en que “el país no se cae a pedazos”- y la instalación de un gobierno que promete orden y disciplina fiscal. Lo ocurrido en estas últimas horas confirma que la transición no será un traspaso administrativo silencioso, sino un choque de visiones sobre el rol del Estado, la seguridad y el lugar de Chile en un mundo que ha cambiado drásticamente en la última semana. (NP-Gemini)