Desigualdad desde la cuna-Sylvia Eyzaguirre

Desigualdad desde la cuna-Sylvia Eyzaguirre

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29 de Septiembre de 2016/SANTIAGO La investigadora del CEP Sylvia Eyzaguirre durante la Comisi—n de Educaci—n y Cultura del Senado donde se discute el proyecto de ley que crea el Sistema de Educaci—n Pœblica o desmunicipalizaci—n, realizada en el ex Congreso Nacional. FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

Kimberly Noble, una de las académicas internacionales más destacadas en el estudio del desarrollo cerebral infantil, nos presentó evidencia abrumadora: la desigualdad comienza en la cuna. En los primeros 1.000 días de vida desde la fecundación se desarrolla la mayoría de las neuronas y conexiones neuronales, que son la base para los circuitos cerebrales más complejos. Las experiencias y las condiciones ambientales pueden afectar la predisposición genética, produciendo cambios en las funciones neuronales que afectan sus conexiones. Una alimentación sana, un entorno seguro y estimulante, y el apego de los cuidadores principales son esenciales para un desarrollo óptimo del sistema nervioso. Por el contrario, una alimentación carente de nutrientes o abundante en plomo o mercurio, ingesta de alcohol durante el embarazo, ambientes nocivos como violencia, abuso o estrés tóxico durante la gestación y primera infancia pueden llevar a problemas físicos y mentales, afectar el comportamiento y el aprendizaje en etapas posteriores de la vida. La evidencia disponible muestra que estas condiciones y experiencias, adversas al desarrollo cerebral, están altamente correlacionadas con el nivel socioeconómico de la madre.

Las diferencias en el desarrollo cerebral comienzan a manifestarse muy temprano en la vida de los niños, antes de los dos años, y estás tienen un alto grado de correlación con la pobreza. Lamentablemente la cifras en Chile no son auspiciosas. Nuestra población más vulnerable son los niños, que triplican al grupo de adultos mayores en condición de pobreza. Si miramos quienes se encuentran bajo la línea de la pobreza, advertimos que este grupo se compone principalmente de mujeres y niños. Estos datos nos deberían obligar a revisar nuestras políticas para que podamos efectivamente llegar oportunamente a quienes en verdad más lo necesitan. Uno de los proyectos de ley que apunta en esta dirección y cuya idea de legislar se aprobó esta semana es el de sala cuna para hijos de madres que trabajan. Este proyecto extiende el derecho a sala cuna a los hijos menores de dos años de todas las mujeres que trabajan y cambia la forma de financiamiento, ayudando a la inserción laboral maternal y a eliminar los castigos salariales asociados a la contratación femenina. La participación laboral femenina en Chile es una de las más bajas de Latinoamérica. Una mayor participación laboral femenina ayudará a estas a salir de la pobreza. Este proyecto se complementa con el proyecto de ley que crea una subvención universal para niños de dos y tres años, asegurando así acceso universal a la educación a partir de los dos. Ambos proyectos avanzan en materializar mejores condiciones de vida a nuestros niños y sus familias, de manera de facilitar la inserción laboral maternal así como también la estimulación temprana de los niños.

Sin embargo, aún tenemos un gran vacío en materia de protección infantil. La ley del posnatal de seis meses avanzó en proteger los primeros meses de los hijos de madres que trabajan, pero ¿qué ocurre con las mujeres en condición de pobreza embarazadas? Mientras el Estado entrega hasta un poco más de un millón de pesos mensuales a mujeres trabajadores del decil más rico durante su pre y postnatal, solo otorga cerca de diez mil pesos mensuales a las mujeres embarazadas más pobres del país. Es verdad que el postnatal es una ley laboral y, por ende, no puede suplir las falencias que se encuentran fuera del mundo del trabajo. Pero es el rol del Estado focalizar el gasto precisamente allí donde es más necesario. Actualmente, como país dejamos de recibir cerca de 1.600 millones de dólares anuales por subsidiar el diésel, pero no tenemos un subsidio adecuado para las mujeres embarazadas vulnerables y otro para las madres de niños menores de seis años vulnerables, que según la propuesta del CEP costaría 500 millones de dólares. Es inaceptable que los pobres sigan pagando el costo de beneficiar a los poderosos de siempre. (La Tercera)

Sylvia Eyzaguirre

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