Descontrol de identidad

Descontrol de identidad

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El dilema actual del gobierno no es de “relato” o indefinición estratégica, es de eficacia política: tiene una agenda de reformas ambiciosa, pero no cuenta con las mayorías necesarias para aprobarla. Por tanto, para sacar adelante las complejas modificaciones tributarias o laborales que está impulsando, o hacer cambios sustantivos en el sistema previsional, en las Isapres y el Fonasa, requiere ser capaz de generar acuerdos sólidos y consistentes con sectores de oposición. No hay más alternativa.

El problema es que, en los últimos meses, su iniciativa se ha desdibujado, afectando su interlocución y capacidad negociadora. Desde el caso Catrillanca, no ha podido restablecer una conducción ordenada, que permita aminorar el riesgo de errores comunicacionales y tener a una opinión pública relativamente alineada con sus prioridades. Al debilitarse la conducción se han extraviado el foco y la identidad del proyecto político oficialista, llegándose a la situación presente: errores comunicacionales insólitos (por ejemplo, el Mandatario informa que serán los clientes quienes deberán pagar los medidores inteligentes del consumo eléctrico). El gobierno sigue, por tanto, cayendo en las encuestas, y decide empezar a sacar del sombrero proyectos puramente efectistas.

En rigor, podríamos discutir hasta el infinito si el control de identidad a menores de 14 años es ético o socialmente responsable, pero es más o menos obvio que los problemas de delincuencia que hoy enfrenta el país no pasan por la posibilidad de revisar el carnet y la mochila a los menores de edad. Si hoy estamos discutiendo sobre eso es porque el gobierno atraviesa por un momento de seria debilidad, donde enfrenta el riesgo de derrota en la tramitación de sus principales reformas, poniendo en el debate iniciativas de segundo y tercer orden, supuestamente bien evaluadas en las encuestas.

Pero no va a servir, salvo, quizás, para mejorar algo en las encuestas. Si a la larga, el gobierno no tiene la capacidad de construir acuerdos técnica y políticamente sólidos en materia tributaria, laboral o previsional, dará lo mismo si logró tener al país discutiendo durante semanas sobre el control de identidad a menores o cualquier otra cosa similar. El gobierno se encuentra hoy ante una oposición, donde los términos los está imponiendo el Frente Amplio, y donde la DC ha sucumbido hasta el punto de remover la candidatura del diputado Silber a la presidencia de la Cámara, luego de una acusación de violencia intrafamiliar supuestamente falsa.

Las dificultades que este escenario va a imponer al gobierno, sumadas a su incapacidad para impedirlas o atenuarlas, no podrán ser aminoradas por debates artificiales sobre temas inconducentes. Si, en el que será su primer gran desafío, el gobierno no logra sacar una reforma tributaria que de verdad corrija los problemas de la actual legislación, la confianza de los inversionistas va sufrir un daño enorme.

Al final del día, podrán ayudar en las encuestas, pero proyectos como el de control de identidad, solo son el síntoma de problemas políticos no resueltos. (La Tercera)

Max Colodro

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